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Jesusrojasrivera

La semana pasada hablé sobre la Ley Chayote propuesta por Morena, anticipando lo que se veía venir, tal como si fuera un asunto de adivinanzas o premoniciones externaba mis simpatías con la medida. Pero estaba claro que Morena no construyó el tema para discutirlo democráticamente, tenía ganas de pelearse con la prensa, sus legisladores estaban ansiosos por tensar la relación con los medios de comunicación, en ese afán autoritario que les es tan propio. Enarbolando ahora el purismo discursivo que señala corrupciones y complicidades en todos lados, menos en su institución. “Todos son corruptos y chayoteros menos nosotros”.

Por eso decía que esta camarilla de novicios legisladores tenían ganas de abrir frentes donde no los había, porque son expertos en escaramuzas de arrabal, pleitos de cantina con piso de aserrín, que lo mismo se lían en la tribuna en discusiones estériles, que se retan a “trancazos” para dirimir asuntos del orden del día. Los diputados locales salieron expertos en escándalos, escupitajos y mitotes, y eso que apenas van unas cuantas sesiones de absoluta parálisis legislativa, porque es hora que no sabemos bien a bien de qué trata o que incluye la tan esperada agenda legislativa de la mayoría. 

Y decía yo la semana pasada que el tema de la “Ley Chayote” debía profundizarse y abordarse con absoluto profesionalismo y cuidado, que era un asunto de “pincitas”, pero a la legisladora tarrogonesa Francisca Abelló Jodá le ganó el arrebato catalán y haciendo gala de su imprudencia española acusó con prontitud a los medios de comunicación de ser “chayoteros”.

La respuesta no se hizo esperar, diversos medios de comunicación y periodistas contestaron desde donde pudieron la ofensa generalizada que lanzó la Diputada binacional, nacionalizada mexicana en 1997, según consta su raquítica hoja de vida en la página oficial del Congreso local.

De tal suerte que la Asociación de Periodistas 7 de Junio le reviraba a la legisladora gachupina diciéndole que rechazaban las expresiones “que incitan, insinúan o abiertamente ligan cualquier crítica a un ejercicio corrupto de los medios de comunicación y periodistas”. Además de exigirles que dejasen de “Azuzar a la respetable asistencia al recinto legislativo o instigar en redes sociales contra la labor reporteril”.

La presidenta de la Comisión de Equidad, Género y Familia, no tuvo más que engullirse los dichos y salir al día siguiente disculpándose públicamente por la palabreja de “chayoteros” que no figura por ningún lado en la Real Academia de la Lengua Española. Lo que es peor, asumió que “el juicio fue mal interpretado e irresponsable”. Asegurando que respeta -ahora sí- el trabajo de los medios de comunicación y su labor social. 

Pero este asunto de la izquierda arremetiendo contra los medios de comunicación no es cosa novedosa, es más común de lo que nos imaginamos. La prensa libre siempre ha sido una piedra en el zapato en las pretensiones de los regímenes totalitarios. Por eso en donde los gobiernos de izquierda se instalaron como dictaduras, lo primero que buscaron fue suprimir el ejercicio periodístico, la critica a los gobiernos y sus partidarios.

Primero confrontado al pueblo contra los “oligarcas de la comunicación” y después persiguiendo sistemáticamente a todos aquellos que no compartieran la opinión institucionalizada. Porque el ejercicio de la crítica les duele a los que se instalan en el poder y se adueñan de la “verdad pública”.

Por eso, sin querer anticipé en este mismo espacio lo que se configuraría en una ruta de confrontación de Morena y sus satélites contra los medios de comunicación y periodistas, ese gremio desprotegido y violentado que reporta cada vez más muertos en su ejercicio, porque la Diputada “gachupina” y resto de legisladores de izquierda, en lugar de proteger a quienes realizan una de las profesiones más peligrosas en el mundo, decidieron hacerles frente, confrontarlos, humillarlos, exhibirlos y manipularlos. Porque hoy tienen el poder absoluto y les vale absoluta madre. Luego le seguimos... 

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