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Ernesto alcaraz v
COLUMNA VERTEBRAL

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS


Hasta hace apenas un mes, con motivo del Primer Debate Presidencial organizado por el INE, se criticaba que las comparecencias eran a modo de los candidatos, que no había claridad, precisión y fueran contundentes en sus  propuestas. Que fueran serios y convincentes en sus proposiciones para motivar la participación ciudadana. Que ofrecieran planteamientos claros y precisos para que los electores visualizaran el mejor perfil de los contendientes. Y que votaran informados. Que no fueran encuentros tediosos y de poca calidad propositiva.  
Así entonces, había motivos sobrados para reconsiderar el formato de los debates políticos. Desde el moderador que interactúa y exige a los candidatos secuencia en el tema.  Pero…a pesar del nuevo formato, el debate del domingo fue tedioso, de pocas propuestas y sí, de una lamentable impunidad verbal. Y es entendible, porque las propuestas y explicaciones de los candidatos no son valoradas de la misma manera como influyen los insultos y las descalificaciones. Y el del domingo, fue pródigo en acusaciones e insultos.   
Sobre la participación de los presidenciables, puede destacarse el buen ejercicio didáctico, técnico y de mayores alcances en las propuestas de José Antonio Meade, ya echado pa´delante y con más aplomo político. La mayoría de analistas han considerado que fue el más claro, preciso y convincente. El que más dominio tuvo de los temas tratados. El de más aplomo y seriedad. Y claridoso en sus señalamientos.
Con respecto a López obrador se apreció su falta de argumentos y superficialidad en los temas tratados. Lo dicho, a Andrés Manuel no se le da el debate. Por eso seguirá flotando y jugando con su ventaja en las encuestas, hasta que perciba que no son tan abultadas como se señalan. Su estrategia de evadir el debate con salidas fáciles y simples ocurrencias, es una estrategia que difícilmente pueda sostener en los últimos 40 días de campaña.
Ricardo Anaya es bueno en la esgrima retórica, pero sigue sin darle orientación y claridad a sus propuestas. Consideró que los insultos y acusaciones pegan más en la emoción del ciudadano que el razonado y juicioso planteamiento. Y es una tenaz intención de vencer a la razón, porque ésta no es un uso constante del pensamiento, y la emoción, no requiere de esfuerzo ni de entendederas: Llega, se registra, altera el estado de ánimo y por ella actúa.

Y en este escenario emocional están jugando también los periodistas, moderadores de los debates, porque si bien inician un ejercicio de aprendizaje para acomodarse a este tipo de formato, han advertido que son proclives al protagonismo mediático y al lucimiento personal. Por lo pronto, seguiremos, sin desearlo, enredándonos con las encuestas y dividiéndonos, y poniendo en riesgo nuestras buenas costumbres por la pasión electoral. Inconveniente  idea que hay que desechar.  
Y sobre ellas merece la atención lo siguiente: En las encuestas últimas se han venido reflejando dos factores que pudieran ser importantes en el resultado de la elección: Los electores “indecisos”, que aún no definen por quién votar, y los “volátiles”, que cambian de decisión en cada encuesta o cada mesa de debate y discusión. Eventos que motivan incertidumbre o la corrección del sufragio.
Y un comentario adicional: En las encuestas publicadas en medios hay diferencias que rebasan el porcentaje del error estadístico. Significa que algunas están equivocadas y otras no. Pero ¿cuál sí y cuál no? Y la duda crece cuando una ofrece ventaja de 14 puntos al puntero y en otra le da sólo 6 puntos. ¿Cómo conciliar estas diferencias? Y más todavía en cuánto a los indecisos: Reforma, por ejemplo, dice que son 18 por ciento del Listado Nominal; pero El Financiero señala 38%; Consulta Mitofsky da 26.8 por ciento y GEA-ISA 21%. ¿A quién creerle? ¿Y sabe Usted lo que representa un punto porcentual? Aproximadamente 600 mil votos. Por eso la incertidumbre en los resultados del 1 de julio.