Ya disponible para su descarga la Revista Didáktica Octubre 2018 https://bit.ly/2Q7Bw6I

OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

2018: LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

Empieza la cuenta regresiva para que se vaya el que queremos que se vaya y llegue el que queremos que llegue. Supongo que desde hace tiempo los que habitaron los Pinos empezaron el acarreo de sus cosas y las de no de ellos. Las mudanzas no se hacen esperar y el cargamento un tanto que se debe acomodar.

“No se te olvide Gaviota empacar el regalo que nos hiciera el embajador de Inglaterra”. Le dice dulcemente el otro; “hey ustedes no se les olvide subir la mesita de granito gris con negro, es donde pongo mis libros de lágrimas y risas”. “Gaviota diles que suban la charola de plata donde come nuestra perrita”. Repite con cierto enojo. ¡Oh! Dios, qué imaginación la mía, pensar en pendejadas como esas, que deba ser una preocupación de los que nunca se ocuparon de la pobreza en México. Cuenta regresiva, debiera ser una película que nos hablara o nos contara la historia de personajes como los de México, que vivieron como reyes seis años y se van con menos de lo que trajeron. Si, supongo que llegaron con muy buenas intenciones y se van con muchas maldiciones. Llegaron con muchos sueños y se van con horrendas realidades. Llegaron con risas y alegría y se van con muecas simulando la algarabía. Llegaron con muchos amigos y se van dejando a miles de cómplices que les cuiden sus espaldas ya marcadas y señalizadas por manos dolientes que les marcan su espíritu y les ensucian sus almas. ¡Oh! Señor que oportunidad tan desaprovechada tuvieron, pudiendo dejar risas y alegrías de amontones, dejan tumbas abiertas esperando ser llenadas con aquellos que aún no encontramos. Que tristeza de una realidad incompleta, que simulando hacer el bien, el mal queda en el cernidor, como esos asientos de puerco que llenan el cuerpo de colesterol. Cuenta regresiva y ya queda menos para que el invitado temporal nos deje la casa limpia. Ese inquilino que maldecimos haberlo alojado en nuestra casa, pues al irse nos dejó sin nada. Se llevó los marcos y las puertas, los pisos y las ventanas, los retretes y hasta los grifos del agua. Se llevaron la confianza de los mexicanos y nos dejaron el mal sabor de boca. Se llevaron en parte el futuro de algunas generaciones y nos dejaron el mal recuerdo de las múltiples vejaciones. Se llevaron los recursos de nuestra nación y nos dejaron la corrupción y la malversación. Nos dejaron con la buena voluntad y la esperanza de que esto no nos vuelva a pasar. Nos quedamos con una parte de los que siguen viendo flores y soles por no quitarse sus ilusiones, ni sus lentes parasoles. Nos quedamos con una buena parte de los personajes que imaginaron verse magnates viajando en barcos y yates. Nos quedamos con los que siguen pensando que no tenemos remedio y que seguiremos robando.

Nos quedamos con los que fingen no faltarles nada, aún rodeados de tantos millones de muertos de hambre. Nos quedamos con los que aún no miran alrededor suyo y fingen que todo está bien cuando aún existen miles de escuelas tapadas con láminas negras y pupitres de cartón. Nos quedamos con los que siguen pensando que nada cambiará y para qué hacer las cosas diferentes si todo seguirá igual. Nos quedamos con tus promesas que al menos nos hiciste pensar por un momento que la vida sería mejor, muy parecidas a las de Vicente Fox. Por el bien de todos, habremos de exigir que nos cumplan, al menos poder comer carne con frijol, huevos revueltos con chorizo y jamón, pan tostado y leche de amontón. Así sea.

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