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OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

2018: LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

En más de una ocasión hemos oído o leído esta sentencia “pagarán justos por pecadores”. En este caso, la exdirectora Administrativa de Servicios de Salud, María Alejandra Gil Álvarez se le acusa por el desvío de más de 14 millones de pesos. Sea culpable o no, aquí a mi parecer lo que importa es que la pata de la vaca no fue jalada únicamente por ella, el cuchillo que la degolló estaba en otras manos y claro, será ella la que pagará los platos rotos. La acusación, según los informes, que como resultado de la audiencia, el ministerio público exige la presentación formal de la acusación y se le sentencie a 16 años de cárcel. 7 años por el delito de ejercicio indebido del servicio público y 9 años por desempeño irregular de la función pública. Fíjese usted lector las incongruencias de las acusaciones. No digo que no sea culpable, pero si los delitos que se le imputan son de ese carácter, pues la mayoría de los funcionarios estarían presos. Empezando por el exgobernador Mario López Valdez. Y aquí se cumple la sentencia que en la Biblia encontramos: “pagarán justos por pecadores”.

Analicemos un poco más esto. Si nos enfocamos verdaderamente a la culpabilidad o a la inocencia de las personas, creo que en este caso, la señora Gil Álvarez está siendo acusada por algo que no fue culpable o es parcialmente culpable, pero como no hay medias tintas en el asunto de la ley, así como no hay medias embarazadas en las mujeres que ya llevan a su hijo en el vientre, habremos de aceptar la culpabilidad. Cuántos funcionarios públicos son culpables por el primer delito que se le imputa: ejercicio indebido del servicio público. ¿Y que acaso ese delito no es igual a “desempeñarse de manera irregular en la función pública”? Ambas faltas, que para mí es una sola suman 16 años de prisión. Aquí lo grave que veo es que a ella no se le aceptó el perdón solicitado, en tanto que al ex secretario Ernesto Echeverría Aispuro le hicieron caso cuando pidió que no se le metiera a la cárcel y que solo pagara una parte y a plazos de lo defraudado. El respaldo político de ambos es muy diferente, tan diferente que a uno le quieren imponer la pena máxima en tanto que al otro le ponen la alfombra roja para transitar sobre de ella. Es cierto que la ciudadanía está muy molesta por los desempeños de la mayoría de los exfuncionarios de Malova, empezando por el mismísimo Mario López, pero este asunto se litiga de manera diferente atendiendo privilegios para uno y olvidando la misma letra de la ley para otros. En este proceso nada tiene que ver la justicia, pues si ella, la mismísima justicia estuviera presente en el juicio, seguramente estuvieran la gran mayoría de los ex funcionarios mencionados rindiendo cuentas. Creo, con el riesgo de equivocarme, que al cochi deben cortarle la trompa, el problema es quien sostendrá la daga para cortársela. La sentencia de “pagarán justos por pecadores” seguramente fue construida sabiendo el mundo en el que estábamos, llenos de corrupción y complicidad y que la ley únicamente se aplica a los enemigos del sistema político en funciones. Por el bien de todos, primero los justos. Así sea.

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