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OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

2018: LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

Ante los grandes retos de la nación y de la entera permisibilidad de los sujetos que la gobiernan, habremos de enterarnos, por la lógica de los enunciados vertidos tanto de una parte (AMLO) como de la otra (el poder económico y sus representantes), de que México vive momentos únicos. Es harto conocida la implicación que se tiene cuando alguien quiere oponerse a la lógica del capital. Y es que debemos de aceptarlo, en México no había sucedido algo similar a lo que AMLO ha dejado ver, incluso antes de ser presidente constitucional de los estados Unidos Mexicanos. Las circunstancias en las que vivimos los mexicanos han configurado un esquema muy distinto a los que se tenían en México desde Cárdenas a la fecha. Buscar un enfrentamiento con el capital no es una tarea desdeñable, al contrario, es un ejercicio de poder en la que el empoderado juega con el empoderamiento que le diera el pueblo de la nación y ese poder lo hace operar en una realidad que no es la que se tenía, pues la que se tenía ya no podría seguir por las implicaciones de que esa realidad ya no es aceptable por nadie quien la vive. La mano que golpea la mesa con firmeza no es necesariamente la más autoritaria pero esa firmeza alude a los que acostumbraban hacerlo de manera cotidiana con el poder político de la nación. El pequeño número de empresarios empoderados por la riqueza de la que se acompañan, le ha resultado difícil tragar saliva y más cuando ésta se encuentra ausente de las bocas resecas por los corajes soslayados en una protesta siniestra y enmascarada por otros que operan a la comparsa de dichos empoderamientos económicos. Los grandes intereses en México están trastabillando con la fuerza de la razón política que impone AMLO en el discurso que ha mantenido en la víspera de su nombramiento constitucional. El mensaje habrá de llegar de una forma u otra a entenderse cuál es, ni una palabra más ni una menos. El grado de expectativas que tenemos los mexicanos ante la cierta posibilidad de tener a un presidente que se faje ante las amenazas financieras de la es objeto, es grande y profundamente arraigadas en el corazón mismo de nuestra nación entera. Los mexicanos le creemos a AMLO y por ese motivo, no está solo. La separación entre gobierno y empresa no es tan puntual como muchos lo pudieran entender, aquí es una separación donde los empresarios harán mancuerna con el desarrollo y el crecimiento de México, pero no esperen que los dineros les llegue como antes, simplemente habrá la competencia debida para concursos sanos y equilibrados, además de justos. No es un trabajo que se deba hacer por separado, simplemente es un complemento en que ambos deben hacer lo que les corresponda hacer. Ayudarse unos a otros es lo mejor para México. El ganón de esto debe ser el pueblo, como un todo. De lo anterior debemos esperar del mandatario el estoicismo en la decisión y de los empresarios, que dejen de ser pusilánimes. Por el bien de todos, juntos haremos historia. Así sea.

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