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luis alcantar

TEXTO A DOS PANTALLAS PARA ÉL. EN TU MEMORIA POR SIEMPRE.

ALFONSO OREJEL 

LUIS ENRIQUE ALCÁNTAR VALENZUELA

Es sabido por todos ustedes. Que los ruidos y toneladas de basura informativa, que producen las redes sociales, (incluidos los periódicos) regularmente aturden y desconcentran al ciudadano común y corriente. Haciéndole en verdad, que desvíen su sentido de ubicación/discernimiento. De saber en realidad, qué es lo realmente importante de esta basura informativa que circula sin cesar, delante de nuestros ojos, dedos y oídos. Que incluso (esta misma basura) es poco proclive al reciclaje, pues tan nefasta es. Así las cosas. Por eso paradójicamente no nos enteramos de nada substancial. Vivimos pululando en los reinos tiranos digitales de la estupidez.

Algo de eso vivimos con el artero asesinato, hacia nuestro gran maestro Efraín Verduzco. La bruma informativa, incluso no dejó clarificar si era realmente cierto lo que se estaba reportando. Todos, quienes le conocimos, simplemente expresamos: ¿qué?, ¿no es posible?, ¿no lo puedo creer?, ¿no es cierto?, ¿es otra mala broma? Fue en vano. La verdad del crimen, fue quemante para nuestro mismo pensar. Aturdido, triste anduve por horas. Andaba como un triste pendejo. Arrastrando a donde iba esa tristeza y llantos de mi cuerpo, me dispuse a escribirle a Efraín algo sentido.

Quise hacer unas notas póstumas para Efraín. De hecho lo intenté. Pero no fluían las ideas con facilidad. Más bien, fluían las lágrimas temblorosas.

Asomaban los sollozos infantiles, vinculados al no puede ser desgarrador. En forma rápida alcance a escribir lo más evidente: “Mataron a mi compa Supervisor Efraín. Hoy Jefe de Sector de Educación Primaria. Era uno de los Grandes Maestros Sinaloenses. Como pocos: Académico, Pensante, Crítico, Dialogador…” Hasta aquí me quedé. Ya no pude más. De hecho advertía en mí mismo, que no era el más indicado para escribir algo sobre lo que en vida fue Efraín. De hecho intuía que él tenía grandes amigos y no me equivoqué. En la verdadera comunicación que se genera en los móviles me encontré con el Dr. Juan Carlos Aguirre Ochoa y ahí se dio la conexión inesperada, con lo que mi corazón realmente buscaba. De esas cosas raras y misteriosas que suceden en la vida real y a todo color.

Por eso, quiero agradecer enormemente la gentiliza del Dr. Juan Carlos Aguirre Ochoa, por hacer posible la conexión con el maestro y amigo Alfonso Orejel, para solicitarle amablemente su autorización para socializar con ustedes este texto intimista; vinculado inexorablemente al dolor y pérdida irreparable, de nuestro inolvidable amigo Efraín Verduzco.

Dejo a ustedes la voz escrita de Poncho Orejel, que con unas pinceladas finamente armadas. Pinceladas nacidas del dolor y de la condena execrable al artero asesinato del amigo Efraín, es mucho más claro y emotivo que uno mismo. Va la pieza del maestro Orejel:

