50 AÑOS DESPUÉS; 2 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA ****

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JESÚS ROJAS RIVERA

A poco tiempo de comenzar un nuevo sexenio, nada se oye, nada se dice sobre la Cuenca del Pacífico, como es costumbre en los últimos gobiernos, toda preocupación apunta hacia la difícil relación comercial con los vecinos del norte, nuestra política exterior enfocada en los caprichos del mandatario Donald Trump.

La Cuenca del Pacífico constituye una región geográfica vista por expertos como un nuevo centro de poder económico mundial. Por las relaciones que 47 naciones pueden generar por su enclave común, el mar Pacífico. Los números nos reflejan la magnitud de los mercados, en suma la Cuenca concentra el 48 por ciento del comercio exterior mundial, es decir unos 2 mil 300 millones de millones de dólares, más de la mitad de la población habita en ella, cuenta con una de las reservas más grandes de petróleo y casi del 90 por ciento de los habitantes de los países que la integran están alfabetizados.

La relación comercial de la Cuenca incluye a poderosas economías asiáticas como Taiwán, Singapur, Hong Kong y Corea del Sur, pero también agrupa a varios países latinoamericanos con economías estables y en crecimiento. Para no parar ahí, son socios comerciales directos en esta región del mundo países de alto ingreso económico como Estados Unidos, Australia, Canadá, Japón y Nueva Zelandia.

Nadie de los nombrados para integrar el nuevo gabinete parece darle importancia a nuestra posición privilegiada en este nuevo orden comercial. Lo poco que hemos sabido sobre política exterior para el próximo sexenio, es el plan que la nueva cancillería pretende para seguir con “diálogos favorables” en el tratado de libre comercio con nuestros vecinos del norte.

Expertos en políticas para el desarrollo llevan años advirtiendo sobre las potenciales aspiraciones que nuestro país puede fincar en la relación comercial con esta parte del mundo. Desde 1980, México trata de dialogar “tímidamente” con los países de la región en el Consejo de Cooperación Económica del Pacífico que abre la pauta para que nueve años después participáramos en un Comité de Cooperación Empresarial Australia-Japón, hasta que en 1991 formalizamos nuestra participación en el Consejo Económico de la Cuenca del Pacífico.

Estos datos históricos que a primera luz parecerían intrascendentes nos hablan de la importancia del tema, de los esfuerzos que a tiros y jalones los gobiernos de Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña han puesto para mantenernos como socios comerciales confiables en la región.

¿Pero qué representa la Cuenca para AMLO? A finales del mes pasado el Presidente electo mantuvo junto con el próximo canciller Marcelo Ebrard, reuniones con representantes de diversos países latinoamericanos, de Asia y del Caribe para tener una “visión de futuro” sobre las relaciones diplomáticas y económicas del país. “Queremos diversificar el crecimiento económico para México y podemos hacer causa común en muchas cosas”, dijo Ebrard Casaubón. 

Pero nada claro, nada concreto, discursos del orden diplomático que no reflejan una verdadera estrategia económica. De eso no se habla, ni se pone en la agenda porque no le saben, porque no le entienden. En la baraja de perfiles del tabasqueño, no ha mostrado la carta fuerte para este enclave económico, está suelto a merced de la retórica discursiva que de poco ayuda cuando se trata de construir alianzas multilaterales que representan miles de millones de dólares, inversión, empleo y crecimiento. Las empresas mexicanas que tienen operaciones con los países de la Cuenca lo saben, para competir y hacer negocios con los grandes no necesitas “buenos discursos”, sino “buenas decisiones”.

En Sinaloa estamos peor, si la discusión nacional no da para eso, el equipo de estrategia económica de Quirino está perdido discutiendo sobre microcréditos para peluquerías y negocios de chimichangas, apostándole a lo fácil como la atracción de turismo nacional y la remodelación de las remodelaciones del malecón de Mazatlán. Nadie habla en serio, nadie discute sobre la necesidad de cara al acuerdo de cooperación de incrementar las capacidades de Mazatlán y Topolobampo. Un amigo empresario que tiene productos sinaloenses en estanterías de Singapur y Japón me dijo: “Si el gobierno local apostara por una estrategia conjunta para competir en el mercado asiático, en 10 años Sinaloa sería el estado con mayor crecimiento de nuestro país, con miles de empleos y mejor calidad de vida”. Pero eso no está en la agenda, Quirino está ocupado preparándose para dar el grito con los Plebes del Rancho. Luego le seguimos...