50 AÑOS DESPUÉS; 2 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA ****

ARTURO SANTAMARIA

ARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

Unos cuantos días después del pavoroso terremoto del 19 de septiembre de 1985, que arrebató alrededor de 20 mil vidas en la Ciudad de México, el imprescindible Carlos Monsiváis escribió en la revista Proceso un artículo sobre ese hito y la emergencia de la sociedad civil capitalina. Esto fue lo que dijo:

“Al día siguiente (del 19 de septiembre), otro terremoto (o temblor) de menor intensidad reanuda el pánico y vigoriza el ánimo solidario El miedo, el terror por lo acontecido a los seres queridos y las propiedades, la pérdida de familias y amigos, los rumores, la desinformación y los sentimientos de impotencia, todo -al parecer de manera súbita- da paso a la mentalidad que hace creíble (compartible) una idea hasta ese momento distante o desconocida: la sociedad civil, que encabeza, convoca, distribuye la solidaridad.

Ante la ineficacia notable del gobierno de Miguel de la Madrid, paralizado por la tragedia, y ante el miedo de la burocracia, enemiga de las acciones espontáneas, el conjunto de sociedades de la capital se organiza con celeridad, destreza y enjundia multiclasista, y a lo largo de dos semanas un millón de personas (aproximadamente) se afana en la creación del alberques, el aprovisionamiento de víveres y de ropa, la colecta de dinero, localización de personas, el rescate de muertos y de atrapados entre los escombros, la organización del tránsito, la atención psicológica, la prevención de epidemias, el desalojo de las pirámides de cascajo, la demolición de ruinas que representan un peligro. A estos voluntarios los anima su pertenencia a la sociedad civil, la abstracción que al concretarse desemboca en el rechazo del régimen, sus corrupciones, su falta de voluntad y de competencia al hacerse cargo de las víctimas, los damnificados y deudos que los acompañan. Por vez primera, sobre la marcha organizadamente, los que protestan se abocan a la solución y no a la espera melancólica de la solución de problemas. Cientos de miles trazan nuevas formas de relación con el gobierno, y redefinen en la práctica sus deberes ciudadanos”.

Estos apuntes, de uno de los hombres más lúcidos de la historia intelectual mexicana, los podríamos suscribir casi en su totalidad para describir lo que ha sucedido en Sinaloa a partir del jueves 20 de septiembre.

En efecto, la ineptitud gubernamental y la respuesta acción ciudadana el 19 de septiembre de 1985, generaron una revolución cívica en la capital del País y en gran parte de México, que tres años después cuajó en una insurgencia electoral contra el PRI. La naciente sociedad civil, es decir, los ciudadanos organizados en pos de fines comunes sin otro objetivo que mejorar sus condiciones de vida, decidieron también convertirse en sociedad política para apoyar una alternativa al partido que llevaba 60 años en el poder. Hubo un fraude contra ese despertar cívico-político, pero esa es otra historia.

Lo que ahora observamos particularmente en Sinaloa es una especie de narrativa inversa: el 1 de julio de 2018 se consolidó un largo proceso político, que empezó por lo menos en 1983, el cual se apoyó primeramente en el PAN, y este año se inclinó por MORENA, una alternativa más inclinada a la izquierda, para distanciarse claramente del PRI. En 2010, los electores sinaloenses ya lo habían hecho en elecciones estatales pero el esfuerzo republicano y democrático fue traicionado por Malova.

Esas decisiones políticas demostraban una ciudadanía dispuesta al cambio pero que, cívicamente, no estaba del todo organizada.

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