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Ernesto alcaraz v

COLUMNA VERTEBRAL

 ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

Prometer en campaña para sumar votos, es fácil. Pero gobernar es otra cosa.  Andrés Manuel López Obrador ha sido claro y contundente en sus promesas de campaña. Sus eventos solían convertirse en fiestas alegres y entusiastas. De mucho calor humano y de manifiestas y desbordadas emociones. Pero hoy, su aspiración está cerca para que a partir del 1 de diciembre genere beneficios. Y corregir lo que se tenga que corregir.

Los suyos que lo apoyan deben entender que no va a poder cumplir con todas las promesas ofrecidas. Casi siempre lo deseable termina en lo posible. Y en lo posible estarán las más altas prioridades: el combate a la corrupción y la impunidad, así como reducir la criminalidad a niveles aceptables y mantener la economía estable, y proyectar su crecimiento. La realidad lo está llevando a rectificaciones y consideraciones más mesuradas.

Que estos meses de transición han sido de conocimiento y evaluación a sus propuestas, era necesario. La fobia hacia el Sector Privado y sus estructuras económicas y financieras se transformaron en un acto de reconciliación y compromisos compartidos. Y la percepción negativa sobre las funciones de seguridad que asumían el Ejército y la Marina se diluyó para reconocer que “no hay otra opción” que las Fuerzas Armadas sigan combatiendo en las calles a la delincuencia organizada.

Aprovechar los espacios de entendimiento es básico para proponer un Plan de gobierno. Y en ese entendimiento surgen dos conclusiones: Se reafirma el conocimiento adquirido sobre un tema o se rectifica y modifica la conducta. Pues eso está sucediendo.  En este proceso de Transición se está imponiendo la realidad sobre la percepción. Pero hay apreciaciones ciudadanas que no deben evadirse como combatir la corrupción y la impunidad bajo el indecente ejercicio de complicidad entre gobierno con integrantes del Sector Privado. Y no creo que aquí haya tregua ni consideraciones políticas. El que la hace, que la pague.   

Prometer es voluntad y perspectiva, y rectificar, es una reacción y compromiso obligado ante la realidad existente. No se trata de desistir de su Proyecto de Nación y de consumar la Cuarta Transformación. Su mesurado comportamiento indica que no habrá fractura institucional sino reformar lo que se tenga que reformar. De ser así, daría confianza y certidumbre. Todo depende de la sinceridad y el equilibrio político que imponga el Presidente Electo ante los problemas que aquejan al País.

López Obrador ha empezado a reconsiderar sus propuestas de campaña. En eso ni hay traición ni engaño. Si así lo pensaba, la realidad que está apreciando lo ha convencido de modificar algunos compromisos. Y quienes todavía caminan en el terreno de la confrontación, insinúan traición a sus seguidores. Lo cierto es que la realidad se está imponiendo a las perspectivas de campaña.

Es cierto que Andrés Manuel goza de amplia popularidad, pero no hay que olvidar que poder que no se legitima con acciones correctas y beneficios concretos, se desgasta, se agota. El poder hay que ejercerlo con orgullo, honestidad y eficacia.  Hoy se ofrece una nueva forma de realizarlo y se advierten opiniones contrarias y resistencias desde cualquier estructura de poder e influencia. Intereses existen en toda organización humana. Y si afecta intereses, obliga mesura y conciliación.

Precisamente la reconciliación nacional está siendo su prioridad. La competencia electoral nos dejó confrontados y divididos. El encono entre seguidores persiste, y hay que cohesionarla. La pacificación del País debe ser la meta urgente de aquí al 1 de diciembre, pues la gobernabilidad está de por medio. Y el mejor recurso para lograrla es tener un gobierno democrático e incluyente, justo, transparente y que rinda cuentas. Lo que hoy se cuestiona y por los errores que lo llevaron al poder.