Ya disponible para su descarga la Revista Didáktica Octubre 2018 https://bit.ly/2Q7Bw6I

OSWALDO DEL CASTILLO

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

EDITORIAL DE OCTUBRE DE 2018

No hay fecha que no se llegue ni plazo que no se cumpla. Y la consulta ciudadana tiene esos dos aspectos importantes. Primeramente la acción ciudadana que hizo acto de presencia para votar con animosidad, misma que empuja y orienta a sufragar en el llamamiento que hiciera AMLO para decidir sobre una opción A que implicaba mejorar el aeropuerto Benito Juárez de la Cd. de México, construir dos pistas en el aeropuerto militar de Santa Lucía y acondicionar el de Toluca, sobre la opción B de continuar con el aeropuerto de Texcoco. Al parecer el 69 por ciento de los votantes acreditó la opción A.

Ahora que el evento ha quedado atrás podemos hacer una breve reflexión acerca de si fue positivo o negativo el ejercicio ciudadano, denominado democracia participativa. Para muchos, la consulta fue una burla de AMLO para con nosotros y bajo esa perspectiva nunca admitirán que la consulta es un derecho consagrado en nuestra Carta Magna pero un tanto limitado. En el esquema de la democracia participativa, el ciudadano puede ejercer el derecho de elegir lo que él considera bueno para él y el colectivo donde participa. Habida cuenta de lo anterior, el poder es legitimado por la misma participación ciudadana pues el poder radica en el pueblo de donde instruye a las autoridades el quehacer mismo de la soberanía nacional. Habría el ejecutivo de mandar una iniciativa al legislativo para que la consulta o el referéndum ciudadano cuente con la reglamentación adecuada y pueda ésta instituirse como parte de un recurso aplicable en los momentos que así lo requiera el ejecutivo. Finalmente el votar o no, aceptar el instrumento o la herramienta para que la decisión sea mayormente considerada está en el esquema de la verdadera democracia que pone en juego la legitimación del poder que emana del pueblo. El ejercicio recientemente probado, cumplió con el objetivo planeado por el presidente electo, la decisión la tomará AMLO cuando deba tomarla, pero manda una señal del como deberán ser las cosas a partir de su mandato. Hecho que no les agrada a los que habían estado acostumbrados a hacer las cosas de manera distinta, pues AMLO establece las condiciones para ver en la forma y en el fondo un cambio de régimen que no tiene parangón alguno con los anteriores sistemas políticos. Vayámonos acostumbrando a un estilo diferente de gobernar. Una forma diferenciada desde su mismo origen del mandato presidencial. Los que decidieron abstenerse por no hacer efectivo su derecho, deben considerar que en el futuro lo que hoy es apenas un ejercicio, mañana será la nueva democracia participativa. Irnos acostumbrando a lidiar con las consultas sería lo más apropiado.

LO QUE YA SE HABÍA ELEGIDO 

El mandato del pueblo se dejó ver este primero de julio, desde antes había un encuentro ríspido con las fuerzas económicas mundiales y la de los empresarios nacionales. La disputa era clara y precisa, el protectorado empresarial-gobierno mantenido por décadas hacía su aparición de manera visible. Andrés Manuel López Obrador ya había señalado cual sería la política a seguir si ganaba él las elecciones. Dirían los profetas, el camino ya estaba marcado y ante la incredulidad de los poderosos, la promesa antes, hoy empieza a verse realidad. AMLO no ha tenido empacho de seguir su discurso en este tiempo de espera y lo que sería para los intelectuales de la política una especie de declaración de principios con lo que se guiará la nueva administración federal. La acción política de AMLO no encierra sorpresas ni manda señales de doble sentido, lo que ha pasado es que no le han creído y en suma, los empresarios en vez de actuar en la justa medianía de la acción política-empresarial se sintieron con la fuerza de retar el poderío lopezobradorista. Ya no es señal, ni figuras de humo desfiguradas por los vientos, ya es acción política en los causes propios fuera de intentonas y si de realidades visibles del cómo será el sexenio de la cuarta transformación. La separación del estado con los grupos de poder económico ha quedado muy bien trazado, para los intelectuales poderosos en México, esta definición no tiene otra manera de describirse mucho menos de entenderse, es como se ve que es. No hay forma de entenderlo mal, simplemente dar cuenta de lo que se ha estado diciendo desde mucho tiempo atrás, por ello, el pueblo le creyó y por ello el pueblo lo eligió. Al buen entendedor pocas pero muy pocas palabras. El pueblo decidió no más de lo mismo ni de lo de antes, muy claro el mandato social. Tu empresario a lo tuyo, haz dinero, invierte, gana y da a la sociedad la retribución de tu ganancia; paga impuestos y salarios dignos. Yo gobierno velaré por el equilibrio social, ajustando mi quehacer al servicio de todos y buscando el bienestar social general. Eso dijo AMLO. No hay confusión en el entendimiento del discurso, la confusión es que antes, el discurso era para llegar y una vez en la silla presidencial las acciones eran muy distintas.

Hoy empezamos a ver una congruencia entre el decir y el actuar, deseamos que se siga manteniendo y que la señal deje ya de ser señal, simplemente es una declaración de los principios que acompañarán siempre las acciones del nuevo régimen presidencial. Llegó el tiempo de que las vacas deban ser ordeñadas y pagar el tributo por el derecho a la explotación de los recursos naturales que México dispone a todos quienes desean invertir en nuestro territorio.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

www.didaktica.com