“Nos conocimos hace 36 años aproximadamente. El azar nos reunió en la Preparatoria IMA de Los Mochis, donde fuimos profesores. Ambos éramos bastante jóvenes y defendíamos ciertos sueños con rabia. Defendíamos la tal vez ingenua pero hermosa idea, de que podíamos cambiar el mundo. Y la juventud que nos embargaba nos daba cierta valentía. Durante el tiempo que estuvimos ahí pusimos a la escuela de cabeza: organizamos un taller de periodismo y otro de literatura que editó dos o tres periódicos murales que trastornaron la amodorrada vida académica de la institución y que les puso los pelos de punta a los profesores más conservadores que laboraban ahí mismo. Dichas publicaciones me llevaron al paredón, y a aquellos maestros que se apostaron al lado de la libertad de pensamiento y expresión. Efraín era uno de ellos, por supuesto. A partir de entonces fue mal visto y quizás dio el primer paso de su éxodo. Le perdí la pista durante muchos años hasta que nos reencontramos y pudimos conversar amplia y profundamente (como se puede conversar con las personas inteligentes y sensibles). Cuatro o cinco veces lo hicimos y en cada oportunidad, reanudábamos la conversación interrumpida. La pasión siempre estuvo en el centro de la mesa. La última vez que nos vimos y nos dimos un abrazo (ignoraba entonces que ese abrazo era una despedida) fue hace dos meses y medio, en Culiacán. Impartí un taller de la Cruzada por la lectura en Sinaloa ante su personal docente. Hubo una cálida y efusiva respuesta. Todos salimos emocionados y deseando tomar de nuevo el cielo por asalto. Teníamos la certeza de que un niño que se hace acompañar de un libro a lo largo de la travesía de su existencia, será más dueño de su destino y descifrará mejor el enigma de su propio ser.

Hablé con él este sábado y le pregunté acerca de la respuesta que había percibido de sus muchachos y muchachas. Me comentó de varios casos donde ha predominado el entusiasmo y el rigor, del trabajo silencioso pero real que estaban realizando en lejanas comunidades de la serranía sinaloense donde el maestro ejerce su magisterio sobre el alma de los niños. Sitios remotos donde una buena maestra puede modificar el futuro de niños destinados - por lo general - a una vida que los arranca de la infancia de raíz y los empuja de bruces a la adultez. Quedamos en conversar en la primera oportunidad que viniera a Los Mochis. Ese día nunca llegará porque esta mañana Efraín Verduzco murió asesinado. Si el asesino lo hubiera conocido, si hubiera sabido que estaba frente a un hombre íntegro, ante un ser de calidad humana notable, no se habría animado ni a tocarlo.

Un ser de su investidura merece respeto. Pero las bestias cuyo corazón está podrido por el resentimiento o la frustración, desconocen estos límites. Y blanden su arma a ciegas y lanzan sus golpes estúpidamente. De nuevo en Sinaloa corre un río de sangre individual que va a ese gran río que desemboca en la impunidad.

Algo debemos hacer para que la sangre de nuestros mejores hombres, de nuestras mejores mujeres, no alimente más ese río caudaloso. Nadie, ningún maestro, ningún médico, ningún gobernante, ninguna madre de familia, ningún escritor, ningún ciudadano debería quedarse cruzado de brazos. La apuesta de Efraín Verduzco era la mejor: por la educación, por la cultura, por el arte y por la vida misma. Tal vez la mejor manera de honrarlo es tomando en nuestra manos esas mismas bridas”.

Hasta aquí cierra el texto de Orejel. Muy aleccionador en torno a la vida de Efraín. Llegador a más no poder por las formas directas y emocionales con que refiere a este buen hombre arrancado con suma violencia de nuestros jardines humanos.

Seguro ustedes compartirán, que Efraín era eso y más. Fuerte es el silencio, decía Elena Poniatowska, hace muchos años; que ya ni me acuerdo cuántos eran con exactitud. Fuerte es el Silencio, de la hipocresía gubernamental. Fuerte es el Silencio, de los que solo viven del amarillismo pero no se comprometen a realizar un trabajo formativo de largo alcance, como es el que desarrollaba día a día el inquieto e incansable maestro Efraín.

Fuerte es el Silencio de los Medios de Comunicación que solo ladran cuando les pisan sus callos podridos. Del mismo Sindicato de Maestros. De la Secretaría de Educación. De los mandos Policiales. Que por enésima ocasión ¿Moverán un dedo del pie para investigar este crimen inhumano?

Pero ellos creen que Fuerte es el Silencio: de esa voz, pensamiento, pasión, inteligencia y humanismo; que ni las mismas balas dirigidas a su cerebro/mente podrán acallar.

Por la libertad de pensamiento y expresión. Va por ti Efraín. Como bien lo expresó Poncho Orejel, ahora sí Efraín, ahora sí “Toma por asalto la parte del Cielo, que desde hace mucho tiempo ya te pertenece”.

25.10.2018