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JESÚS ROJAS RIVERA

Para el gobierno colonial de la Nueva España, su majestad el Rey dispuso de una figura político administrativa que ejercía las potestades de la Corona en tierras lejanas. El Virrey solo seguía órdenes del Rey y era supervisado -muy de vez en cuando- por los visitadores, un conjunto de hombres que no tenían facultades sobre los regentes de las Indias, y sólo se limitaban a servir de relatores de las acciones del representante del soberano en tierras nuevas.

Los virreyes cumplían funciones políticas, administrativas, militares, económicas, civiles, judiciales, culturales y hasta religiosas. Eran todo y lo podían todo, menos estar en contra del Rey a quien juraban lealtad absoluta y obediencia abyecta, porque de lo contrario y ante el desacato, podrían ser sometidos a juicio.

Pongo estos párrafos en contexto para saber las razones del mote a la nueva figura propuesta por Andrés Manuel López Obrador quien al conocer los resultados electorales anunció la creación de un nuevo cargo en la administración pública federal bajo el nombramiento de “Coordinadores Estatales” quienes, siguiendo una estrategia para la austeridad y el adelgazamiento burocrático, sustituirían a los delegados federales y asumirán un rol de enlace entre el Gobierno Federal, los gobiernos estatales y municipales.

Serán pues los virreyes de la República, 32 por todo el país, responsables en cada entidad federativa de la salud, la seguridad, la economía, la educación, el trabajo, la agricultura, la pesca, la gobernabilidad, la sustentabilidad, el deporte, el desarrollo social, la recaudación fiscal, la vivienda, las comunicaciones, el transporte y un largo etcétera que llegará hasta la responsabilidad de las lecherías Liconsa. Estos prominentes y superdotados prodigios de la administración pública tendrán en ellos la función administrativa de todo y no podrán cobrar, porque así lo dirá la Ley, más que el Presidente.

Por donde se vea, es un verdadero absurdo, una tomada de pelo y un juego de apariencias. Evidentemente seguirán existiendo los delegados federales, se les cambiará el nombre y figurarán con otra categoría pero sus funciones de coordinación, seguimiento, evaluación de los programas  y políticas federales no pueden estar en un solo individuo. Es imposible.

Pero vamos más allá, aun el tabasqueño no toma posesión del cargo y ya los nombró, dijo quiénes serán y qué funciones específicas les encargará. Así de un plumazo, como tal como el Rey de España disponía de los cargos en los Consejos de Indias, sin modificar la Ley de la Administración Pública Federal, sin aval de nada y por la ley de lo que se le vino en gana dio los nombres de sus virreyes.

En la lista figuran sus leales, sus candidatos derrotados y figuras estatales del próximo partido en el poder que buscan por consigna estar en la palestra para futuras competencias electorales. En Jalisco por ejemplo, nombró a Carlos Lomelí, el candidato que fue aplastado en las urnas por el aliancista Enrique Alfaro. Las reacciones no se hicieron esperar, era impensable que el ganador de la contienda compartiera espacios con el derrotado. “No necesito intermediarios para platicar con el Presidente de la República” dijo Alfaro, además de asegurar estar listo para emprender una lucha legal si se empeñan en “querer pelear” lo que en la Ley está claro.

Pero el caso de Lomelí no es el único donde Andrés Manuel quiere jugar con la carta de los derrotados en las urnas. Delfina Gómez en el Estado de México, Miguel Ángel Navarro en Nayarit, Joaquín Díaz Mena en Yucatán. Además de ellos, figuran en la lista dirigentes estatales de Morena y liderazgos locales que responden absolutamente al Movimiento de Regeneración Nacional.

Lo más interesante está por verse, falta definir el rol en las funciones administrativas y políticas de estos nuevos perfiles, pendiente también el proceso legislativo que marcará y delimitará el ámbito de acciones de los virreyes. Quedan muchas dudas por resolver: ¿Darán cuentas a alguien más que al Presidente? ¿Qué relación llevarán con las autoridades municipales y estatales? ¿Se dejará la CONAGO picar los ojos? ¿Cumplirán los propuestos con el escrupuloso perfil de la “todología”? El culebrón virreinal que se viene no me lo pierdo, vayan sacando las palomitas porque se va a poner bueno... Luego le seguimos.


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