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OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

2018: LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

Muy a la usanza campirana aquél dicho que nunca trates de quitarle al cochi el olote que trae en el hocico. Pues a saber de todos, nada es más riesgoso que quitarle a un animal el bocado de su hocico. Lo que estamos viendo en México con este asunto de los recursos y los dineros, que ya presumían muchos tenerlo en su bolsa, no es otra cosa que el enojo trascendente de no poder lidiar nada con aquellos que atentan contra el patrimonio de los que supuestamente ya eran dueños de algo o de alguien. El costo de oportunidad, que no es otra cosa que la pérdida de no haber ganado lo que pensaban ganar, ha significado para la clase poderosa en México una batalla semi perdida. Y digo semi perdida por el recurso legal al que puedan acudir los dueños del dinero, que son prácticamente extranjeros. El capital desde hace mucho tiempo ha sido el rector del mundo, ningún país, salvo honrosas excepciones, se ha puesto en contra de los tenedores del gran capital, pelearse con ellos significaría un blockeo mundial para el país que se atreva a oponerse a las políticas financieras que ellos dictan para seguir sangrando a los países tercermundistas, México no escapa de serlo. Sigo sosteniendo que el capital tiene su honroso lugar en la historia del mundo, puesto que quienes abanderan este modelo son aquellos dueños o semi dueños o muy ligados al capital o a los dueños del capital. En la lógica que ellos pregonan para justificar el amasamiento monstruoso del capital, es precisamente la llamada globalización del comercio internacional. Con la llegada de dicho modelo, las familias mexicanas entraron a un proceso de empobrecimiento lento pero sistemáticamente ejecutado. La opción del changarro, que por cierto fue promesa de Fox, de que cada familia tendría el suyo, se fue acabando por la enorme desigualdad en los precios y la venta al mayoreo. Si hay venta al mayoreo estrictamente hay compra al mayoreo. Lo que lleva consigo la industrialización del mercadeo común y corriente. Dejando por fuera a los que jamás podrá competir ni con precio ni volumen. Es muy peligroso pretender jugar con los grandes sin tener la estructura ad hoc que potencia la acción misma con la que se competirá. Se ha dicho que un jugador debe jugar con el mejor o al menos con un contrincante que sea el rival fuerte, de lo contrario, si juega con el menos fuerte, no aprenderá a lidiar nunca con los del tamaño que aspira ser algún día. Pero si ese jugador no tiene la capacidad para enfrentarse a su adversario y nunca la tendrá porque no ha hecho lo que debe hacer para convertirse en el gran adversario, entonces el esfuerzo será inútil para enfrentar a los gigantes que considera él sus oponentes.

Una de esas fuentes de fortaleza que menciono es nada menos que la fortaleza económica familiar. Si la familia en México puede alimentarse adecuadamente y puede arribar a las instituciones de salud y educación, entonces las familias en México estarán mejor preparadas para cualquier embate comercial que pudieran tener en un futuro cercano. El poder económico de cualquier país radica principalmente en la capacidad que tienen los habitantes para enfrentar cualquier tipo de desventuras accidentales que puedan hacer tambalearse dicha estructura familiar, pero nunca derrumbarse para hacerse polvo. Llevarles a todas las familias de México la comida a su mesa, se convertiría en una fortaleza que pocos países en el mundo la tienen. Al igual que el pleno empleo otorga seguridad y firmeza y es que para lograrlo, el capital debe ser invertido. Por el bien de todos, dejemos trabajar al que quiere hacerlo. Así sea.

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