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OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

 

2018: LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

Exigimos por mucho tiempo ser considerados o tomados en cuenta cuando alguien decidiera por nosotros. Se presentó la oportunidad y ahora resulta que el asunto es técnico. Para este caso en particular, la consulta popular es para tomar una decisión acerca de una solicitud expresa por el presidente electo Andrés Manuel López Obrador para que la ciudadanía considere seguir o no con la obra del NAICM. Como lo señalaba el Peje antes de las elecciones “el Pueblo tendrá la oportunidad de conocer puntualmente lo que se va a hacer de aquí en adelante”.

Si hablamos de una democracia directa o democracia pura en la que el pueblo ejerce el poder mediante la convocatoria de una asamblea, entonces pudiéramos pensar para qué hay elecciones, pero no hay que olvidar que las atribuciones de la asamblea son únicamente para decidir aprobar o no, un asunto que se pone en el centro de la mesa. Como lo anterior es imposible de hacerlo cada vez que se tenga que decidir, entonces el mandato lo ejercerá el presidente de la nación. Pero nada se pierde con convocar al pueblo para una gran decisión que va de por medio el futuro de la nación misma. El caso del NAICM debió haberse consultado a los expertos antes de iniciar cualquier tipo de obra, pues todos sabemos y es costumbre de los poderosos en México, hacer las cosas por voluntad propia y nunca por voluntad democrática. Hoy sabemos que la zona donde se construye el mega proyecto tiene más negativos que beneficios, y que los estudios técnicos no están muy claros para confiar completamente en ellos. Lograr un resultado consensuado mediante la consulta directa, no es nuevo en México pues a saber que las elecciones tienen estas figuras mencionadas. El derecho a decidir cuando el ciudadano es afectado por algún proyecto gubernamental es al menos respetable escucharlo, pues el afectado tiene argumentos que pueden orientar la obra en otra dirección. Sin embargo, se puede caer en una dictadura de la mayoría si no se logra el consenso que tanto se persigue. El tiempo es un factor limitante para llevar al cabo este tipo de consultas, al menos que ya haya estructura que pueda realizarla de manera rápida. Como sea, la consulta puede generar un proceso dilatorio. Pudiera servir para este caso la consulta popular digital, que en su juicio se hiciera valer de una plataforma digital en la que el ciudadano pudiera emitir su voto de manera directa. La claridad de la petición en términos de las preguntas estará sujeta a que no haya dobles sentidos en ellas. Responder a las preguntas de manera llana es lo más conducente. Hay ejemplos de los llamados referéndum ciudadanos, uno de ellos es el Brexit. La salida del Reino Unido de la Unión Europea fue un proceso político que atrajo la atención del mundo. Otro de los ejemplos de la consulta ciudadana fue el cambio de proyecto del aeropuerto en Francia, compromiso hecho por Emmanuel Macron en campaña. Construcción que no se llevó al cabo por el pretexto que usted quiera, pero que allá fue un problema ambiental. Un tercer ejercicio del referéndum popular o consulta, fue el seguir permitiendo que funcionara el aeropuerto de Tegel, en Berlín. Dicho referéndum con un 56.1 por ciento de votos a favor, los berlineses decidieron no cerrar y seguir contando con el aeropuerto de Tegel.

Como usted puede observarlo, las consultas populares o referéndums son a todas luces una herramienta que ayuda a atemperar los movimientos sociales que se manifiestan por ciertas inconformidades. No digamos NO al regalo que el Peje quiere hacernos. La consulta popular, aunque no es bien vista por los intereses económicos y políticos, debe darse sin menoscabo del mandato del nuevo presidente electo Andrés Manuel López Obrador. Ahora bien, creo que tenemos el derecho de decir NO ó SI, a una obra que nos someterá por muchos años a pagar un precio demasiado alto por ella. Recordemos que si esta consulta popular hubiese existido antes, hubiésemos dicho NO a una serie de endeudamientos que hoy estamos pagando todos los mexicanos. Por el bien de todos, primero los pobres. Así sea.

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