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OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

2018: LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

Cuando sé es grande nos damos cuenta que las palabras juegan un rol muy distinto a cuando sé es joven. Las palabras cargan el peso de la experiencia y cuando una persona sabia las dice, el significado de ellas orientan, seducen, e infringen tranquilidad y parsimonia en los sujetos que las escuchan. Las palabras forman discursos y estos pueden dirigirse a jóvenes y adultos y si hay alguien que las escuche sin duda las entenderán diferentes. Las palabras tienen poder en la estructura de su composición. Argumentan, defienden, justifican, influyen, tientan, agreden, alaban, reprochan, pero principalmente inspiran. Las palabras pueden ser las mismas usadas para diferentes causas y propósitos, pero quien las pronuncia tiene la fuerza de la persuasión o carece de ella. Las palabras se forman en el contexto de cotidianeidad, y aunque parezca una realidad diferente, el impacto de ellas puede ser devastador. Hay palabras que levantan a pueblos enteros y las hay también las que abandonan a su nación. En ellas nos refugiamos muchos y otros muchos las abandonan en el silencio de la traición. Todas las palabras guardan el poder del entendimiento, de la comprensión. Las palabras adquieren más fuerza cuando encontramos el tono adecuado para decirlas y el momento para aplicarlas.

Las hay aquellas que atemperan las furias de los que desesperan y las hay las que obligan a guardar silencio para entender que no son los momentos. Palabras dulces con sabor amargo son las que por desgracia se dicen cuando informan la pérdida de algo. Palabras con algarabía para festejar la fiesta de todo el día. Las palabras tienen siempre escondido el doble significado de un entendimiento alienado. Las palabras necesitan de alguien congruente para decirlas y de alguien confiado para escucharlas. Construir la realidad es más bien entender el poder, el poder de las palabras. Cuando uno conoce ese poder prefiere callar antes que dañar. Pues una vez dichas esas palabras difícilmente aquello puede sanar. Hay palabras que sanan a toda una nación, solo es cuestión de decirlas en el momento que se hace necesario, pues el dolor y el sufrimiento de los vacíos provocados pueden llevarnos a no tener salvación. Las palabras siempre esperan al sabio, pues ser pronunciadas por él es todo un alago. Hay otras que se esconden del tirano, para no ser parte de la traición. El poder de las palabras puede llevarnos a una guerra sin fin. Considerarlas para ser pronunciadas es para mantener la tregua milenaria. Los poderosos los son, por el peligro de poder decir lo que tantos no quieren oír y es que los cambios empiezan por la verdad. Habrá palabras que no se salgan del guion, otras serán las rebeldes que cambiarán a toda una nación. Por el bien de todos, cuidemos las palabras. Así sea.

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