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alcaraz ernesto

COLUMNA VERTEBRAL

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

¡Qué venga! Pero por solo invocarlo, no llega. No basta desearlo sin hacer lo posible para que ocurra. Hay que hacer que el cambio se dé. Y si en verdad queremos cambiar, tenemos que modificar lo que no funciona, empezando por modificar nuestra mentalidad y conducta. Sin duda es urgente la reestructuración de nuestro sistema político, familiar y social.

Tenemos que valorar nuestros derechos y comprender estimar el cumplimiento de nuestras obligaciones. Ser responsables y dejar de pensar que la voluntad política y personal del nuevo gobernante será suficiente para que nuestros anhelos de bienestar se cumplan. Nada viene solo. Hagámoslo por nuestro bienestar personal y familiar. Y que el gobierno haga su parte.  

Si tenemos sueños, hay que convertirlos en realidad, perseverando en ellos. Un sueño NO ES UNA FANTASÍA, puede ser una idea premonitoria y la apertura a una clara posibilidad de crecer, creyendo en nosotros mismos. El tener una aspiración nos obliga poner en práctica nuestras potencialidades: Dedicación, constancia, capacidad e inteligencia. Si no es así, el sueño será sólo eso, una quimera.

Nuestras condiciones de vida pueden mejorar si somos cien por ciento actores de nuestro propio crecimiento y desarrollo. En pocas palabras: ¡tenemos que hacer que las cosas sucedan!

Si en nosotros persiste la voluntad de mejorar, aunque graviten en nuestro interior dudas, no perdamos la intención y la claridad de lo que queremos renovar. Tenemos que asumir una conducta diferente a la que estamos acostumbrados. Asumir una nueva forma de ver la vida, y actuar en consecuencia.

Que nuestros esfuerzos y actitudes embonen en lo que decidimos modificar y mejorar. Y si afloran nuestras debilidades y el temor ante tal desafío, hagamos que salgan a relucir nuestras fortalezas.

Que no sea una intención estéril y una negación de lo que somos capaces de ser y hacer. Y no seamos mañana, culpables de nuestra propia desilusión y frustración.

No podemos quedarnos pasmados ante los riesgos que todo reto significa. Revisemos la ruta acordada y preveamos contratiempos. ¡No importa que nos equivoquemos! Hay que hacerlo. Hagamos que nuestra energía – fuerza interior mezclada con el talento y la experiencia – nos impulse y nos catapulte al éxito.

Tenemos que decidirnos a pensar que somos merecedores de logros mayores. Pero para que cristalicen, hay que alentar la autoestima y exigirnos una intensa disposición y perseverancia.

Nadie suplirá nuestros esfuerzos propios para alcanzar lo que nos proponemos y concretar nuestras aspiraciones. Si lo vamos a hacer, hagámoslo con decisión y sin vacilaciones. Necesitamos fortalecer nuestro entorno familiar y cimentar el hogar con valores, virtudes y principios que protejan a nuestros hijos de toda acechanza y riesgos en su convivencia social y de esparcimiento. Y Nosotros, la Familia toda, sea Feliz.