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OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

2018: LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

Soportar la insolencia de alguien es en verdad absurdo, sentirnos ofendidos por la forma en que actúa es una reacción humana que muchos, en veces, tenemos que soportar de un tercero. La actitud desafiante por cualquiera de quienes nos rodean, su forma despectiva en el trato humano nos lleva a lidiar con los demonios de uno, frente a los demonios del otro. El poder en sí mismo no tiene estos agravios sino los que hacen uso de él. De pronto se deja ver a una multitud de empresarios que cobijados por su riqueza, empiezan a tener una actitud insolente llevándolos a mostrar actitudes nunca vistas por aquellos que les rodean. Lo mismo podemos ver en ciertos personajes del poder judicial que no acatan el mandato del pueblo y hasta de la misma ley. La aprobación de la Ley de Remuneraciones de los Servidores Públicos que somete a los funcionarios públicos a no ganar más de lo que gana el presidente constitucional a partir de este primero de diciembre. Ante ese mandato observamos la negación de asumirse a la nueva reglamentación constitucional, argumentos para ello puede haber muchos, sin embargo, el mandato del pueblo fue de YA NO MÁS DE LO MISMO, y tenemos que asumirlo, nos guste o no. La madurez de los funcionarios para acatar la disposición legal es por sí misma, la instrumentación para que la nueva regla del juego pueda darse sin tropiezo alguno. Reconozco la reticencia en los funcionarios públicos, pues a saber, que vivir como hasta hoy, ha sido un privilegio y a la vez un fuerte golpe a la ciudadanía que no gana más de un salario mínimo. Los altos salarios o los salarios de oro de miles de funcionarios han sido repudiados por todos los que estamos en la base piramidal salarial. La austeridad republicana nos lleva a concebir la justicia en ese renglón de los sueldos y salarios de los mexicanos.

Habida cuenta de lo anterior, habremos de entender que no hay razón alguna para seguir soportando a una pléyade de funcionarios públicos que ganan altos salarios, si la empresa privada se los paga es por la fuerte retribución que hacen ellos para generar las ganancias esperadas por la capacidad del sector laboral.

Sin duda que los tiempos traen nuevos tiempos y con ellos deberemos asumir las nuevas temporalidades que nos corresponda vivir. Hoy la señal es y creo que seguirá siendo, asumir el ahorro que por muchos años dispendiamos en aras de mantener una estructura privilegiada. Bien ha sido dicho por el presidente electo; se acabaron los privilegios. Esta frase nos lleva a ver el porvenir con cristales diferentes, de no hacerlo veremos la insolencia como un asunto violatorio a la Ley de Remuneraciones, para lo cual el castigo a esa violación puede llevarlos a sufrir en carne propia la pobreza franciscana que deviene de la falta de un empleo como el que ostentan actualmente. El mandato fue claro, se exigió un cambio de régimen y así será. Por el bien de todos, apresurémonos a conformarnos con lo que viene. Así sea.

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