50 AÑOS DESPUÉS; 2 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA ****

OSWALDO DEL CASTILLO
CORTOS REFLEXIVOS
OSWALDO CASTILLO CARRANZA
2018: LA LUCHA


Estamos en la guerra mediática, una que no descansa y cobra la vida de muchas conciencias. Muchas de ellas con grandes lagunas de comprensión y de un entendimiento claro y preciso. En México existimos una diversidad de personas que logramos coexistir por la tolerancia, la paciencia, y de mucho, por la ignorancia. El que tiene más quiere más, el que tiene algo, no dese perderlo y el que tiene nada, subsistir a como se pueda. Bajo esas tres dimensiones quiero poner en claro este escrito.

La primera dimensión: el que tiene mucho: el gran empresario, el que se considera poderoso en México y en el mundo, el que puede viajar por el globo sin disminuir un ápice su fortuna y seguir su vida sin ninguna dificultad. El gran empresario que se ha acostumbrado a disponer de grandes cantidades y hace todo lo posible para que éstos nunca falten para él y para su familia. El gran empresario que tiene los huevos en muchas canastas para resguardarlos de los altibajos de los movimientos económicos y financieros que pudieran resquebrajar sus ganancias y claro, disminuirlas.

La segunda dimensión: los que tienen menos mucho y algunas veces un poco más; son los empresarios medianamente poderosos hasta llegar a la pléyade de los profesionistas que viven un poco más allá de la medianía económica sin dejar de vivir los altibajos económicos que la misma vida les propina. Esta dimensión es la receptora de todos los agridulces de la vida, de las inconformidades y laceraciones que la propia estructura gubernamental les fija como un elemento obligado, a sufrir los efectos de la mala política y de la incapacidad de los gobiernos para operar programas que beneficien a todos. E igualmente sufren del acaparamiento de los grandes empresarios que se encuentran coludidos con el poder político.

La tercera dimensión; los que nada tienen: es la población que vive con cinco o menos salarios mínimos. Ésta dimensión se “conforma” con lo que tiene y trata de no conflictuarse con las demás dimensiones. Vive con “por no decir en” la escasez y expuesto a las inclemencias económicas sorteando su supervivencia en aras de mantenerse ocupado solo por el día que vive. Esta dimensión no planea su vida en función de parámetros medibles, no se constituye en los programas de vivienda y si en los programas asistenciales. En esta dimensión está la gran mayoría de los mexicanos; casi 50 millones en pobreza y 9 millones en la extrema pobreza. En este mosaico poblacional y muy colorido por cierto, pues a saber, las etnias en México que son un poco más de 50 sufren la insuficiencia económica por la poca valoración de sus productos fabricados con sus manos. Pues bien, en este contexto se viven las elecciones más importantes de México de todos los tiempos.

Imponer la democracia con estos elementos se antoja algo muy difícil lograrlo, el voto cobra sentido cuando abundan las formas de adquirirlo a favor de uno y en contra de otro. La fuerza gubernamental, amafiada por cierto, recrea un modelo ilegitimo de imposición para lograr alterar la decisión de los ciudadanos. La primera dimensión abona a esta ilegalidad para no perder los privilegios que le son otorgados por la misma composición del poder en un país como el nuestro. En la segunda dimensión, se encuentra la intelectualidad, misma que algunas veces niega los desequilibrios engendrados de un abuso del mismo poder. Esta dimensión construye andamiajes de protección ligados al estado y supeditados a un ejercicio medianamente mediático, basado en la supremacía escolar, se separa de la tercera dimensión creando para sí misma privilegios cómodos que la mantienen encajonada en un status quo irrenunciable.

La tercera dimensión es la más afectada en cuanto a privilegios no compartidos a esa clase de personas. Los pobres, los desafortunados que viven al día y que promueven la escasez, no por decisión propia, sino por no tener los recursos para evitarla. Ante una grave separación social, ésta dimensión vive deseando siempre tener lo que tienen los demás. Buscan ocuparse en un afán de remediar el hambre que cotidianamente tienen y que nunca los deja descansar. Esta dimensión es la más proclive de vender el voto y es la dimensión con la que se ensaña el poder mismo. Millones de personas no logran tener un imaginario que los haga ver, mucho menos pensar, que sería de ellos con un México distinto. Si bien es cierto que el asistencialismo daña, también lo es que esta dimensión lo busca para remediar en mucho, las necesidades siempre latentes en ella. En esta dimensión se encuentra la gente del campo, que sin remedio alguno y que por la falta de programas de desarrollo está migrando a la ciudad, provocando con ello la desaparición de un estilo de vida que México tenía y que podía sustraer de ella una buena parte del alimento nacional. Esta dimensión ha sido objeto de ser la bandera de muchas luchas y so pretexto de lo anterior, cuando se ganan las batallas, no logra colocarse en un status de mayor nivel de privilegios o beneficios.

Habremos de recurrir a la sapienza de esos pocos para equilibrar la extrema distribución de la riqueza y otorgarles, a los más desafortunados, fuentes de trabajo que les apoye a subsistir dignamente. Así sea     

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