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alcaraz ernesto

COLUMNA VERTEBRAL

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

Son los dos puntos más álgidos que urge atender para sumarnos al proyecto de la Cuarta Transformación que proclama el Presidente López Obrador. Conceptos que no consideró en su discurso de San Lázaro aprovechando una audiencia de decenas de millones de ciudadanos, como pocas veces en la historia política del País. Tampoco en el Zócalo de la Ciudad. Ahí les pidió “no me dejen solo”, soy del pueblo y al pueblo debo su mandato.

Sin duda su asidera social pues supone que sus adversarios y opositores, conservadores radicales y la “minoría rapaz” serán un obstáculo para su gobierno. Y sin duda serán si no hay entendimiento y acuerdo con la Clase Política, empresarial y financiera, respeto a los Órganos Constitucionales Autónomos y a los grupos más representativos de la sociedad civil. Porque sin duda, todo Presidente, con ellos tiene que gobernar.

He estado pensando cuál es el sentido de hacernos creer que somos un “Pueblo Bueno” y otro “Pueblo Malo”. De muy mal gusto llamarle así a uno como al otro. Porque Pueblo, en política, es un sofisma. Somos una sociedad plural y podemos elegir por la opción que más nos guste. Una comunidad que reclama sus derechos, y defiende su ideología y preferencias. Y esa ciudadanía real está confrontada, porque a alguien se le ocurrió decretar que “quien no está a mi favor está en mi contra y es un traidor y un corrupto”.

Quién nos acomodó en uno y otro sitio, ya lo sabemos. Ahora, por qué no nos convocó a la reconciliación social y a la Unidad Nacional por el bien del País? ¿O nos quiere seguir teniendo polarizados y enfrentados para que se cumpla la sentencia de “divide y vencerás? Una omisión y descuido en el discurso político que puede traernos graves consecuencias.

Toda esta narrativa se vio y oyó en la contienda electoral. Pero ese escenario ya pasó, y entendemos que las pasiones y las emociones y el cuestionado gobierno imperaron en la ruta y destino final de la elección. Y se aceptó el triunfo de AMLO y se reconoce a López Obrador como nuestro Presidente legítimo. Los vencidos y sus seguidores fueron los primeros en reconocerlo que se sumaron, aún contra el vituperio y la venganza política de los vencedores.

Urge que dé la orden a los suyos que se respete la diversidad y convoque a los otros a su proyecto. Todos los somos mexicanos merecemos el mismo trato del gobierno y de su Presidente. No se vale hablar de civilidad política y vocación democrática de dientes para afuera, cuando sus principios no son respetados. Sólo son válidos cuando se aprecia en los hechos y se deja constancia de su ejercicio. Congruencia que sigue ausente.

La nueva: Desde el domingo 2 de diciembre se comenta que el Aeropuerto de Texcoco va. Que posiblemente haya una reconsideración presidencial. Los medios nos inundan con noticias sobre el Nuevo Aeropuerto de Texcoco. Que los inversionistas nacionales y extranjeros afinan sus estrategias jurídicas, administrativas y financieras con abogados especialistas para recuperar su inversión y exigir el respeto a los contratos contraídos.

Pero la realidad es que el gobierno tomó su tiempo para poner a la recompra los bonos financieros de su financiamiento para solventar algo así como 180 mil millones de dólares invertidos en la obra. Por ello había entusiasmo entre los inversores, pero ayer, AMLO dijo NO. Santa Lucía VA. Lo que sea y hasta donde pueda llegar el conflicto, me pregunto:

¿Por qué estar cerrado a que el Aeropuerto de Texcoco cobre vida? Si como se dice que la inversión es privada y financieramente beneficia al gobierno, ¿por qué no dar la luz verde a su acabado? Porque tengo entendido que su construcción sigue. ¿Qué hay signos de corrupción? Pues que se revise, ataje y sancione. Y si es verdad que los afores de los trabajadores están en riesgo, que intervenga y proteja sus ahorros. Más ahora, que por iniciativa presidencial, la corrupción será tipificada como delito grave y sin derecho a fianza. Pues a estrenar esa excelente disposición. Y no hay que perder tiempo.

Porque mire Usted: El pasado 2 de diciembre, Consulta Mitofsky publicó una encuesta en la que se detalla que el 60.2% de la ciudadanía opina que la situación del país mejorará. Y Que el 45.1 por ciento de ella le da un plazo de un año al Presidente López Obrador para respirar y gozar el cambio. Y más: Que el 51.9 por ciento cree que AMLO cumplirá la mayoría de sus promesas de campaña, a saber: Inseguridad, terminar con la corrupción, generar empleos y mejorar la economía.

Enorme obstáculo a vencer es la impaciencia y la inconformidad del pueblo. Se acreditó el 1 de julio. Y “como no tiene derecho a fallar”, necesita darle prioridad a sus proyectos y perseverar y rectificar en sus decisiones, de ser necesario. Cuenta con una amplia confianza para no improvisar, pues puede equivocarse, y no ir tan de prisa, porque puede tropezarse. Así, si AMLO fue un experto para generar expectativas, el Presidente López Obrador tendría que actuar con maestría para apaciguar el descontento. Que puede llegar.