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OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA 

2018: LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

 

El día 8 de agosto fuimos testigos de un acto protocolario que hiciera el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación con la entrega de la constancia a Andrés Manuel López Obrador, ya no virtual sino presidente electo de México.

Tendremos que reconocer, nos guste o no, que AMLO es un personaje chapeado a la antigua a la usanza de los viejos políticos mexicanos, en cuyo caso sus rasgos son diferentes y por ser diferentes, Él es diferente. Es válido y aceptable oír exigencias a su mandato, incluso antes de ser el presidente de México. Las personas que se acercan a la casa de transición o cuartel general de Morena, ignoran, muchos de ellos, que AMLO tomará posesión de su cargo de presidente hasta el día primero de diciembre. Algunos perfiladores de la personalidad humana, ningún experto,  han dicho que este personaje tiene en su haber el compromiso humano de cumplir con lo que promete, habremos de dar cuenta de ello conforme pasa el tiempo, no me adelanto, ni hago conjeturas por el simple hecho de caerme bien o mal. Lo cierto y también habremos de reconocerlo, el poder lo adquirió antes de ser el virtual presidente de México. Un caso único hasta la fecha de la historia de México. Por ese hecho, AMLO habrá de pasar como uno de los presidentes que empezó su mandato al siguiente día de haber ganado las elecciones. Este día 8 de agosto será para muchos el día que México vio la luz del cambio, de la transformación, de la cuarta transformación de México. Sus palabras fueron escuchadas por millones mexicanos que estábamos presentes frente a la pantalla televisiva, ante ese hecho histórico, seguramente muchos de los televidentes derramaron algunas lágrimas, ese fue mi caso, las recibimos con agrado y en aras de una interpretación que nos lleve a reflexionar, trataré a mi capacidad de encontrarles el sentido discursivo que marcará a la nación para el inicio de la cuarta transformación, harta esperada. En primer lugar, reconoce a los líderes de la coalición “Juntos Haremos Historia” un reconocimiento que no ha dejado de hacer en los foros donde él se apersona, un reconocimiento, de que por nosotros los mexicanos, Él está allí y será el próximo presidente de México. AMLO inicia su discurso con las siguientes palabras:

“Participo con entusiasmo y solemnidad en este importante acto, en el cual, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, me ha entregado la constancia que me acredita como Presidente Electo.

Antes que nada, rindo homenaje al Pueblo de México por su evidente vocación democrática. Agradezco a los ciudadanos que depositaron en mí su confianza y reconozco la madurez política de quienes aceptaron los resultados electorales…”

Este reconocimiento que hace AMLO habremos de aceptarlo con gusto, que en el caso de las autoridades electorales, no les quedó más remedio que haberlo aceptado, pues la votación fue por demás demoledora. Continúa diciendo:

“…No cabe duda de que vivimos momentos realmente históricos. Muchas han sido las enseñanzas del pasado proceso electoral, pero considero que su saldo más importante fue la demostración de la elevada conciencia cívica y la sólida dignidad republicana que hemos alcanzado los mexicanos…” Cuando habla de la sólida dignidad, creo que se está refiriendo al principio básico del estado de derecho, mismo que se vieron obligados a resarcirlo por la abrumadora votación del pueblo de México.  Para luego seguir diciendo:

“…Ha sido sorprendente y ejemplar lo acontecido el 1º de julio; nuestra sociedad manifestó su entereza y su talento, y así lo han reconocido otros pueblos, países y gobiernos del mundo.

Ahora nos corresponde asimilar correctamente los sentimientos expresados por el pueblo al emitir el sufragio y ser ejecutores escrupulosos y fieles de ese mandato. Considero que la gente votó por un gobierno honrado y justo. En mi interpretación, la mayoría de los ciudadanos mexicanos están hartos de la prepotencia, el influyentismo, la deshonestidad y la ineficiencia, y desean con toda el alma poner fin a la corrupción y a la impunidad…” En este párrafo prácticamente encierra su postulado de lucha. El grueso de su discurso se basó en el contenido de éste párrafo, de allí se desprende el hartazgo que los mexicanos habíamos tenido y que era el momento de hacerlo valer, ese hartazgo se convirtió en el ariete que derrumbara los muros del sistema corrupto, viejo y anacrónico, modelo de gobierno que no podía seguir siendo hegemónico. Luego entonces dice:

“…Millones de compatriotas aspiran vivir en una sociedad mejor, sin la monstruosa desigualdad económica y social que padecemos. Ha sido muy satisfactorio constatar que incluso los sectores de clase media y no pocos de los más acaudalados  manifestaran con su voto el deseo de mejorar la situación del prójimo y su acuerdo en el principio de que el gobierno ha de representar a todos, pero que debe dar preferencia a los olvidados y a los más pobres de México…”

Este modelo que plantea AMLO es el modelo constitucional que en su articulado existe en letra pero no existe en los hechos. Habremos de ser testigos que tendremos un gobierno para ricos y pobres, un gobierno para todos. Y sigue:

