NO ROBAR, NO MENTIR, NO TRAICIONAR. **** Ya está disponible la Revista Didáktica Agosto 2018 para descarga. https://bit.ly/2wDgMLA ****

OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

 2018: LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

Pareciera que en México el robar se ha convertido en una competencia justificada y aprobada por los mismos congresos locales y nacionales. Claro, no se le llama robar, se le llama desviar. El desvío de recursos públicos ha sido por mucho tiempo un artífice usado para tomar dinero de una cuenta y aplicarla a otra. Para los que entendemos poco de esto trataré de ser un poco más explícito. El asunto aquí es que desviar recursos etiquetados es un delito que se paga, al menos se sanciona con algo, puesto que el desvío se asocia con la corrupción y cuando esto se da, pues imagine usted lector lo que está pasando con esas finanzas públicas.

La palabra misma nos dice que el dinero no va a su destino para lo que fue etiquetado o destinado. Muchos funcionarios públicos no le temen a la fiscalización de los recursos, pues la impunidad en el estado mexicano es tan grande que prácticamente se autorizan a sí mismos poderlo hacer. Al beber de ese elixir pretenden seguir haciéndolo. No sé si el desvío de recursos está tipificado como desfalco o malversación de fondos, si este fuese el caso, la cárcel sería el destino lógico al que infringe esta regla. Pero si sabemos que el desfalco es una ofensa estatutaria y si se acepta como tal, entonces el desvío es una desviación de la regla, por lo tanto el desvío puede considerarse como desfalco y si es así, entonces puede ser motivo de cárcel. Aquí se tendría que ver a los abogados del sistema que se creó para regular esas acciones administrativas del gobierno y como todos sabemos pues, las reglas se aplican a los enemigos del sistema, nunca a los que en él están. En este gobierno de Peña lo admisible fue lo inadmisible, pues a saber que los que desviaron recursos de los erarios estatales, algunos han sido perseguidos por las autoridades y en otros, las mismas autoridades se han hecho de la vista gorda. Aquí se cumple aquel viejo dilema, “a los amigos de mis amigos, todos los beneficios, a los enemigos de mis amigos todo el peso de la ley”. Sin duda que el colapso del sistema mucho obedeció a estas prácticas que se venían sucediendo gobierno tras gobierno. No fue un candidato el que derrotó al sistema, fue el mismo sistema que se derrotó a sí mismo. En aras de entender este asunto y del porqué sucedieron las cosas tales como la vimos, es que algo dentro de nosotros mismos ya había la iniciativa de tratar de cambiar las cosas, pero faltaba el empuje de algo y desde luego ya pasado el evento, lo podemos decir fácilmente qué fue. Ahora bien, dada la historia recién pasada debemos y tenemos que aprender de ella, pues de no hacerlo podemos repetirla, eso sería inadmisible como lo fue la culpabilidad de Elba Esther Gordillo, presa por este gobierno por así convenir al sistema anquilosante y agotado y hoy puesta en libertad. Culpable o no, sabemos que fue un abuso del poder fáctico del poderoso que se esconde tras una de tantas instituciones que no fueron hechas para cometer tales atrocidades, pero que los intereses mezquinos del grupo en el poder tergiversaron su función. Debemos aceptar que finalmente la justicia llega cuando menos se le espera y hoy 8 de agosto de 2018, dos acontecimientos formaron parte de nuestra historia. El segundo, es el reconocimiento de la votación de este primero de julio, donde la sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación hace entrega del acta donde se reconoce el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones recientes pasadas. Hoy es ya Presidente Electo de México. Por lo tanto y por el bien de todos, primero los pobres. Así sea.

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