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JUAN ALFONSO MEJIA

KRATOS 

JUAN ALFONSO MEJÍA LÓPEZ

 

El lunes regresaron a clases poco más de 30 millones de niñas, niños y jóvenes de los niveles de educación básica y media superior. Lo hicieron en medio del bullicio político que caracteriza nuestro tiempo, dejando de lado un aspecto fundamental: ¿y los niños? Cada ciclo escolar cuenta con sus peculiaridades.

Es nuestro deseo, desde Mexicanos Primero, que lo sucedido en estos días no sea premonitorio sobre el futuro educativo en México y que, al hablar de educación, siempre nos convoque el interés superior de la niñez. En pocas palabras, menos “grilla” y más política educativa. 

En Mexicanos Primero tenemos una aspiración: la edificación de una sociedad justa y equitativa donde todas y todos podamos llegar a ser la mejor versión de nosotros mismos. Creemos que la educación es la vía para llevarnos ahí, en particular una educación incluyente en la que todas y todos estén en la escuela, aprendan en ella lo que quieren y necesitan y participen como constructores activos de su propia experiencia educativa. 

La escuela representa al día de hoy el mejor dispositivo para hacer realidad nuestra aspiración. De hecho, para millones de niñas, niños y jóvenes en México es su única vía para una vida mejor. 

El inicio del ciclo escolar 2018-2019 trae consigo retos y oportunidades que parten de una sola interrogante: ¿qué necesitan los niños para aprender? 

Permítanme una doble precisión: primero, la triple exclusión que viven nuestros niños y jóvenes la heredará el próximo gobierno, hoy no es culpable de esta condición pero, mañana será responsable de encontrar una solución; segundo, no partimos de cero y negar los avances sería retroceder en el derecho conquistado por miles de niños, es irresponsable hacer caso omiso de esta evidencia. Veamos. 

El sistema educativo mexicano se caracteriza por su alto grado de exclusión, lejos de que la escuela nos acerque y el sistema educativo favorezca el ascensor social, ensancha las brechas entre nosotros y sabotea casi toda posibilidad de movilidad.

El arribo de un nuevo gobierno es siempre fuente de renovada esperanza. Contar con un gobierno que desea un México más justo y equitativo, y ve en el sistema educativo un brazo ejecutor para conseguirlo, es una oportunidad que no podemos perder. Sin embargo, limitar la visión sobre justicia social y equidad a la premisa de cobertura, es arriesgar el proyecto a una oportunidad fallida. Me explico. 

En México existe una generación herida que, año con año, se reproduce. De cada 100 niños en edad de ingresar a la escuela, 96 llegan a primero de primaria en tiempo y forma; seis años después, 77 alcanzan primero de secundaria; y sólo 57 logran entrar al primer año de media superior en su edad normativa. Tenemos un problema de permanencia que empieza desde el origen, que nace en la primera infancia y crece a lo largo de la educación básica y media superior. Tendremos que preguntarnos si es suficiente un programa de becas o de universidades públicas en los municipios para combatirlo.

Más allá de esta primera exclusión expresada en el fenómeno del abandono escolar, existe una segunda exclusión mucho más perversa por silenciosa. De los jóvenes que sí logran mantenerse en el sistema y terminan secundaria, dos de cada tres no aprenden lo que necesitan para seguir aprendiendo, de acuerdo a los últimos resultados de la prueba PLANEA. Estos jóvenes están excluidos, pero todavía no lo saben. 

Por otro lado, construir ciudadanía en un país en el que la participación nunca ha sido una preocupación real de nuestra política educativa, dice mucho de nosotros como sociedad: la voz de los niños pareciera no importar; esta es una tercera forma de exclusión. Por ejemplo, en los foros sobre el nuevo modelo educativo convocado por las autoridades en 2016 participaron apenas 200 niños de todo el país en un solo foro en la Ciudad de México. La Consulta Popular que está por comenzar bien haría en escuchar la voz de los niños y fomentar políticas que la cultiven durante todo el ciclo escolar. Entonces sí pudiéramos afirmar: queremos escuelas porque queremos mejores ciudadanos. 

Entonces, garantizar el derecho a aprender de la niñez y juventud en México implica estar, aprender y participar en la escuela. Dejarle todo a la cobertura corre el riesgo de hacernos perder una oportunidad valiosa para un México más justo y equitativo. 

Finalmente, la conquista de todos los derechos humanos siempre es progresiva. Progresar implica focalizar y ajustar; aprendamos de lo que hemos hecho en los últimos años - de nuestros logros y de nuestros errores - y construyamos a partir de esta realidad para seguir profundizando. 

Les doy un ejemplo, existen nueve entidades de la República que claramente avanzan a un sistema educativo cada vez más incluyente. Cada vez más niñas y niños están y aprenden en la escuela; es el caso de Puebla, Campeche, Sonora y Sinaloa por citar sólo algunos. Conocer estas experiencias está en el interés de todos los involucrados en el sistema, particularmente del Gobierno de la República, porque no se trata de un solo sistema educativo, sino de 32 sistemas diversos. 

En medio de  las consultas populares, de la derogación de la reforma educativa o del cambio del próximo gobierno, una sola interrogante nos motiva: ¿y los niños? 

Que así sea.

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@juanmejia_mzt