Ya disponible para su descarga la Revista Didáktica Noviembre 2018 https://bit.ly/2zE76D0

OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

2018: LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

Cumpliendo promesas de campaña, y si, una de ellas fue la de abrir Los Pinos al pueblo de México y a eso de las 7 de la mañana del día primero de diciembre las puertas estaban listas para dar entrada a uno de los íconos más emblemáticos de México; la Casa del Presidente de México: Los Pinos. Me recordé cuando por accidente fui a París, Francia, y conocí uno de los museos más importantes del mundo, Louvre, con más de 35, 000 obras en exposición, 445,000 en total y 140,000 en obras gráficas. Lugar dónde vivió la realeza francesa (Luis XIV). Museo Fundado en 1793. En el recorrido por las habitaciones de ese museo, antes palacio real, y que después la familia se fuera a Versalles, fue todo un acontecimiento, la elegancia y el poderío del imperio se hacía ver en la ostentosidad del lujo y de las obras contenidas en él.

Los Pinos no es nada parecido a aquello, pero encierra uno de los secretos que pocos mexicanos conocíamos. El General Lázaro Cárdenas del Río quien vivía en el Castillo de Chapultepec (Cerro del Chapulín, en náhuatl) se hace construir en “La Hormiga”, nombre que es cambiado por Los Pinos, la casa del presidente, que se convertiría en el ícono más emblemático de la opulencia y del poder.

De Fox a la fecha, Los Pinos ha sido la casa de los presidentes. Saber y conocer dónde han dormido los Presidentes y el lujo que les rodeaba, nos da una idea del acceso y el uso de los dineros de Juan Pueblo. Los Pinos, con más de 50,000 metros cuadrados de extensión, nos dice el espacio en el que habitaba el Presidente de México. Lo dicho, de pronto la costumbre no te hace reflexionar sobre la forma y del estilo de vida de nuestros representantes gubernamentales y damos por hecho que así debió haber sido siempre. Lo mismo cuando la arrogancia del Presidente no logra hacerse a un lado para controlar los gastos de todos los funcionarios que gobiernan a la nación entera, mucho menos poder controlar a la familia que hace uso de los recursos del erario del país y que el pueblo de México se ha ido acostumbrando a todo ello.

Habida cuenta de todo lo anterior, los usos y costumbres de los haceres de los funcionarios deberá someterse al escrutinio de la base ciudadana para adentrarnos a ver lo que nunca pudimos ver, por tratarse de un secreto, mismo que quedaba a la imaginación de todos los que de alguna manera se interesaban en conocerlo. Con el nuevo Presidente Andrés Manuel López Obrador, al parecer podremos adentrarnos un poco más en el quehacer mismo de la función pública, ver cómo viven los funcionarios y los usos de los recursos que no deben, de ninguna manera, usarse para gasto operativo para la ostentosidad y subsistencia de la persona y mucho menos de la familia del sujeto en cuestión más allá de lo razonable.

Los dineros de Juan Pueblo deben ser siempre un recurso para invertirse en proyectos comunales y de estado, que le signifiquen al estado y a la comunidad misma una posibilidad cierta de desarrollo y crecimiento social y económico. En aras de fomentar la austeridad republicana, debemos entender que el gasto social implica necesariamente una derrama de dinero que incremente el circulante y promueva el consumo para la inversión de capital, ese mismo gasto que entra a incentivar la producción se enlaza directamente al desarrollo y al crecimiento de nuestra nación. Dirían muchos economistas, en lugar de llevarse el dinero de Juan Pueblo y depositarlo en paraísos fiscales, mejor distribúyanlo en los programas sociales con lo cual permitiríamos la construcción de eslabones económicos en la cadena de producción. De la misma manera en los proyectos de gran envergadura para la explotación y potenciación de nuestros recursos naturales, a lo que nos llevaría a lograr la muy buscada competitividad en los campos energéticos, turismo, bosques, agricultura, minería, pesca y otros que afectaríamos como consecuencia de la inversión de los campos anteriores pero siendo autosuficientes primero.

La manufactura de productos originarios de nuestros pueblos son de un valor incalculable, su producción y exportación de esas obras que son riquezas poco explotadas y si muy subvaluadas por nosotros mismos, pueden convertirse en primera instancia en un referente que llama fuerte a que nuestro país sea un destino turístico, si nosotros mismos le diéramos el valor a lo que se produce en México.

La fuerza de nuestro pueblo es también un recurso inacabable, así mismo el ingenio de nuestra población que trasforma con su manualidad el barro y los metales haciéndolos o convirtiéndolos en piezas únicas de exportación. El colorido de nuestros telares, el laqueado de la madera, la alfarería y la artesanía, al igual que la gastronomía, son algunos de nuestros tesoros que el mundo aún no conoce y que tenemos la gran oportunidad de sacar adelante con el trabajo de nuestro pueblos nacionales.

Finalmente lo que apenas estamos viendo los mexicanos es la envoltura que cubre la realidad misma, oculta y cubierta por los discursos de muchos políticos que nunca desearon habernos enterado de esa parte histórica de nuestros gobernantes. El dispendio y el saqueo de nuestra nación ha llegado a su límite, deseamos todos los mexicanos que no haya otro gobierno como el que se ha ido.

Por el bien de todos, juntos podemos hacer que nuestra economía crezca para llevar a nuestras mesas el alimento que necesitamos y a nuestros hogares la paz tantas veces deseada. Así sea.      

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