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AlfonsoAraujo

LA NUEVA NAO

 

ALFONSO ARAUJO

 

Cuando Gao Zong (S. I a.C.) ascendió al trono, pasó un largo tiempo sin proferir palabra. Los oficiales de la corte se preocupaban por esto, pero un día el monarca finalmente empezó a pronunciar edictos. Aliviados, le preguntaron por qué había guardado silencio tanto tiempo. Él contestó, “Temía que mis palabras no estuvieran a la altura de mi posición, de modo que pasé todo ese tiempo estudiando la situación del imperio”.

El Rey Cheng de Zhou (S. XI a.C.) estaba en el jardín con su hermano menor, Tang Shuyu. Tomando una rama de un árbol, la blandió de la forma que se usa un cetro imperial de jade y la puso sobre el hombro de su hermano, diciendo, “Así te hago señor de un feudo”. Shuyu, contento, relató el episodio al Duque de Zhou. Éste, yendo con el rey, preguntó, “Su Majestad acaba de conceder un feudo a Shuyu?” El rey dijo: “Desde luego que no, sólo bromeaba con él”. El Duque de Zhou replicó,  “El Hijo del Cielo no habla en balde; cuando dice algo los escribas lo registran, los poetas lo cantan y los oficiales lo proclaman”. Ante esta admonición, el rey tuvo que conceder el feudo, haciéndose más cuidadoso con sus palabras en adelante.

El Rey Zhuang de Chu (S. VI a.C.) no gustaba de atender los asuntos de la corte. Durante los primeros tres años de su reino se entretenía con juegos de adivinanzas. UUn día, el oficial Chenggong Jia entró a la sala imperial y el rey le dijo: “He prohibido las admoniciones. ¿Qué asunto te trae aquí?” El oficial dijo, “No he venido a presentar una crítica sino una adivinanza”. El rey accedió a escucharla. “Había un ave parada en la rama de un árbol. Durante tres años no se movió, ni voló, ni cantó. ¿Qué ave es ésta?” El rey, avergonzado, dijo: “Seré digno de mi posición. El ave no se movía pues estaba determinando sus objetivos; el ave no volaba pues estaba esperando a que sus alas se fortalecieran; el ave no cantaba pues primero observaba las palabras de los demás. Pero cuando el ave se mueva y cante, verás que llega alto y hace que los hombres la escuchen”. Al día siguiente el rey ofició en la corte, promoviendo a varios oficiales y cesando a otros, y viendo las peticiones pendientes.

El Duque de Bo le preguntó a Confucio: “¿Es posible mantener un secreto? ¿No es como tomar una piedra y echarla al río?” Confucio dijo: “Un nadador la puede encontrar”. El duque dijo, “¿entonces no es posible mantener un secreto?” Confucio respondió, “sólo entre personas que saben de la real importancia de las palabras”.

El autor es académico ExaTec y asesor de negocios internacionales radicado en China

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