“…Considero que otro de los mandatos de la mayoría es el evitar la violencia, atendiendo para ello las causas que la originan y reformular la política de seguridad, hoy centrada casi exclusivamente en el uso de la fuerza, a fin de construir la reconciliación nacional en el bienestar y en la justicia…” México ha sufrido la batalla permanente de los malos, de los malvados, de los injustos, de haber tenido por muchos años mandos de gobierno que no centraron su ejercicio en la justicia ni en la equidad, mucho menos para construir una nación fuerte y luchadora por el devenir de todos. Continúa diciendo:

“…Entre las muchas lecciones del  1º. de julio debo destacar también  una que tiene como destinatarios a los dirigentes políticos y a los servidores públicos; es decir, a nosotros mismos: la gente votó para que exista en México un verdadero Estado de Derecho; el pueblo quiere legalidad, no la simulación que en la aplicación de la ley ha persistido desde el Porfiriato.

Los mexicanos votaron también para que se ponga fin a las imposiciones y los fraudes electorales. Quieren castigo por igual para políticos corruptos y para delincuentes comunes o de cuello blanco.

La ciudadanía  plasmó en su sufragio el anhelo de que los encargados de impartir justicia no actúen por consigna y que tengan el arrojo de sentirse libres para aplicar sin cortapisas ni servilismos el principio de que al margen de la ley, nada, y por encima de la ley, nadie…” Sin duda que el carácter de estadista del personaje que sabe alentar, sabe también exigir y en esa tesitura, el líder de cualquier movimiento sabe estructurar la fuerza viva de cualquier movimiento. Sigue:

“…En lo que a mi corresponde, en mi carácter de titular del Ejecutivo federal actuaré con rectitud y con respeto a las potestades y la soberanía de los otros poderes legalmente constituidos; ofrezco a ustedes, señoras y señores magistrados, así como al resto del Poder Judicial, a los legisladores y a todos los integrantes de las entidades autónomas del Estado, que no habré de entrometerme de manera alguna en las resoluciones que únicamente a ustedes competen.

En el nuevo gobierno, el Presidente de la república no tendrá palomas mensajeras ni halcones amenazantes; ninguna autoridad encargada de impartir justicia será objeto de presiones ni de peticiones ilegítimas cuando esté trabajando en el análisis, elaboración o ejecución de sus dictámenes y habrá absoluto respeto por sus veredictos.

El Ejecutivo no será más el poder de los poderes ni buscará someter a los otros. Cada quien actuará en el ámbito de su competencia y la suma de los trabajos respetuosos e independientes fortalecerá a la República y el Estado Democrático de Derecho transitará del ideal a la realidad...” Con lo anterior está haciendo a un lado el viejo régimen de gobierno para instalar uno nuevo, la autonomía en el ejercicio de los poderes será entonces una realidad y habremos de constatarlo, la ley que nos gobierna será para todos y no como antes se acostumbraba a aplicarla, se acabaron los compadrazgos y los familiares. Y remata diciéndonos:

“…No olvidemos nunca que debemos la apertura de estos nuevos horizontes al pueblo, al pueblo soberano que está por encima de individuos, grupos o facciones, por poderosos que sean o que parezcan.

En la elección del 1º de julio quedó demostrado que así como el autoritarismo y la abyección envilecen y desprestigian a las instituciones, la voluntad democrática de la ciudadanía puede renovarlas  y fortalecerlas.

No desaprovechemos o desperdiciemos este momento de condiciones políticas inmejorables para llevar a cabo la cuarta transformación de la vida pública de México. El pueblo ha conquistado con energía y dignidad su derecho indiscutible e indiscutido de regir sus propios destinos y de ser gobierno.

Contamos con amplias bases de legitimidad para hacer realidad el deseo colectivo de vivir en paz, con justicia y libertad.

Sólo me resta decir que actúo guiado por principios y soy perseverante. Ninguna tentación me quitará la autenticidad o desviará mí camino en la búsqueda del humanismo y la fraternidad.

Reitero: voy a cumplir todos los compromisos de campaña, no le voy a fallar a los ciudadanos y habré de ser fiel en todos mis actos al interés, la voluntad y el bienestar del único que manda en este país: el pueblo de México.

¡Que viva la cuarta transformación del país!

¡Que viva la nueva república!

¡Que viva la voluntad soberana del pueblo!

¡Viva México!

¡Viva México!

¡Viva México!”, (fin del discurso).

Sin duda un discurso que nos hace remitirnos a los principios de toda legalidad, a la letra misma de nuestra Carta Magna y a la misma estructura del poder que se justifica en cualquier acción, siempre que vaya dirigida a alcanzar la justicia en cada acto de gobierno. Sin duda, el discurso se ha venido construyendo desde que AMLO empezó todo este movimiento y que culminará con la toma de protesta este primero de diciembre de 2018. La promesa es grande como grande es la nación misma, no habremos de temerle al cambio, pues de él dependemos todos.

Aun sabiendo que existen fuerzas opositoras al cambio por así convenir a quienes las muestran con sus acciones, también las hay positivas que deseamos un México digno en donde podamos contemplar los atardeceres sin el susto de estar vivos. Por el bien de todos, primero los pobres. Así sea.

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