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JESÚS ROJAS RIVERA

Fue como se esperaba, en el Senado de la República las cosas fluyeron como estaba el guion. Ricardo Monreal se alzó con la Junta de Coordinación Política que integra a las bancadas de los siete partidos representados ahí. Damián Zepeda por el PAN, Miguel Ángel Mancera por el PRD -aunque llegó por la lista del PAN al escaño-, Dante Delgado por Movimiento Ciudadano, Miguel Ángel Osorio Chong por el PRI, Manuel Velasco por el Verde y Alejandro González Yáñez por el PT.

La tarea de Monreal será un tanto más complicada que la de su par en la cámara de Diputados, el Senado mexicano tiene la particularidad de la longevidad, los “tiros” en San Lázaro son a corto plazo mientras que en la de senadores son batallas largas, la coexistencia legislativa vista por seis años es muy diferente a la de los diputados que en dos años y medio están preparando las maletas para irse. Pero Monreal no es un novato, tiene el colmillo afilado y retorcido para el cargo, conoce las vísceras legislativas y maneja a la perfección el juego de la diestra y siniestra. Aquél que simuló desafiar a Andrés Manuel en el pasado proceso interno de Morena, es hoy su brazo fuerte en la llamada cámara de los seniles.

Por otro lado, ahí mismo a tres curules está el politólogo Martí Batres, otra tremenda carta de la izquierda que lleva muchísimos años conociendo las tripas legislativas. Él será presidente de la Mesa Directiva y compartirá responsabilidades con nada menos que el cacique poblano Rafael Moreno Valle, del PAN, el experimentado y legislador -desde que tengo memoria pública- Jorge Carlos Ramírez, del PRI y su compañera de bancada en Morena la ex perredista tabasqueña Mónica Fernández Balboa.

Las fuerzas del Senado son las siguientes: Morena tiene 55 legisladores, 42 vía mayoría relativa y 13 por representación proporcional; el PAN tiene 17 de mayoría y seis de representación proporcional, el PRI ocho y seis, el PRD seis y dos, el PT cinco y uno, el Verde cuatro y dos, Movimiento Ciudadano cinco y dos, Panal uno de mayoría y Encuentro Social ocho, también de mayoría. 72 legisladores aliados del Presidente, el 53.89 por ciento de la Cámara si se suman el 42.96 por ciento de representación de Morena, 6.25 por ciento de Encuentro Social y el 4.68 por ciento del Partido del Trabajo. Lejos la segunda fuerza albiazul con apenas un 18 por ciento. El control del Senado será de facto-presidencial en este gobierno de la “cuarta transformación”.

La enclenque agenda del Senado estará puesta en la que impulsen los partidos aliados del Presidente y Monreal, sin mucha luz, sin mucho brillo, atada de inicio a esta cadena “de austeridad” que buscan recortes presupuestales a las prerrogativas del cuerpo legislativo. Ricardo Monreal se comprometió en ahorrar mil 500 millones de pesos, para lograrlo cancelará los gastos médicos de los senadores, los apoyos en gasolina, alimentos, celulares y automóviles, reducirán prerrogativas a los grupos parlamentarios, el número de viajes internacionales y el cuerpo de asesores y asistentes. 

El adelgazamiento de las Cámaras es parte estratégica de la cuarta transformación, al Presidente le interesa reducir los espacios de poder de la oposición, porque al hacerlo desdibuja las trincheras de crítica a su gobierno, mantiene controles meta-institucionales sobre los partidos no alineados y genera vínculos de dependencia de los actores políticos al poder centralizado. (Siempre habrá espacio para platicar con legisladores que se quieran portar bien)

Mientras que para los legisladores aliados a la causa presidencial siempre quedarán los apoyos extraordinarios, los recursos que circulan por debajo de la mesa y los negocios que se arman en lo corto. Esos acuerdos de complicidad que no le son desconocidos al Senador Monreal, ni pasan desapercibidos por la Diputada Padierna que mucho aprendió del experto en ligas y corrupción René Bejarano.

Por eso es que vista desde las Cámaras la “cuarta transformación” es una especie de gatopardismo mexicano en donde el discurso dibuja lo que todos quieren ver, pero la realidad nos estrella contra lo que nadie quiere reconocer. Un Presidente aliado con los mismos corruptos de siempre, buscando cambiar las formas, aparentemente entrándole a los fondos. Pero eso sí, encabezando una nueva “mafia del poder” con viejos actores redimidos en la honestidad valiente que propone una constitución moral. En términos de los bribones, un arbusto de moráceas. Luego le seguimos...

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