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alcaraz ernesto

COLUMNA VERTEBRAL

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

Desde nuestra tierna infancia muchas familias sinaloenses fuimos migrantes. Un concepto que socialmente nos era desconocido, pero nuestras vivencias con condiscípulos y amigos lo acreditaban. Pero quienes mejor lo entendían eran nuestros padres, pues en ese sentido de superación y mejora familiar tomaban sus decisiones. Así, hermanos mayores se disgregaban de la familia para trasladarse a otras ciudades junto con el padre o la madre, en búsqueda de mejores oportunidades de estudio para sus hijos y una mejor ocupación laboral para ellos. Pues eso es Migración. Y es fácil de detectar socialmente.

Basta con saber que en los campos agrícolas existen miles de familias enteras migrantes que provienen de estados expulsores, por el lugar donde residen, a entidades receptoras, en las que son contratadas para trabajar temporalmente. ¿El compromiso de gobierno? Preservar los derechos humanos, y evitar que los niños sean sometidos a labores no propias de su desarrollo y trunquen sus estudios. Facilitarles, a todos, las condiciones laborales justas, de salud y “educación para los niños migrantes”.

La migración es un recurso desesperado para mejorar las condiciones de vida y el entorno familiar y social de las personas y su descendencia. Cuando se emigra, se busca acercarse a la posibilidad de mejorar el desarrollo personal y profesional de los hijos, superar los créditos educativos en otras las ciudades, porque en sus comunidades, los niveles escolares eran restringidos y los centros educativos insuficientes, o no había.

Así, desde nuestra minoría de edad, muchos estudiantes tuvieron que “migrar del rancho a la ciudad” para prepararse mejor. Usted que me lee, y muchos más, pueden dar testimonio.

Hoy vivimos un problema de difícil solución con los emigrantes de Centroamérica. Como País receptor la naturaleza humana nos invita a ser solidarios y con disposición para atender sus anhelos. Pero la realidad es que cuando en México subsisten condiciones de pobreza, desigualdad, marginación y criminalidad, el asunto se torna muy complicado. Por un lado está el espíritu de hermandad y solidaridad, y por otra, está el sentido político que se le quiera dar a ese derecho humano, de cualquier nacionalidad, por tener una vida digna y de bienestar.

El asunto se complica porque al ser País de tránsito hacia un destino concreto que persiguen, se tiene la exigencia política y el sinsentido moral de que la caravana no debe proseguir su recorrido a la frontera norte de Estados Unidos, so pena de amenazas de Donald Trump.

Así, el problema humano y social se convierte en un asunto político y diplomático. En tanto se encuentra la fórmula para asegurar sus derechos fundamentales, los migrantes avanzan y retan disposiciones legales, que todo país, tiene para tal efecto.

Entonces es cuando la esperada solidaridad se enfrenta a códigos jurídicos y legales que complican la solución. Los motivos de la migración, que obligan a los centroamericanos abandonar sus lugares de origen no son ajenos a los mexicanos. Aquí fueron atendidos los exiliados españoles en los años 30´s y los sudamericanos en los años 70. Principalmente chilenos. Para ello hubo acuerdos políticos y diplomáticos.

La cuestión es, ¿por qué no son atendidos como los exiliados en mención, si las condiciones del éxodo de hoy son muy parecidas a las condiciones de humanidad y solidaridad que encontraron en los mexicanos del pasado? Y si condenamos el trato discriminatorio que se le da a los mexicanos en Estados Unidos, por qué insistimos reflejarnos en el espejo del desprecio a los centroamericanos.

Es sabido que los componentes de ese fenómeno se nutren de la desigualdad, la pobreza y la marginación, y con frecuencia se acentúa, por la violencia e inestabilidad política en los países expulsores, en este caso Honduras. Y llegar a México como Nación receptora y de tránsito a Estados Unidos, hace de esa obligada solidaridad un complejo conflicto político, y al rato, diplomático.

Y hay que decirlo también: Los centroamericanos llegan a México cuando su economía no repunta, y con desempleo, que aunque se hayan creado 3 millones de fuentes de trabajo, el elevado déficit lo siguen padeciendo los mexicanos. Y sí, hay que ser solidarios, y sobre todo respetuosos de la vulnerabilidad en la que se encuentra todo migrante. Pero consecuente con lo que México pueda ofrecerles. Por lo pronto, que se desactive el sesgo político que le quieren dar al problema y se sumen más voces de respaldo, pero sobre todo, que cese la discriminación hacia ellos en las redes sociales.