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JESÚS ROJAS RIVERA

“Quien no se mueve no siente sus cadenas”... Siempre me he declarado admirador de las mujeres que dignifican la política más allá de sus posturas ideológicas y las cuotas de género, en este mismo espacio hablé ya de quienes tienen nombre propio: Yudit del Rincón -qdep-, Sandra Lara, Imelda Castro, Catalina Frank, Gabriela Domínguez, entre otras. Por eso es que me permito escribir ahora sobre la Diputada Villegas, una mujer que me ha demostrado que la tómbola inventada por Andrés Manuel, puede nutrir a la vida pública de personajes que, en otras circunstancias, jamás hubieran llegado a ser parte de la toma de decisiones. 

Conocí a Merary hace algunos años en un café cerca del botánico días antes de que tomara protesta como legisladora local, ahí me preguntó mi opinión sobre el Congreso, sobre el sentido de la política y lo público. Me habló de su entonces breve carrera partidista y de la confianza que tenía por el líder de su partido Andes Manuel López Obrador. La charla duró poco más de dos horas y terminé recomendándole unas lecturas y obsequiándole un par de libros, que con el tiempo y escuchando sus intervenciones en tribuna supe que leyó. La admiré más.

Como Diputada local se enfrentó a todo, abucheos de maestros alineados, discursos violentos de parte de compañeros legisladores, desplantes del presidente de la Mesa Directiva, incluso a la crítica machista sobre un atuendo “muy escotado”. A Merary le costó mucho pero se ganó poco a poco una voz en la agenda política sinaloense. 

Dejó la curul local y salió a la calle a pedir el voto en una lucha a la que todos dieron por perdida, se enfrentaba nada más y nada menos contra el hijo de un poderoso ex Gobernador, ella sola tenía que vencer al apellido, al sistema y tenía que hacerlo sin dinero. En Morena incluso hubo quienes aseguraban que su contrincante la haría polvo, que trapearían el distrito con ella. Pero ganó en las urnas y se ganó su curul, colgando su nombre en la historia electoral sinaloense como la joven mujer que derrotó a los Millán. 

Por eso en Morena su voz tiene peso, ella le es incómoda a los recién llegados, a muchos oportunista venidos del PAN, PRD o del PRI y a los que se sienten mandamases en el partido de Obrador. Porque dejó de ser la novata y hoy entiende con claridad los entre párrafos del poder y los alcances del “fuego amigo”. Porque construyó alianzas suficientes para enfrentar con dignidad a los caciques que quieren controlar la franquicia electoral más rentable en Sinaloa. 

Merary representa una lucha por dignidad y congruencia, que en su aspiración legítima manda un mensaje contundente a los morenistas aprontados que han pactado con el Gobernador. Por eso cuando la desconocida coordinadora de legisladores sinaloenses en San Lázaro, Yadira Marcos utiliza el micrófono para enfrentar y reprimir a Villegas en sus aspiraciones por dirigir a Morena en Sinaloa, su voz se pierde en la nada que representa y un extraño eco de vacíos anula sus dichos. Contraste total con el cariño y simpatía que provoca las declaraciones de la Diputada de Aguaruto que dicho sea de paso, se desmarcó ya del Alcalde de Culiacán y la corrupción que representa.

Morena está dividido, las cúpulas del partido deben entender que la mesa no es de tres. Que hay liderazgos vivos en las bases, que Morena no es el tricolor para repetir sus rancias prácticas, que hay voces auténticas generando simpatías al interior con militantes pero sobre todo al exterior con ciudadanos.

Porque en Morena Sinaloa hay combatientes que plantean ir por decisiones abiertas más allá de la del ex priista poblano Ignacio Mier, el ex asesor de Quirino, Rubén Rocha Moya o el próximo súper delegado Jaime Montes, que dicho sea de paso, ya se puso de tapete del Gobernador.

La rebeldía de Merary viene a demostrarnos que en la izquierda sinaloense hay mujeres valientes, congruentes y de acción, que no se enmudecen ante la imposición, que no se deslumbran con el poder y no se achican ante la crítica, pero sobre todo que no se doblegan ante los abusos de “amigos” o “enemigos”. Porque si algo respetamos los ciudadanos en las y los políticos es su congruencia. Porque como decía Rosa de Luxemburgo: “La lucha revolucionaria siempre será contra las cúpulas, incluso contra las que la propia revolución instale. Rebeldía es dignidad contra el abuso”. Tendrán que aprenderlo por la buena o por la mala, Merary no parece rebelde, es.  Luego le seguimos...

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