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MANUEL CARDENAS FONSECA

MANUEL CÁRDENAS FONSECA

Atención con la UNAM, las demandas de seguridad de los estudiantes, las agresiones, las justas demandas de los estudiantes y la marcha estudiantil espontánea más grande que se haya dado en la historia reciente de México puede escalar a un problema mayor y ser botín de intereses ajenos si no se atienden las causas que la generaron, con prontitud, con apertura, diálogo y entendimiento.

Poco han contribuido a dar salida a las demandas genuinas y válidas de los universitarios (que no conflicto en mi opinión) las declaraciones imprecisas y tardías, contradicciones entre las autoridades de procuración de justicia federal y local y hasta dudas sobre la participación de alguno de los alumnos expulsados como castigo, que sostiene que no estuvo presente en los hechos y puede demostrarlo. Todo esto genera un caldo de cultivo para la intromisión de grupos que nada tienen que ver con lo sucedido y quieran “secuestrar” la movilización estudiantil para llevarla a otros terrenos.

Afortunadamente ha habido señales positivas como la propia Asamblea de Estudiantes del día 7 pasado, en donde la mayoría de los 7 puntos acordados a discutir se enfocan en el origen del problema, y también en la reunión del Presidente Electo con el Rector de la UNAM, en donde se reconoció la validez de los reclamos, se comprometió a aplicar la ley y se convocó a los estudiantes a combatir intereses ajenos al movimiento y a trabajar juntos por el fortalecimiento de la máxima casa de estudios. Pero aún creo que hay mucho por hacer, por aclarar y por atender.

Reitero, las agresiones sufridas por estudiantes de la UNAM en la explanada de Rectoría de Ciudad Universitaria,  por presuntos “porros” de origen incierto y con intenciones no muy claras, han prendido las señales de alerta en la máxima casa de estudios y puesto en la atención pública las agresiones, extorsiones y la violencia que han venido sufriendo los estudiantes de la UNAM desde hace algún tiempo, en varios de sus planteles.

Todo esto nos trae a la memoria los reportes de los grupos de narcomenudeo que operan en la UNAM vinculados a algunos de los cárteles de la droga, a los que quizá no se les dio la debida atención e importancia. También nos recuerda diversas notas de violaciones, asaltos y agresiones sufridas por los estudiantes dentro de los planteles y en sus alrededores y nos hace cuestionarnos si realmente las autoridades universitarias han hecho lo suficiente (¿han hecho algo?) para frenar esta creciente violencia de la que hoy vimos su expresión más clara.

De hecho, los estudiantes agredidos, son alumnos del CCH Azcapotzalco, que se manifestaban para exigir mayor seguridad en su escuela y para demandar acciones de las autoridades y frente a la propia rectoría fueron atacados con armas punzocortantes, palos y bombas caseras, dejando un saldo de varios heridos, uno de los cuales aún permanece hospitalizado. Y la seguridad de la UNAM “bien gracias”, nunca apareció para contener a los agresores, pero el jefe de seguridad ya no está en funciones; buena señal.

Esto ha dado lugar a especulaciones, sobre cuál es el origen de este ataque, quiénes patrocinaron a los grupos de supuestos porros y que intereses se mueven atrás de este acto. Están desde los que acusan a la propia rectoría, pasando por los que los vinculan a agrupaciones políticas de distinto cuño, hasta quienes señalan que fueron los grupos de  narcomenudistas  que están tomando el control de los planteles de la UNAM.

Todo indica, de manera concluyente, que fue un acto planeado. Se han presentado videos del autobús que transportó a los “porros” hasta CU, se han identificado supuestas agrupaciones de estudiantes a las que pertenecen los agresores; el rector de la UNAM anunció la expulsión de 18 estudiantes, se han levantado denuncias y se han escuchado las condenas del Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, pero lo cierto es que no se ha hecho nada eficaz, ni se han tomado medidas de amplio alcance. Se sigue viendo a estos actos, no sólo reprobables sino preocupantes, como un hecho aislado, sin medir sus consecuencias.

Cerca de 40 planteles de la UNAM se declararon en paro de forma casi inmediata (varios de ellos permanecen aún en paro y se ha anunciado un paro general para este jueves y viernes) para manifestar su inconformidad: que se atienda a fondo no sólo estos hechos, sino la creciente violencia e inseguridad en los planteles de la institución y para que las autoridades tomen una posición clara sobre estos temas.

La violencia en la UNAM y estos actos “porriles” no deben ser vistos como un asunto menor, sino como una prioridad. Debemos realmente preocuparnos porque está en riesgo la institución, pero sobre todo la educación y el desarrollo de casi 350 mil  alumnos, que estudian en sus planteles de los diversos niveles educativos. Debemos preocuparnos, porque resulta sospechoso, que se den este tipo de actos, a “todas luces” planeados y organizados (quién sabe por quién y con qué propósitos) en un entorno de transición de gobierno que se está dando, para sorpresa de muchos, de forma ordenada, coordinada y respetuosa y a 50 años del movimiento estudiantil del 68.

Es inevitable pensar, que puedan existir intereses de grupos, atrás de estos ataques, pero también es inevitable pensar, que esta justa manifestación estudiantil en contra de la violencia, sea utilizada, para promover consignas que poco o nada tienen que ver con las razones que le dieron origen, y donde las demandas de los estudiantes acaben siendo lo que menos importa, para imponer propuestas y condiciones, que tienen meros intereses políticos. Y ya tenemos las primeras señales de ello,

Pero lo que más me preocupa es la educación de estos miles de jóvenes. Porque una educación de calidad, en un ambiente adecuado es la mejor vía para el desarrollo personal y para impulsar el crecimiento económico y  el bienestar social del país.

Espero que se atiendan los justos reclamos de los estudiantes universitarios, que se tomen acciones inmediatas y que prevalezca el interés de la UNAM y del país, para evitar que estos hechos, que se han venido acumulando, den paso a algo más grave. No debemos permitir que nuestro máximo centro de estudios de nivel medio y superior, se convierta en herramienta para promover intereses políticos o de cualquier otro tipo ajenos a la enseñanza.

 

¡Muchas gracias y sean felices!

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