Ya disponible para su descarga la Revista Didáktica Noviembre 2018 https://bit.ly/2zE76D0

OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

2018: LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

Estamos llegando al cierre de algo completamente inesperado e insólito, hay animadversiones que no pueden ser sosegadas por el simple hecho de descubrirlas y saber que las tenemos. Estamos llegando a un punto que nunca imaginamos que llegaríamos, y es que dar cuenta de la historia que vivimos y que estamos viviendo y la forma del cómo la estamos viviendo, nos ha ocasionado un escozor en todo el cuerpo, difícil de explicarlo. Por muchos años viví la experiencia de un cambio de sexenio, de un presidente por otro presidente, de un gabinete por otro gabinete pero siempre me quedó un sabor de boca a algo semejante, de algo que ya había probado, en el sabor y en su textura. Por muchos años dimos cuenta de una transición sin tropiezos, sin los sobresaltos que hoy vemos y sentimos por los descubrimientos que se están dando por el manejo del presupuesto y de tantas cosas insospechadas que nunca fuimos capaces de verlas, ya sea por el importamadrismo o simplemente por ser descuidados y despreocupados en el asunto en cuestión. Los agolpamientos de los resultados de una administración que no tuvo límites ni control, que uno tras otro se están dando, han puesto al descubierto la falta de interés de los ciudadanos en los asuntos de gobierno. De igual manera han puesto al descubierto a las camarillas en el poder, desde el mismo presidente hasta el menos importante en la estructura de andamiajes que se construyó durante tantos años. Esta época de mandatarios manageriales impulsados por la modernidad del viejo y moderno establishment ha llegado al punto de quiebre. Si bien el modelo burocrático weberiano asignaba responsabilidad, eficiencia y conocimiento, este modelo anulaba de cuajo el paternalismo y el nepotismo. Privilegiaba la capacidad del hombre para que realizara la función bajo el esquema del dominio de la función. Al paso del tiempo el estado se convirtió en el empleador más grande en el modelo empresarial por el que estamos transitando. El presupuesto de servicios personales fue más alto cada sexenio, hasta encontrar las limitaciones con las que no pudieron hacerles frente. Sueldos altos en el nivel más alto, sueldos bajos en los niveles más bajos.

La diferencia entre uno y otro fue hasta de 100 veces. Poco a poco se fue distanciando una clase de trabajadores del mismo sistema hasta dar cuenta de individuos que vivían en un reinado y otros con el papel de lacayos. El servilismo, trabajadores que bajo la amenaza de perder su trabajo, se configuró como un estado latente de servidumbre. De pronto funcionarios que disponían de choferes que a la vez eran pintores, carpinteros, jardineros, de sus mansiones y hasta amantes de sus esposas. El dispendio por los funcionarios y políticos de los dineros del erario empezó a verse como algo natural. Las mansiones, aviones, autos de marcas caras, casas de campo y de playa, vacaciones para todos por todo el mundo, dinero mal utilizado a cuenta del erario mal controlado. La trasgresión suena más como el nombre de una serie de Netflix que otra cosa. Sin embargo, los abusos fueron haciendo mella en Juan Pueblo que ya no aprobaba de buen agrado todo lo que veía. Vimos a funcionarios levitar sobre el suelo del nopal y a la vez a exigir más. De pronto la trasgresión fue insultante, agresiva e intolerante. La clase dominante o los clasistas presumían vivir en un mundo de oropel. Las luces y la brillantez cegaban cada vez más a los elegidos y a los hijos de los elegidos. De pronto pensamos que vivíamos en la monarquía, seres humanos elegidos por dios para tomar las riendas de su pueblo y hacerlo esclavo o súbdito de su reinado. Seres humanos descontextualizados de la realidad acuñados por su misma estirpe en un reino llamado República mexicana. El ciudadano cambió su categoría por vasallo, perdiendo así la propia cultura por la que el Mexica peleó siempre. El avasallamiento que sufrió Juan Pueblo fue de tal magnitud que por décadas creyó que su condición era el designio de los dioses.

Habremos de ver que lo que viene realmente sea lo propio para el resurgimiento de una nación fuerte, venga pues la Cuarta Transformación. Felicidades mexicanos.

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