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Ernesto alcaraz v

COLUMNA VERTEBRAL

 

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

En la reciente campaña electoral una de las consignas de López Obrador fue “el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México será cancelado”. Que se construirían dos pistas en el de Santa María que alternaría con el actual de la Ciudad de México. Ganó la elección, pero hoy está dubitativo en qué decisión tomar.  

Ya en su carácter de Presidente Electo explicó que su equipo de colaboradores haría una revisión exhaustiva del Proyecto en mención, de las licitaciones de obra y del presupuesto asignado, y verificar por qué los costos se habían alterado del proyecto original. Pero sobre todo que no fuera oneroso para el nuevo Gobierno. Bien el planteamiento.  

Después consideró la posibilidad de concesionarlo a los inversionistas privados renunciando a costos y beneficios. Luego, con el proyecto en mano, solicitó al Colegio Nacional de Ingenieros Civiles que le sugirieran las recomendaciones más convenientes. Que le dieran certeza y claridad para su decisión.

Ahora dice que buscará a organismos de los más calificados en aeronáutica para que analicen exhaustivamente el dictamen y elaboren un nuevo estudio sobre la viabilidad del proyecto de José María Rioboó sobre la construcción de dos pistas en el aeropuerto de Santa María, precisen los riesgos que pudiera presentarse en su construcción y operación.   

Con ello descalificó al grupo MITRE, uno de los más calificados del Mundo en el diseño sobre viabilidad y operación de los más importantes y modernos aeropuertos del mundo, y que en el de Texcoco, han venido asesorando desde 2013. Y finalmente su última decisión: Que la decisión se tomará a través de una Consulta Popular Vinculante, que se desarrollará en octubre.

Lo anterior ha generado mucha confusión y muestra que López Obrador está metido en un serio dilema. Una decisión justa y correcta que corresponda a su calidad de próximo Jefe de Estado y que genere certeza financiera y jurídica a los inversionistas y que beneficie a los usuarios que demandan un mejor servicio y genere empleos.

            Tiene en su favor un bono social que no debe dilapidar. Del 53 por ciento de su votación, hoy la población lo respalda con el 64%, lo que le permitiría sacar sin problema la resolución deseada en una Consulta Popular.

Si la orientación de su intención política es NO, saldrá adelante, pues aún quedan aún los resabios del pasado proceso electoral de rechazo al Presidente Peña Nieto y a los partidos políticos del PRI, PAN y PRD. Y más, porque los señalamiento de posibles actos de corrupción en la construcción del nuevo aeropuerto harán mella en el ánimo de la población.

            Por más que exprese Andrés Manuel que la campaña ya terminó y que estaban abocados a las cosas de gobierno y pedir a sus seguidores bajar el tono de la confrontación para lograr la reconciliación nacional, el cruce de insultos y difamaciones sigue. Sabe bien que la decisión que tome estará bajo el escrutinio de la población y por la presión de sus fieles seguidores.

  Si se decide que el proyecto prosiga o concesionarlo al Sector Privado, es posible que encuentre críticas y reclamos a su decisión de parte de sus correligionarios. Y si opta por la Consulta Popular es seguro que será una nueva algarabía y alegría como la sucedida el pasado 1 de julio. Pero el gozo en algún momento pudiera revertirse en desencanto e incertidumbre en caso de que la decisión no resultara la adecuada. Por eso una decisión de tal envergadura debe tomarse con suma serenidad. 

Es que no resulta lógico ni correcto que se ponga a consideración del pueblo una decisión tan complicada que no entiende y carece de la información básica sobre lo que va a decidir. Un grave riesgo por sus implicaciones, y creo, sería un cálculo político equivocado. El ego personal y el beneficio político no deben incidir en esta decisión tan delicada. Esperemos que la resolución sea la más razonable.