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ARTURO SANTAMARIA

ARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

 

López Obrador no fue muy enfático en decir durante su campaña que el impulso del turismo sería importante durante su gobierno, pero una de sus propuestas más importantes apunta para allá.

En efecto, el Tren Maya, que enlazará a Yucatán, Quintana Roo, Campeche, Tabasco y Chiapas, busca centralmente un mayor desarrollo turístico de lo que podríamos llamar la Ruta Maya Mexicana.

Quintana Roo es el estado con el mayor desarrollo turístico del País, y Yucatán no se queda muy atrás, pero Campeche, Tabasco y Chiapas, aun con San Cristóbal de las Casas, no pueden presumir lo mismo.

No parecería necesario incluir a la Riviera Maya en ese proyecto, un corredor ya muy explotado, pero la idea es que teniendo al principal destino turístico de América Latina como lo es Cancún, este sirva como el enlace o plataforma para llevar el turismo, y con ello desarrollo, a otras zonas de la cultura maya que son poco o nada visitadas.

El tren cubriría mil 500 kilómetros de recorrido, una distancia mayor que la que va de la Ciudad de México a Culiacán; es decir, estamos hablando de una gran obra que demandará mucho dinero: entre 125 y 150 mil millones de pesos, se calcula en estos momentos.

Los críticos dicen que es demasiada inversión para un proyecto inviable y dañino. Hablan de que costaría mucho más, que carece de estudios de factibilidad y que dañaría severamente el medio ambiente de zonas protegidas.

López Obrador y Miguel Torruco, el próximo Secretario de Turismo, han dicho que eso no sucederá porque se utilizarán derechos de vía férrea ya existentes de propiedad federal, que también se hará uso de derechos de vía de carreteras ya construidas e incluso del trayecto de las líneas de la Comisión Federal de Electricidad.

Las objeciones son muchas, de hecho cada propuesta de AMLO recibe de inmediato muchas críticas y descalificaciones, pero a numerosos empresarios turísticos, como a los agrupados en la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles, y otros de la industria de la comunicación, tanto nacionales como extranjeros, les convence la idea.

De hecho, en Quintana Roo ya tiene rato trabajando ese proyecto y están en pláticas con inversionistas asiáticos y europeos al menos para el trayecto férreo en su estado.

AMLO y Torruco dicen que la inversión será mixta; es decir, pública y privada, aunque no se han establecido porcentajes y que el tren, que también será de carga, servirá a trabajadores y turistas de ingresos medios, y contará con servicio de lujo.

No desconocemos que Chiapas, Campeche y Tabasco necesitan muchas inversiones, pero tampoco podemos negar que en ese proyecto se perciben las preferencias personales de AMLO. Es la región a la que pertenece y eso lo lleva a favorecerla. Eso han hecho casi todos los presidentes y gobernadores, si no pregúntenle a Quirino Ordaz.

¿Pero qué pasa en otras zonas del País?

Cuando López Obrador visitó Escuinapa durante su campaña prometió que iba a relanzar el Centro Integralmente Planificado-Playa Espíritu. Y cuando Miguel Torruco se reunió antes de las elecciones con un amplio número de empresarios turísticos de Mazatlán, Rosario y Escuinapa hizo énfasis en que impulsarían proyectos plenamente sustentables y de “reconciliación social”, aunque no hizo un planteamiento específico para Sinaloa.

Para tomarles la palabra a AMLO y a Torruco Marqués habrá que actuar y no sentarse a esperar. Es decir, habrá que cabildear, buscar entrevistas con ellos, presentarles planes y propuestas.

En este espacio he mencionado que MALOVA apoyó la creación de la Universidad Tecnológica de Escuinapa (UTESC) pensando en la formación de profesionistas altamente capacitados que se emplearan en el CIP. Este ha quedado trunco, se estancó en la infraestructura urbana básica, una interesante reserva ecológica, un valioso invernadero y un pequeño hotel que no se ha echado a andar, por lo que la mayoría de los egresados de la UTESC han tenido que emigrar a Mazatlán, Culiacán y otros estados de la República.

La universidad, sin embargo, no se ha quedado con los brazos cruzados. Por lo pronto, gracias a que el Gobernador Quirino Ordaz cumplió su palabra, se pavimentó la calzada de dos kilómetros que enlaza el flamante edificio de la institución con la carretera internacional. En septiembre, por fin, después de muchos años de espera, la UTESC contará con sus propias instalaciones. A la vez, prepara propuestas y profesionistas para que un CIP reformulado sea una realidad en el próximo sexenio.

El CIP, plenamente sustentable y de nuevo tipo, tendría un enorme impacto no tan sólo en el sur de Sinaloa sino en el conjunto del estado. Pero todo depende de las acciones de las nuevas autoridades locales, de empresarios domésticos y externos, lo que propongan sus universidades y el gobierno de Sinaloa, así como de pescadores y agricultores que en un nuevo esquema turístico, de “reconciliación nacional” como apunta Torruco Marqués, contribuyan a crear un nuevo paradigma de desarrollo turístico en Sinaloa y el País.

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