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OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

2018: LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

Como otras tantas atrocidades que ocurren en el mundo y que pueden obedecer a la falta de la culminación del proceso de transformación del hombre. Y aunque me arriesgo a ser severamente criticado por lo que diré, no por ello dejaré de plasmar mi opinión a lo que considero importante para mi persona y pudiera serlo para aquellos que deseen ser diferentes, pero nunca como soy yo.

El hombre tiene muchas formas de trascender, ya sea por la imposición de un pensamiento que lo hace ser recordado por mucho tiempo después de haber muerto. Ahora bien, sentirse culpable por lo que uno hace y hasta por lo que no hace, es un tanto asumir en extremo las responsabilidades de ver a un mundo distinto al que tenemos. Pensar que el mundo gira porque lo deseo o que las cosas adquieren valor porque pasaron por mis manos, es vivir esta parte de que sin mi, las cosas no se hacen bien. Sentir culpabilidad porque no logro que no haya guerras en el mundo, o porque no puedo impedir que el aborto se siga haciendo o porque las armas se siguen disparando, acabando con la vida de miles de personas. Sentir la traición a mi partido por no haber votado por él en el momento que más requería de mi voto. Sentirme culpable por la palabra no dicha cuando alguien ocupaba escucharla. Todos esos sentimientos, en algún momento los podemos trasladar como pecados, según la religión que profesemos. Pero ¿de dónde viene este sentimiento? ¿En qué momento empecé a sentir que le faltaba a mi religión, a mi grupo de whatsapp, a mi comunidad, y a mi grupo de amigos o amigas? ¿En qué momento una omisión se asume como culpa o pecado? Diría como respuesta: en el mismo momento en que asumí los postulados de mi religión.

Si bien es cierto que desde niños recibimos una doctrina religiosa que juzga nuestras acciones y que las califican a un nivel de maldad y de bondad. ¿En dónde está la escala para saber qué tan bueno o qué tan malo soy? Y si esa escala es considerada válida en los distintos países del mundo. Porque entonces lo que aquí es malo, en otra parte del mundo no lo es, o lo es menos.

Hemos estado tratando de entender este asunto del aborto y lo que veo en el mundo simplemente es la puesta en práctica de manera legal lo que tiene siglos de estarse haciendo en las distintas culturas del mundo.

El aborto clandestino e ilegal ha significado para miles de médicos y enfermeras la fuente principal de ingresos. Se cree que solo en México la cantidad de abortos suma casi el millón anualmente. Cifra que nos permite dimensionar el grave problema que se tiene en el mundo. Muchos de esos abortos cobran la vida de miles de jovencitas que desde los 12 años de edad lo han practicado por las causas que usted quiera, pero es una realidad. Costos desde los 5,000.00 pesos hasta los 30,000.00 pesos con el riesgo consabido.

La lucha moral se impone muchas veces haciendo de lado una realidad que debe observarse de manera más puntual, en el sentido de las causas probables y seguras que ocasiona un aborto en los lugares menos salubres. De los riesgos, que de manera mecánica, se tienen por no ser las manos expertas, ni en los lugares más adecuados, las que realizan o dónde se realizan dicha actividad.

Sentir la culpa o sentirse pecador por el hecho mismo de acusar un aborto en la vida de cualquiera de las jovencitas no remedia en nada la particularidad de evitarse tal evento. Simplemente muchas de esas acciones son sin el permiso de los padres, en caso de las menores de edad, y con mucha ignorancia en el resto de las mujeres. En muchas ocasiones los valores morales o espirituales se hacen a un lado para dar paso a un alivio temporal que le dará el haberse librado del “paquete”, y probablemente el sentimiento de culpa le dure un poco más de tiempo.

La penalización o la criminalización para mujeres que violan la ley es por demás significativa, pues aparte de haber perdido a su acompañante, ésta pasará algún tiempo en la cárcel, claro si es atrapada.

Al igual que todo lo prohibido en México, se crea un mercado negro para lucrar de manera expedita esta singularidad que ha hecho de este evento todo un mercado nacional. Es un hecho que el aborto existe formalmente e ilegalmente. Para el caso que nos ocupa, yo preferiría que las mujeres no fuesen criminalizadas ni perseguidas por decisiones moralistas y muchas de ellas faltas de ética y de una doble moral. La mujer de por si no se mira a la par del hombre, y con ese nivel de criminalización la empujamos más hacia el submundo de la intolerancia y de la falta de equidad de género. Diría yo y por qué no criminalizar al hombre que es vía directa del producto que esa mujer no desea en su vientre. Culpabilidad o pecado, en ambas categorías les subyace el poder hegemónico de las instituciones de control. En ambas impera una lógica de sumisión que pretende separar a la sociedad en un asunto de recomposición permanente de esa dialéctica incomprensible, pero apta para llevar a cabo la imposición misma. Por el bien de todos, dejemos a las mujeres opinar. Así sea.      

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