50 AÑOS DESPUÉS; 2 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA ****

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J. SERGIO RAMÍREZ RIVERA

ACERCA DE LA DESAPARICIÓN FORZADA Y LOS “LEVANTONES”.

¿Cuántos casos de desaparición forzada y de levantones, ha resuelto la Fiscalía General en Sinaloa? ¿Y qué número de casos de los 9,680 homicidios dolosos (casi 10 mil asesinatos) ocurridos desde el mes de enero del 2011 hasta el 15 de mayo pasado, se han investigado y aclarado, lo mismo de haber alcanzado la justicia penal?

Uno de los eventos que en razón de vida, resulta igual o más angustiante para un gran número de personas, es ser consciente de la inminencia de la muerte física, en tratándose de la propia o de algún Ser querido, es acusar la ausencia e ignorar el paradero y destino de quien se ama o más grave, llegar a sufrir la desaparición forzada de uno mismo o de algún familiar. Es el evento de la desaparición forzada acaso, uno de los actos criminales que a la par del secuestro, llega a afectar con mayor agudeza la psique personal no sólo de las víctimas directas e indirectas, sino afectar sensiblemente el ánimo de la colectividad misma. Más aún, cuando se sabe que la ejecución de dicho acto criminal,  se llevara a cabo con violencia y el uso de las armas.

Y son los familiares, los que como víctimas indirectas no sólo llegan a acusar y sufrir la condición de angustia y zozobra de ignorar el destino de quien desapareciera en tales condiciones, sino además de pasar a imaginar todo tipo de torturas que pudiera estar sufriendo este mismo. Por igual, más allá del estado de psicosis que este mismo hecho pudiera contraer, son los familiares además, los que empiezan a padecer el vía crucis que representa el desgastante y largo proceso de revictimización oficial, no sólo durante el tiempo de búsqueda y localización de la víctima, sino de exigencia para obtener la procuración de justicia..

A pesar de la gravedad de este acto criminal, la desaparición forzada ha venido a ser una práctica criminal demasiado socorrida. Lo mismo unas veces, ejecutado por miembros de la delincuencia organizada; y otras, por sujetos contratados exprofeso; y que en tratándose de la autoría intelectual, lo mismo se responsabiliza a sujetos miembros del crimen organizado, que a algunas instancias y miembros de la parte oficial, los que producto de la corrupción y del abuso de Poder, ordenan y en su caso, llegan a ejecutar dicho acto criminal. Para confirmar esto último, sólo habría que llevar a cabo una ligera búsqueda en internet y se encontrará con una gran información, producto de investigaciones realizadas por Organismos de Derechos Humanos, como por publicaciones de fuentes oficiales como de fuentes periodísticas.

En esta exploración posible, se verá también que de entre las víctimas de dichos hechos, no sólo se encuentra a personas vinculadas a la ilegalidad, como con frecuencia se pretende hacer creer. Desgraciadamente también, se llegará a advertir a Activistas sociales, Periodistas y profesionales de diversas especialidades y de las Artes. Escritores, Analistas políticos y Críticos de los gobiernos en turno, Estudiantes, jóvenes –hombres y mujeres-, Empresarios de cualesquier actividad económica y miembros de las Corporaciones policiales, de diferentes grados en la cadena de mando; más que a sujetos involucrados en actividades criminales.

En Sinaloa, hablar de desapariciones forzadas es hablar de “levantones”; y viceversa, al hablar de “levantones”, habría que hablar de desapariciones forzadas, a más de la creciente IMPUNIDAD que la ejecución de este crimen viene acumulando, producto de la “casi nula” por no decir “nula” investigación criminal en que las autoridades de la fiscalía General del estado incurren frecuentemente, al adjudicar tal hecho a la “delincuencia organizada”, a los cárteles criminales, lo que por lo visto resulta suficiente para justificarse y no investigar ningún crimen, no obstante que por ley, están obligados a hacerlo. Por consiguiente, tanto los familiares como la misma ciudadanía, terminan por ignorar las causas que motivaran a la autoría intelectual como material, la ejecución de este crimen, de cada caso en particular.

Por otra parte, y no obstante la gravedad de su impacto y consecuencias en la psique social, tal hecho viene a resultar crecientemente preocupante dada la frecuencia con que se registran, sin importar edad, sexo y ocupación; lo mismo que el origen y condición social y profesional. Que igual sucede en cualesquier espacio y tiempo. Y que difícilmente se llega a saber del destino final de quienes han sido sujetos de una desaparición forzada. Más sin embargo, cuando se logra obtener información sobre alguna víctima, “casi siempre”, por no decir “siempre” resultan de fatales resultados, en tanto que la obtención de dichos datos “casi siempre”, por no decir “siempre”, se obtienen al encontrar ejecutada a la víctima. Las víctimas de desaparición forzada “casi siempre”, por no decir “siempre” terminan asesinadas, no sin antes -en su mayoría-, haber sufrido torturas y en su caso, violaciones de todo tipo; y por último en no pocas ocasiones, terminan siendo desmembradas con el propósito de dificultar su identificación.

Sólo como dato estadístico, se tiene que según el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas, en México han desaparecido alrededor de 35 mil 424  personas desde enero de 2014 al 31 de marzo de 2018. Durante este mismo periodo, Sinaloa registra a 2 mil 798 personas, lo que le ubica en el 4º lugar nacional, por arriba de otras 28 entidades. De las que cabe destacar, alrededor del 42 %, casi la mitad de esta cifra de víctimas, son adolescentes y jóvenes adultos de entre los 10 y 29 años de edad.

En México como en Sinaloa, una de las principales causas por las que esta práctica criminal persista y se lleve a cabo con frecuencia, es la insultante IMPUNIDAD que en el caso de Sinaloa, más que reducirse tiende a acrecentarse. Que igual puede decirse del estado impune que guardan los homicidios dolosos y otros delitos ocurrentes en la entidad.

No menos grave resulta la inconveniencia de la prolija progresividad y penetración social que la usanza del término “levantón” viene refiriéndose de entre los colectivos sociales, con énfasis entre los segmentos de jóvenes, los que con franco atrevimiento (u osadía?... reto?) vienen adoptando el manejo y uso del término de “levantón”, en la usanza del lenguaje de comunicación entre los grupos juveniles. Tales prácticas, no sólo conllevan a tratar de explicarse el desparpajo con que los jóvenes manipulan los usos del término sino, a revisar y analizar los alcances de su contenido en cuanto a la utilidad de su  “carga amenazante”. Este último, resulta un tema que por su alta significancia e impacto sociológico, vale comentarlo en reflexiones posteriores.

El tema de las desapariciones forzadas, más conocidas de entre el vulgo sinaloense como “levantones”, representa una asignatura aún pendiente para la academia. La posibilidad de llevar a cabo un ejercicio que conlleve una revisión puntual de este fenómeno criminal en el contexto regional, resulta por demás oportuno no sólo desde el enfoque criminológico, sino desde la perspectiva antropológica y sociológica como desde la piscología social, a fin de recuperar con el análisis teórico, objetivo y crítico, la dimensión de su impacto en el orden social.  

…Son tiempos de evaluación. En este lacerante crimen Qué se ha hecho y qué no? Qué áreas ha sido por las insuficiencias y qué áreas vienen adoleciendo de la simulación, que también es corrupción…??.

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Colegio de Criminólogos, Victimólogos, Criminalistas y Forenses de Sinaloa, A.C.