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OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

2018: LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

Estamos por llegar al 50 aniversario de una tragedia nacional. Misma que lastimó en lo más profundo a millones de mexicanos. Familias que no han conciliado el sueño ni han podido encontrar el descanso merecido. El 2 de octubre de 1968 es más que una fecha, es la huella dejada en el tejido humano de cada mexicano. Es la marca de un sistema totalitario y corrupto, que inmerecidamente se sostuvo en el poder y que no habíamos sido capaces de acabar con él. El dispendio y las desapariciones forzadas, son su marca favorita. Hoy a casi 50 años de haber sucedido a esa desgracia, lo seguimos recordando y creo que lo seguiremos haciendo hasta dejar este mundo. A ese evento se le agregan muchos más, como si no hubiera sido suficiente la masacre de Tlatelolco. Ayotzinapa será un nuevo estandarte de lucha, como un refrendo para no olvidar el 2 de octubre. La noche del 26 de septiembre del 2014 será una nueva fecha para recordar siempre. 43 estudiantes desparecidos sin pista alguna del paradero de ellos. Como esas abducciones insospechadas, que las autoridades en lugar de ir a la búsqueda de pruebas, las ocultaron más. México, lugar donde pernoctamos los dolidos y agraviados, los maltratados y ultrajados, si no por el gobierno, por las mafias delincuenciales. Lugar de zozobras y desencuentros. Lugar de no saber dónde están los amados, pero nunca olvidados hijos del Águila. Lugar en dónde se encuentra el paraíso terrenal y a la vez el infierno candente por las balas que zumban el ambiente. México y los mexicanos merecemos un templo mayor, edificado con ladrillos de huesos y mezclados con las lágrimas y la sangre de todos los sufridos por el mismo dolor. 50 años después y el dolor que no se va. Un recuerdo del ayer que lo convierte en hoy, un verbo en su modo infinitivo de siempre estar. Un presente que se niega a ser ayer. Un recuerdo de un siempre estar. 50 años de lucha por restaurar la justicia y la paz. Por hacer y pretender de México un país consciente, por luchar para reducir la desigualdad social y por lograr la conciencia en todos lo que estamos en él. El 2 de octubre no se olvida, como nunca olvidaremos cada evento causante de dolor y sufrimiento. Vemos que el tiempo pasa pero no olvidamos. Esas marcas en nuestra piel jamás podrán ser borradas. Son 50 años de una de tantas tragedias que nadie desea volver a sufrir. La república, que en estricto apego de su definición, tendrá una variante a partir del primero de diciembre, y esta será, que la democracia es ya una realidad que viviremos de aquí en adelante. Esa representación verdadera de los intereses de los ciudadanos puede ser una realidad concreta, y como tal, podremos sentirla en cada acto de nuestra vida cívica-social. Es claro que debemos esclarecer el bien de todos, donde primero sean los pobres. Así sea

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