Ya disponible para su descarga la Revista Didáktica Octubre 2018 https://bit.ly/2Q7Bw6I

OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

 

2018: LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

 

Como esas viejas historietas que leíamos de niños, siempre esperando ver lo grandioso del personaje y lo que haría en función de lo que había hecho. Los poderes de cada personaje se dejaban ver conforme a la situación que se vivía en ese momento. Personajes con la cara oculta y algunos otros con el rostro a medias. El antifaz cubría la parte reconocible del personaje y eso solo bastaba para que pasara inadvertido a la gente que lo observaba. El héroe siempre aparecía en los momentos más apremiantes a la situación urgida, y claro, remediaba con sobrada fuerza el conflicto en cuestión. De pronto un héroe hacía pareja con otro héroe y de esa manera se formaban grupos de héroes que luchaban armónicamente para salvar a la comunidad. En una parte de nuestras vidas hemos soñado con ser parte de esos héroes que custodiaban a la nación y hacían valer su fuerza y audacia para mantener la justicia, primero que nada. En México no han abundado esta clase de personajes con los que nos sintamos orgullosos, si en parte han existido ladrones que los tomamos como héroes y hacemos de ellos ejemplo de vida. Esa situación de ponderar alto a los “malos” en un asunto de remediar las inconsistencias de nuestros deseos, nos han llevado a mal entender este asunto de la justicia. De pronto todos aquellos personajes que observamos en los diversos eventos televisivos o cinematográficos se convierten en héroes de nuestros momentos más significativos. El cine estadounidense se ha encargado de formar imágenes que nos apropiamos de ellas para configurar el tipo de personas que impactan en la vida social que vivimos. Son los malos los que nos dejan asombrados, porque algo de bueno tienen; nada menos que acabar con los más malos y corruptos de las películas. Entonces recreamos en nuestras mentes esa figura de salvador, pero es una figura ficticia que solo vive en nuestras mentes y los malos, los reales, a quienes deberíamos acabar, siguen en el mundo haciendo sus maldades. Cobramos la vigencia de esos malvados y les entregamos autorizaciones para que nos sigan robando nuestros tesoros y asesinando a nuestras familias. El caso es muy parecido a lo que veo en mi querido México, que sin dar pauta a lo que observo, descubro que parte de esas historietas las vivimos en nuestra nación. Malvados que se roban nuestro tesoros, asesinos que acaban con nuestras familias, ladrones que se llevan nuestras riquezas, servidores que se sirven a ellos mismos, funcionarios que no tienen vergüenza, políticos que son la antítesis de la ley y de la constitución política de nuestros estados libres y soberanos. Cobijados todos ellos con un manto acrítico de personajes intelectuales, que a la sombra de todo eso y acostumbrados a los privilegios de muchos años, los defienden y atentan con nuestra inteligencia. Servidores públicos que llegan al colmo de la amenaza, con un discurso que ni ellos mismos lo creen. Críticos con la capacidad de manejar la pluma hacen sus escritos con una gran dosis de letras que ocultan la verdad y enarbolan la defensa de esos degradados servidores públicos. Personajes que bien pudieron ser héroes pero escogieron el papel de villanos. No han entendido que solo tenemos una barcaza en la que vamos navegando todos, y que debemos remar todos para poder avanzar, si no más rápido, al menos avanzar por el camino que mejor nos lleve a tener una vida más digna para todos. Hoy tenemos el gran privilegio de mandar todos en nuestra nación haciendo lo que debemos hacer. Debemos proyectar mentalmente y con acciones congruentes y palpables, el destino que todos deseamos. Debemos convertirnos en héroes haciendo cada quien lo que nuestros valores nos indiquen que hagamos con toda la capacidad, con toda la destreza, y con las habilidades que hemos formado en cada uno de nosotros.

Somos distintos todos, pero todos sabemos hacer algo y hacerlo bien. Siempre hay alguien en casa que nos mira como héroes, no los defraudemos. Y siempre podemos hacer algo y mejor para que los pobres sean primero. Así sea.       

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