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AlfonsoAraujo

LA NUEVA NAO

ALFONSO ARAUJO

Se cumplen 18 años de que llegué a China por primera vez y, como todos los años, fui a visitar Dongyang, el pueblo que me vio empezar la aventura. En aquel entonces era un pueblo pequeño, de 200 y pico mil habitantes; hoy tiene cerca de 800 mil. Cada vez que voy a Dongyang puedo ver más fácilmente los cambios dramáticos que vive China, ya que lo veo en intervalos de 12 meses. En el 2000 no había un solo restaurante extranjero y cuando en 2001 abrió el primer KFC, fue toda una revolución: colas larguísimas para probar la comida extranjera. Hoy, por supuesto hay un montón de KFCs, McDonald’s y Starbucks, además de cinco centros comerciales de lujo. La escuela preparatoria a la que primero llegué a dar clases, en aquel tiempo estaba en las afueras del pueblo, rodeada de arrozales, un pequeñísimo supermercado y un taller donde esculpían los leones de piedra tradicionales que se ponen a la entrada de los templos y de edificios grandes. Hoy la escuela, que es propiedad de la constructora Zhong Tian, tiene seis edificios nuevos incluyendo preescolar, primaria y secundaria, y está construyendo dos grandes edificios más, para actividades deportivas. Los austeros salones que conocí están muy modernizados, y complementados con aulas llenas de computadoras.

Parte de todo este cambio es la derrama económica por el desarrollo de la cercana ciudad de Yiwu, que de ser un pueblo de 100 mil habitantes hace 20 años, ha pasado a convertirse en la ciudad-mercado más grande del mundo. Con un aeropuerto, dos estaciones de autobús y una de tren, Yiwu es el centro de venta al mayoreo más importante de Asia, concentrando los productos de miles de fábricas a 400 kilómetros a la redonda.

Pero lo más impresionante es la gente. Mis amigos, que en ese momento eran todos profesores, han salido, muy al estilo del sur, a conquistar el mundo. Una de mis colegas puso primero un pequeño kinder, que se ha convertido en el más prestigioso de la ciudad, con cuatro locaciones con cientos de niños cada una. Otra se dedica a exportar papelería a Medio Oriente y a importar mármol; otro más puso una escuela de electrónica. La lista sigue; cada uno maneja Porsches, va de vacaciones a Europa y las Maldivas, y envía a sus hijos al extranjero. El espíritu emprendedor del sur de China es legendario: históricamente alejado del poder centralizador de las antiguas capitales, siempre ha destacado por su trabajo independiente y su ardor de viajar. Dongyang: mi primer hogar chino, mis primeros maestros chinos.

El autor es académico ExaTec y asesor de negocios internacionales radicado en China

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