AMBROCIO MOJARDIN

VISOR SOCIAL           

AMBROCIO MOJARDÍN HERÁLDEZ

Una de las expectativas más fuertes y significativas en las y los adolescentes es encontrar una pareja y empezar a experimentar el desarrollo de la intimidad, que va mucho más allá del placer carnal. Los adultos debemos entender esto como natural, pues forma parte de la consolidación de su persona y representa un excelente medio para alcanzar un sano desarrollo psicológico. 

Es cierto, para las y los adolescentes formar pareja es un acto cargado de significados sexuales, pero junto a ello van incluidas muchas necesidades de consolidación de identidad. Cuando experimentan la atracción sexual y emprenden la tarea de la “conquista”, las y los jóvenes experimentan un gran número de emociones, pensamientos y exigencia sociales, que difícilmente vivirán en otra etapa. 

Cuando una o un adolescente busca, o acepta, una relación sentimental se somete a muchas pruebas que le dejarán grandes ganancias psicológicas. La mayor de todas será reconocerse en una interacción que exige y admite condiciones, cuyo cumplimiento beneficia a las partes. 

De acuerdo con la psicología del desarrollo, las primeras relaciones románticas dan a la persona oportunidad para entender la intimidad y poner en práctica habilidades que consolidan su autoestima. Para las y los adolescentes es de gran valor saberse atractivo y vivir las emociones que despierta.

Cuando las ha vivido, las acepta y las promueve, adquiere niveles de conciencia que sirven de antídoto contra prácticas malsanas de pareja. Muy particularmente contra las que se derivan del ejercicio de roles tradicionales, colmados de inequidad y abuso. 

La psicología ha encontrado que cuando la pareja desarrolla empatía, abre el espacio para encontrar coincidencias; cuando encuentra coincidencias se facilitan las expresiones de ternura; cuando hay ternura aumenta la consideración y cuando hay consideración se limitan las probabilidades de la discriminación.

Es sabido que la amenaza actual más seria para las relaciones de pareja, es la discriminación de género. Una circunstancia, que lamentablemente se vuelve la antesala de la violencia de pareja. 

Múltiples estudios indican que el problema, particularmente en la fase de noviazgo entre adolescentes, ha ido creciendo. Alrededor del 40 por ciento de estas parejas viven violencia en sus noviazgos. La más frecuente es la psicológica, pero con aumentos rápidos en la violencia física. 

Según especialistas de la psicología clínica, la violencia entre la pareja es más frecuente cuando: a) La atracción es básicamente física. b) El conocimiento del otro es limitado. c) Se tienen modelos violentos al alcance. d) Los integrantes compiten por el control y la influencia, y e) Uno, o ambos en la pareja, carecen de habilidades sociales para resolver las diferencias de manera pacífica.

Cuando las relaciones sentimentales de adolescentes presentan violencia eliminan su contribución para el desarrollo psicológico. Amén de que generan prejuicios difíciles de superar en sus relaciones posteriores.

La violencia en parejas adolescentes tiene a las mujeres y a los hombres como víctimas. Sin embargo, la mayoría de las veces las víctimas son las mujeres.

Los efectos más negativos de ésta son: a) Afecta la autoestima, b) Reduce la seguridad en sí mismo, c) Les vuelve irritables e intolerantes, d) Provoca aislamiento y ciclos depresivos, y e) Daña su desempeño intelectual. 

De no ser atendido y resuelto el problema, la gravedad puede aumentar hasta poner en riesgo la vida. Según la última encuesta nacional de salud, el número de suicidios en adolescentes por desamor, o conflictos de pareja ha ido creciendo en los últimos años.

Padres y madres de familia debemos reconocer y aceptar que las y los adolescentes necesitan experimentar relaciones sentimentales y acompañarlas. No importa si nos parecen demasiado tempranas. 

Hay que acompañarlas y tener paciencia. Puede ser más difícil si la comunicación con ellas y ellos tiene una pobre historia, pero no será imposible. Nadie quiere para sus hijas e hijos una experiencia traumática, así que darle prioridad entre las cosas importantes de la familia terminará siendo positivo.

La probabilidad de que vivan abuso y violencia de pareja puede intimidarnos, pero una forma de evitarlo es poniendo atención a lo que les sucede. La investigación psicológica establece que las y los adolescentes más propensos a vivir violencia de pareja son los que: a) Aceptan culpabilidad por los sentimientos de la pareja, b) Ven como obligación hacer sentir bien a los demás, c) Evitan discutir y confrontar las ideas que no comparten, d) Siguen decisiones ajenas sin condicionarlas, ni ajustarlas a su interés y, e) Difícilmente piden ayuda y menos a un adulto.

Ponga atención en sus adolescentes. Si tienen las características descritas, lo más recomendable es ayudarles a superarlas y mantener comunicación abierta con ellos. La inversión es alta, pero el beneficio lo será más. Ayudaremos a que cursen con éxito una etapa importante de su desarrollo y que crezcan más sanos como personas. Vale el esfuerzo! ¿O usted qué opina?