OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

2018: LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

La acción más fácil es tirar la envoltura de la goma de mascar a la calle cuando vamos conduciendo por cualquiera de las calles de la ciudad. Y es que tirar por la ventanilla del auto la envoltura, la colilla del cigarro, la lata de refresco vacía, la bolsa y la envoltura de la hamburguesa o la lata de cerveza, o simplemente la publicidad que me dieron en el alto del semáforo una cuadra antes, se convierte en la acción más fácil que cualquier otra; no requiere esfuerzo de ninguna naturaleza, simplemente omitir la enseñanza de nuestros maestros, de nuestros padres, la publicidad para no tirar la basura en la calle o los anuncios que nos indican no tirar la basura. Si usted es de esos, pues ya tiene una tarea con la que debe trabajar todos los días de su vida. La crítica insana o incisiva no nos hace ser diferentes ni nos convierte en luchadores más activos pro medio ambiente. Eso lo debemos tener muy claro. El cambio en nuestras actitudes debe acompañarse siempre de una conciencia adquirida por el medio en el que nos encontramos, esa conciencia es prácticamente una construcción social que nos llega por la influencia de quienes nos rodean, primeramente nuestra familia para luego entonces el siguiente nivel de influencia que serían nuestras amistades y vecinos cercanos. Lo que puede significar que el individuo que no logra adquirir esa conciencia será siempre un mugriento ser humano. A diario vemos por las calles que transitamos la mugre que acompaña a la supuesta belleza de nuestras ciudades. Calles llenas de basura y escombro, ya sea en piedras, arena, lodos, y lo que usted le quiera agregar. Si hacemos un acto de contrición o de arrepentimiento quizás podamos ver un esfuerzo por dejar de ser mugroso y orientar nuestros esfuerzos a no ver las calles como el vertedero de todo. Al igual que las calles, el uso de las banquetas es un asunto de equilibristas. Quisiera ver banquetas que no estén levantadas por las raíces de los árboles y destruidas por los camiones de materiales, que son ellos prácticamente los que las destruyen. Necesitamos atestiguar con eventos como los recién pasados para dimensionar una realidad que nos negamos ver. Un gobierno insensible para mantener a la ciudad limpia o quizás un presupuesto limitado que no logra la adecuada circulación de la vía peatonal de manera segura. Una ciudad creciente y desbordada sin regulación alguna. Basura que no es recogida e inquilinos que no tienen ninguna clase de sentimientos al depositar la basura en recipientes desbordados de ella. Colonias como el infonavit y otras tantas colonias que ven una oportunidad de convertir en vertederos las calles inundadas. Arroyos que se llenan de chatarra y de palos y troncos además de las ramas que no fueron recogidas en su momento y que se convierten en tapones o diques y represas que hacen que suban los niveles del agua, inundando las casas construidas en lugares que no debieron construirse. La cosa cambia cuando de suyo hay muertes que lamentar y muchos llantos que no remedian nada. Las autoridades ya tienen detectadas las calles que se convierten en canales y ríos y los motivos por los que se convierten en el peligro que nadie quiere vivir, pero que otros lamentablemente sufren. El juego es casi parecido a la ruleta rusa, no sabemos en qué momento el disparo se escuchará y a quién le arrebatará la vida. Por el bien de todos, habremos de ser menos mugrosos. Así sea.

2 de octubre no se olvida.

50 años de espera.

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