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ARTURO SANTAMARIA

ARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

 

Todo lo que sirva para conquistar o preservar el poder es política, pero no cualquier medio ni cualquier fin político es democrático.

Es muy común que en México y en todo lugar donde abundan las simulaciones se diga que una maniobra tramposa o una mañosada es ejemplo de capacidad política. Y sí, en efecto, no hay política sin engaño- en esta columna lo he comentado muchas veces- pero cuando la política se convierte en manipulación permanente aquella se pervierte. Para que la política sea un medio para la disputa civilizada y democrática es necesario que prevalezca la ética por encima de cualquier otro recurso.

Lo anterior viene a colación porque los priistas, panistas y perredistas en varios estados de la República, o al menos en Sonora, Veracruz, Morelos, Guerrero y Sinaloa, después de haber sido arrasados electoralmente el 1 de julio, han querido dar una especie de golpes de estado legislativos a futuro contra la mayoría electa mediante maniobras leguleyas.

En efecto, de una u otra manera, las bancadas priistas en tres casos, la panista con el PRI en Veracruz, y la perredista y aliados en el Congreso morelense, han legislado al vapor, como se intenta en Sinaloa o se intentó en Sonora, para con una minoría maniatar a los diputados de MORENA, quienes serán mayoría legislativa en sus respectivos congresos.

La principal preocupación de los partidos desplazados del Poder Legislativo en esos estados es el manejo financiero de los gobernadores que pertenecen a sus institutos políticos. Y en el caso del PAN, en Veracruz, se legisló para que no se entreguen los documentos de las cuentas de Yunes al próximo Gobernador que pertenece a Morena.

Y es que en el nuevo contexto político nacional en el que los nuevos Congresos, donde MORENA es mayoría y aquellos pasen a ser contrapesos reales de los gobernadores que pertenecen a los partidos derrotados, éstos empezaron a maniobrar para frustrar el peso mayoritario que en el futuro tendrán los órganos legislativos en el acontecer político de los diferentes estados, ya sea mediante la aprobación o modificación de leyes o mediante la conformación de comisiones que no estarán bajo la férula de los ejecutivos.

En Sinaloa hasta el 31 de julio no se había consumado el burdo putchismo priista de quitar atribuciones a la Junta de Coordinación Política, replantear la Mesa Directiva y crear un nuevo instrumento, el Comité de Administración, para controlar el presupuesto. 

El golpismo tricolor pretende anular el voto ponderado y, por lo tanto, sabotear a la mayoría morenista que fue concedida democráticamente por la ciudadanía sinaloense. Y lo peor de este golpismo es que, según el Diputado panista Roberto Cruz, el priismo recurre al burdo intento de soborno. Trescientos mil pesos valdría para el PRI la voluntad de cada diputado comprado para impedir la voluntad ciudadana. A billetazos se intentaría cañonear a políticos dispuestos a retorcerle el pescuezo a la futura mayoría legislativa. 

Los diputados tricolores han negado la especie crucista y dicen que lo demandarán. Se dicen indignados, y quizá ellos no lo hicieron, pero los cañonazos de dinero son una norma de su partido.

Quirino Ordaz ha querido negar su injerencia en el golpismo legislativo, él sostiene que la iniciativa no es suya; si tal declaración fuera cierta eso querría decir que el empresario mazatleco no tiene el liderazgo de su partido. En la tradición priista los gobernadores tienen el manejo político prácticamente absoluto de su partido, así que Quirino es un Gobernador muy débil o simula. Y, en efecto, después del 1 de julio, es un mandatario debilitado, pero en el caso particular de la iniciativa golpista trata de ocultar su mano.

En efecto, PRI, PAN y PRD están haciendo política, pero leguleya, maniobrera. Se resisten a aceptar el mandato democrático de las urnas. Lo que no ganaron mediante el voto lo quieren obtener mediante el putchismo legislativo.

El viejo régimen y lo peor de la tradicional política mexicana se resisten a desaparecer. 

Los políticos de viejo corte no quieren aprender una nueva cultura política donde también debe haber ética y, por lo tanto, aceptarse la decisión de las mayorías democráticas.

No va a ser nada fácil construir un nuevo régimen y una nueva cultura política en el País. 

Hay muchas y fuertes resistencias, aun en MORENA; pero el deseo mayoritario, aunque sea difuso e informe, es que se establezca un sistema político plenamente democrático.

En lo inmediato, es evidente, que lo que más preocupa a los ejecutivos estatales del PRI, PAN y PRD es que desnuden sus manejos financieros. Y no tanto porque ellos no definan dónde gastar sino cómo se gasta. Les preocupa se descubran los desvíos, los usos indebidos de los presupuestos públicos. A los gobernadores les angustia que se acabe la corrupción.

La posibilidad más real de que se vaya creando un nuevo régimen político reside en la acción ciudadana, en su crítica, vigilancia, organización y movilización. Todos los políticos deberán ser rigurosamente vigilados. Todos, incluyendo, en primer lugar, al triunfador porque si éste que ha prometido el cambio y la esperanza de algo mejor, no actúa bien, se habrá frustrado una vez más la alternativa de construir un sistema político democrático sólido, firme, y con ello, se profundizaría la crisis del conjunto de la sociedad mexicana y no tan sólo de la esfera política.

Posdata

No descarto que un feroz converso como Manuel Bartlett sea un político con muchas tablas y que en la última etapa de su vida quiera quitarse los pesados pecados que carga contra la democracia mexicana, pero ¿qué necesidad había de que AMLO lo nombrara Director General de la CFE, cuando hay de sobra mujeres y hombres honestos y capaces para dirigirla?

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