Ya disponible para su descarga la Revista Didáktica Octubre 2018 https://bit.ly/2Q7Bw6I

OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

2018: LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

Todos los seres humanos y alguna que otra especie animal hemos y han pasado por el proceso de enseñanza, ya sea en las escuelas, facultades o universidades, el hecho es que para ese proceso se necesita a una persona que enseña, y a otra persona que aprenda. Ambos culminan con el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Primero hablaré del profesor. En las civilizaciones donde el profesor es el que lleva a cabo dicho proceso y que es el encargado de la vigilancia para que no falte el conocimiento como tema diario, además de las indicaciones que éste pudiese dar al aprendiz de conductas poco aprobadas por el conglomerado social y que éstas son desviadas a ocasionar desorden y violencia irrumpiendo el espacio que le es propicio para mejorar dicho proceso, de pronto el terreno se convierte en campo de batalla. En lo referido al alumno, lo visto hasta hoy en los espacios universitarios, en este caso el dela UNAM, no es para nada nuevo. El porrismo es una actividad tan vieja como el mismo hombre cuando se crearon las escuelas.

Sean públicas o privadas, el porrismo conlleva a un orden fascista en donde impera el uso de la fuerza para orientar a los alumnos a ciertas conductas que le dan “estabilidad” al centro escolar. La violencia en los grupos porriles es una característica sine qua non, o sea que sin la violencia no podrían justificarse como tales. Todos los movimientos estudiantiles tienen parte de esto, pseudo alumnos (porros) que puedan garantizar un tipo de control cuando los verdaderos alumnos por gracia del despertar de sus conciencias, luchan por cambiar un estado de cosas que no les es favorable al colectivo estudiantil. De allí que los grupos porriles obedecen principalmente a las autoridades, ya sean del centro escolar o a las gubernamentales. Casi siempre los encuentros entre estos grupos con alumnos se hacen de manera violenta, ocasionando daño a los estudiantes y en veces hasta la muerte. Nadie tiene la responsiva de los hechos que sucederán a partir del choque entre ambos grupos. Está claro que los grupos de choque operan bajo diversas órdenes de mando ligadas al interés que media dicha desavenencia. En el sistema actual de gobierno, los grupos de choque o porriles han cumplido un cometido que se signa con la huella del poder cuya intencionalidad es mantener el control sin modificar las prerrogativas que se le suman a ese control. Los grupos de choque, grupos porriles o los llamados también fósiles, son o fueron alumnos rezagados por el mismo sistema integrándose a las filas de un ejército civil pagado con prerrogativas de la misma institución a la que pertenecen. Esos grupos son, en la mayor de las veces, los causantes de los disturbios en las marchas de colectivos diversos y sirven para enaltecer la anarquía llevando el interés a deshacer cualquier petición que lleva la marca de un cambio en el sistema. No habremos de olvidar que muchos de esos grupos de choque han sido los causantes de múltiples muertes y heridos que dejan mal parados a los verdaderos representantes de movimientos sociales que merecen ser escuchados, al menos en las peticiones que ellos llevan consigo ante las autoridades educativas o gubernamentales. Lo que ha estado pasando en la UNAM, principalmente en sus preparatorias, son un síntoma de desestabilización que abona a un sistema que ya no es el que debe ser. Esas viejas y anquilosadas prácticas se irán con el modelo de gobierno agotado, pues las componendas políticas obedecen a salvaguardar los intereses de grupo de antaño que buscan permanecer, incluso cuando las condiciones ya no son las mismas. Habremos todos de reconocer que hay muchos profesores que pueden presumir o que tienen en su haber el arte de la enseñanza, y que fueron, son y serán ellos los que dignifiquen la actividad docente en todas las universidades de México. Por el bienestar de todos, primero los universitarios. Así sea.      

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