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AMBROCIO MOJARDIN

VISOR SOCIAL

AMBROCIO MOJARDÍN HERÁLDEZ

 

La carencia más importante en la crianza de las nuevas generaciones se llama autoridad. De ello se desprenden una gran cantidad de fallas, que pronto se manifiestan.

¿Conoce usted niñas o niños con fácil tendencia al berrinche y a la disrupción? ¿Conoce adolescentes con dificultades para decidir sobre lo que les hace sentir satisfechos?

¿Conoce hombres y mujeres con dificultades para llevar una vida estable de pareja?

La psicología moderna ha encontrado que expresiones del comportamiento como estas, tienen conexión casi directa con una crianza de pobre autoridad parental. Son resultado de una vida carente de referentes puntuales para conducirse y de poco soporte emocional para construir identidad sólida.

El ejercicio de autoridad en las familias no solo es el pilar que define su armonía interna. De este depende el tipo de influencia psicológica más importante que tienen los adultos sobre las niñas, niños y adolescentes.

La autoridad familiar norma las relaciones de sus integrantes y entrena para convivir con personas ajenas; ofrece pautas para atender adecuadamente los roles de cada quien en la vida; promueve esquemas desde los que, especialmente las niñas y los niños, pueden consolidar su auto concepto. Es decir, los lineamientos que establece la autoridad familiar se vuelven guía y respaldo para que las personas crezcan y se preparen para la convivencia. 

Como ya se ha discutido en otras oportunidades, los especialistas reconocen al menos cuatro estilos de autoridad familiar, y la investigación ha permitido conocer el tipo de influencia que tiene cada uno en el desarrollo de la persona. 

El primer estilo se conoce como Autoritario o Rígido. La característica más visible de las madres y padres de este estilo es que gustan de un control rígido sobre la conducta de las y los hijos; son de carácter demasiado estricto; controladores y cerrados en sus normas; inflexibles con los demás pero cambiantes para sí mismos; de pocas expresiones afectivas para las y los hijos. Los efectos más notorios de este estilo de autoridad son criar hijos explosivos, inseguros, resentidos y con rechazo al orden y las jerarquías. 

El segundo es el Negligente o Descuidado. Este estilo es propio de los padres “a gusto”, muy descuidados de lo que sus hijas e hijos sienten, quieren o hacen. Son padres con poca expresión afectiva y bajo involucramiento con lo que sus hijos viven.

Este estilo de autoridad se asocian con hijos poco claros de sus intereses,  necesitados de reconocimiento, insatisfechos e insensibles con los demás; dependientes y caprichosos. Su relación con la autoridad es conflictiva porque va a los extremos, de la dependencia al rechazo y no perduran en compromisos sentimentales. 

El tercero es el estilo Permisivo o Complaciente y es propio de padres inseguros o con sentimiento de culpa. Su trato a los hijos puede ser afectivo, pero no gustan de poner límites y dan de más como forma para sentir que cumplen. Como resultado obtienen hijos confundidos y ambiciosos; con dificultad para emprender y sostener iniciativas; son exigentes y caprichosos y chocan fácilmente con la autoridad.

El cuarto es el estilo Democrático o Constructivo. Corresponde a padres y madres con planes familiares claros, exigen disciplina, dan libertades y están abiertos al diálogo con los hijos. Se asocia a hijos con más iniciativa, sensibles a los demás, disciplinados y con disposición a seguir normas. Es el estilo que mejor forma para las relaciones interpersonales.

Muchos estudios de psicología social y del desarrollo infantil confirman que ambientes con problemas de autoridad son fuente de grandes deficiencias personales futuras. Por el contrario, ambientes con autoridad estable y solidaria se vuelven fuente de crecimiento social y psicológico para las y los hijos.

Muchos estudios hechos con jóvenes exitosos en la academia o en los negocios, con liderazgo y reconocimiento más allá de sus núcleos de influencia, revelan que al menos el 71 por ciento de ellos provienen de familias y ambientes con figuras sólidas de autoridad y posibilidades para la libre expresión de las ideas. 

En contrario, adolescentes y jóvenes adultos con trayectorias delincuenciales reincidentes, en un 74 por ciento provienen de familias en conflicto y con historias de choque contra la figura de autoridad. Estudios recientes encontraron que el 82 por ciento de los adolescentes homicidas investigados rechazan el estilo de autoridad familiar con que fueron criados y el 95 por ciento de ellos, creen que la autoridad pública y la familiar merecen el mismo calificativo.

El sentido de estos datos y la dirección de muchos comportamientos de la vida cotidiana, particularmente en niñas, niños y adolescentes nos dicen que el asunto de la crianza está pasando por una crisis importante. Es cierto que para esa tarea “nadie nace enseñado”, pero hay indicadores de que con las parejas de padres jóvenes hay mucho por hacer.

Quizá su dinámica diaria, combinada con una expectativa de vida más cargada por el deseo de crecimiento individual en ambos padres y la decreciente participación de actores solidarios, la familia extendida y la escuela en particular, están provocando lo que no conviene. Hay que verlo con detenimiento pero al mismo tiempo hay que ver como se toman medidas para corregirlo. Es por el bien de las familias y de todos ¿O, usted qué opina?

@ambrociomojardi; Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.