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AMBROCIO MOJARDIN

VISOR SOCIAL 

AMBROCIO MOJARDÍN HERÁLDEZ

¿Ha escuchado Usted que muchas de las enfermedades más comunes de estos tiempos son más psicológicas que físicas?; ¿qué el modo de vida que llevamos nos provoca padecimientos que se agravan con facilidad y hasta ponen en riesgo nuestra vida?

Sí, la respuesta es afirmativa. Muchas de las enfermedades de la época tienen como origen el estilo de vida que se lleva, más que la presencia de patógenos, fallas fisiológicas congénitas, o determinación genética. 

Fallas en el manejo de las emociones, control insuficiente o inadecuado del estrés,  ansiedad mal administrada y limitado tiempo para el esparcimiento, son las prácticas más conectadas con los malestares y enfermedades comunes de nuestros días. La expresión “vivimos una sociedad enferma” tiene sentido literal para referir que la salud no forma parte de nuestra agenda diaria; cosa que contrasta con el afán continuo por conseguir los bienes materiales a que asociamos el bienestar. 

Las ciencias de la salud están obteniendo avances continuamente y gracia a ello, muchas enfermedades y padecimientos dejaron de ser amenaza para la vida. Sin embargo, por grandes y numerosos que han sido los adelantos científicos sus efectos no han sido suficientes como para darnos bienestar pleno.

Y no lo lograrán mientras la dinámica de vida conlleve los riesgos arriba mencionados. Los profesionales de la salud mental afirman que el enemigo más fuerte del bienestar en las personas es la mala administración de sus intereses y expectativas; una situación que les motiva comportamientos de riesgo, o una demanda psicológica extrema que eleva el estrés a niveles inmanejables. 

Técnicamente, el estrés es una respuesta fisiológica de preparación para enfrentar una amenaza; su contribución positiva es activar las capacidades físicas y mentales del individuo para superar las situaciones comprometedoras. Sin embargo, cuando esa respuesta se prolonga o se repite con demasiada frecuencia, pierde sus propiedades positivas y provoca un desgaste de graves consecuencias físicas y mentales.

Los ambientes sociales que suponen riesgo y los modos de vida con exigencias superiores a las posibilidades son fuentes naturales de estrés. Si estos no tienen la contraparte en actividades que permiten la descarga o la “sublimación psicológica”, terminan volviéndose fuentes para el deterioro mental y físico.  

El mal humor, la insatisfacción, la intolerancia, la reactividad y la depresión son resultados “suaves” del estrés. Los más fuertes comprometen el funcionamiento de órganos y sistemas en el cuerpo.

Los estudios de psicofisiología apuntan a que las afecciones más comunes del estrés crónico se manifiestan en el sistema digestivo, en el sistema cardiovascular y hasta el sistema inmunológico. De acuerdo con el Dr. Jerome Frank, de la Universidad John Hopkings, entre los padecimientos más frecuentes, asociados al estrés agudo y crónico, destacan la alta presión arterial, la migraña, la diabetes, las úlceras gástricas, la colitis, la alopecia (caída de pelo), el prurito psicógeno y varias expresiones de cáncer (

http://www.redalyc.org/pdf/805/80520104.pdf). 

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) el estrés es la “enfermedad” de la era y el enemigo número uno de la salud integral en el mundo. Se desarrolla gracias a factores externos e internos. 

Entre los externos, los de mayor peso son: a) Un espacio vital estrecho que limita la expresión de la intimidad y ejercicio de la individualidad; b) Una vida laboral absorbente, con ingresos insuficientes y pocas oportunidades para la recreación; c) Ambientes contaminados de ruido y con sobre estimulación;  d) Incertidumbre económica, laboral, de vivienda y de respaldo social.

Entre los internos los más fuertes son: a) Expectativas difícilmente alcanzables; b) Pobre auto concepto y baja autoestima; c) Carencia de habilidades socioemocionales para enfrentar la adversidad; d) Sentimientos de aislamiento y desesperanza; e) Carencia de habilidades para auto administrarse en planes y esfuerzos.

Para enfrentarlo y superarlo, la Asociación Americana de Psicología (APA) propone medidas generales y particulares. Entre las medidas generales podemos enunciar las siguientes: evitar jornadas y compromisos laborales con demandas extremas, disminuir el consumismo, aumentar la interacción social recreativa, reforzar el potencial humano en las personas y, darles herramientas para que se auto administren con eficiencia. 

Entre las acciones particulares están las siguientes: 1) Clarificar y jerarquizar las prioridades personales, 2) Planear formas viables para atenderlas poco a poco y una a una, 3) Ser disciplinado y práctico en las decisiones y en las acciones, 4) Evaluar periódicamente y con sentido autocrítico los aciertos, los errores y los obstáculos, 5) Administrar con disciplina y sin mezclar las exigencias del trabajo y las del hogar, 6) Concentrarse en las metas del momento y despreocuparse por lo que aún no sucede, 7) Permitir la colaboración y apoyo de otros y, 8) Equilibrar el trabajo con el esparcimiento a través de actividades individuales y de grupo.

La vida moderna es muy agitada porque tratamos de hacer muchas cosas para lograr bienestar, pero sin darnos cuenta lo que logramos es alejarnos de lo que buscamos. Como dice el dicho, termina saliéndonos más caro el caldo que las albóndigas; por buscar bienestar nos complicamos la vida y hasta la salud comprometemos. Aprendamos a vivir diferente y tomemos en cuenta las recomendaciones que la ciencia nos ofrece. Nos conviene en todos los sentidos, ¿O Usted qué opina?

@ambrociomojardi; Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.