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ARTURO SANTAMARIA

ARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

 

Este artículo lo escribo antes de conocer la postura de Canadá ante el primer acuerdo comercial entre México y Estados Unidos. Del país de la hoja de maple dependerá si se firma un nuevo acuerdo comercial trilateral. Y aunque Canadá aceptara entrar a ese proceso de discusión no se habrá resuelto, nos dicen los especialistas, si habrá un acuerdo comercial que incluya a México. Dice Luis de la Calle, uno de los expertos en estos temas, que es más factible un entendimiento bilateral entre Canadá y Estados Unidos que entre México y el Tío Sam sino se ponen de acuerdo los tres países de América del Norte.

El tema viene a colación porque se ha dicho mucho que si bien no se le acaba el mundo a México si no hay un nuevo acuerdo comercial con las dos naciones al norte del Río Bravo sí nos metería a una severa situación económica a corto plazo. Y eso querría decir que el inquilino de Palacio Nacional estaría en muy serios predicamentos para poder cumplir con muchos de sus planes de gobierno.

Por lo pronto, AMLO, si bien ha visto crecer su aprobación entre la ciudadanía a casi dos meses del 1 de julio, según encuesta de Francisco Abundis en Milenio Diario del 24 de agosto, pasando del 53 al 71 por ciento y sólo 12 por ciento de crítica, diferentes corrientes políticas, sobre todo de izquierda, y grupos y organizaciones sociales, fundamentales de familiares de asesinados y desaparecidos, han empezado a distanciarse de las declaraciones y propuestas del presidente electo.

Por ejemplo, en los foros sobre pacificación que ha organizado MORENA en diferentes estados, como Chihuahua, Michoacán y Guerrero, no ha habido uno en el que se acepte la tesis andresiana de “perdón sí, olvido no”. Han dicho “ni olvido ni perdón”, como se mencionó recientemente en Acapulco, o “sin justicia no hay perdón”, como se planteó en Ciudad Juárez.

Tampoco ha sido bien vista la declaración de que el ejército y la marina no regresarán por lo menos en tres años a sus cuarteles. Y menos se ha aceptado la idea de perdonar la corrupción de Peña Nieto y su gabinete.

Aun así, el grado de aceptación de López Obrador es altísimo. Pero esto es a corto plazo. Y si la situación económica empeora con el fin del TLC los primeros años de Morena en el gobierno van a ser muy complicados.

AMLO ha ido cediendo y/o ajustando sus propuestas de campaña, no siempre bien definidas, por presiones o exigencias empresariales y políticas.

Su tajante rechazo al NAICM empezó a ser matizado al final de su campaña, pero aun no sabemos en qué quedará el asunto. Lo único cierto es que habrá una consulta ciudadana, sin embargo, desconocemos en qué términos se hará, y si AMLO tratará de influir en ella y hacia dónde. Lo cierto es que sufre presiones por todos lados. Y los argumentos de ambos lados de la acera no son baladís. 

La propuesta del Tren Maya será sometida a consulta. Y ahora le piden que la Reforma Educativa también. AMLO se metió en un berenjenal proponiendo someter a tal procedimiento el asunto del aeropuerto porque ahora medio mundo, sobre todo los que están en desacuerdo, le va a exigir que cada iniciativa se presente a consulta popular, lo cual es imposible.

Otra de sus propuestas, matizada para bien, fue la de los “superdelegados” federales. En la pasada reunión que sostuvo el presidente electo con los gobernadores, aclaró que los delegados sólo estarán al frente de programas sociales de la administración federal.

En este tema hubo falta de claridad en la comunicación de la oficina de AMLO o la presión de los gobernadores que empezó con Alfaro, en Jalisco, aunque este todavía no entra en funciones, el Bronco, en Nuevo León, y Astudillo, en Guerrero.

Esta respuesta de AMLO podría ser una muestra de flexibilidad política pero también de que en aras de la estabilidad política está cediendo a presiones. Lo mismo podríamos decir de la declaración de que, finalmente, los nuevos secretarios de la Defensa y Marina no provendrán de militares y marinos en retiro cercanos a López Obrador sino de los que están en activo y de acuerdo con los secretarios en turno. De igual manera, declarar que las fuerzas armadas continuarán en funciones policiales al menos durante los tres primeros años contradice otras propuestas de campaña.

Es evidente que el político de Macuspana está evitando la confrontación con empresarios, militares y la clase política opositora a costa de las exigencias de grupos sociales y corrientes de izquierda que lo apoyaron. De hecho, los atisbos de deslinde y las críticas más abiertas ya provienen de su flanco izquierdo.

Esta situación demostraría que a pesar de la alta votación que obtuvo AMLO, la izquierda dentro de Morena y la que lo apoya desde afuera no tiene la suficiente articulación y fuerza para inclinar más la balanza hacia su lado frente a quienes lo combatieron durante muchos años y en la más reciente campaña.

Pero lo más grave de todo residiría en que la derecha empresarial y la clase política sobreviviente le impidieran a AMLO combatir la corrupción y la impunidad, lo cual también evitaría también enfrentar decididamente la violencia.

Posdata

Ayer tomaron protesta los diputados federales y senadores elegidos el 1 de julio. Imelda Castro y Rubén Rocha se hicieron acompañar por familiares de los niños fallecidos en el IMSS de Culiacán en 2015 buscando que los atendiera Germán Martínez, senador electo y quien ha sido propuesto por AMLO como Director del IMSS. El ex panista los recibió inmediatamente después de la toma de protesta.

Si este estilo político y de atención a los ciudadanos prevalece en Morena podemos esperar buenas cosas. Muy buen inicio de los senadores Castro y Rocha Moya como gestores y de Germán Martínez como funcionario del próximo gabinete.

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