NO ROBAR, NO MENTIR, NO TRAICIONAR. **** Ya está disponible la Revista Didáktica - Julio 2018 para descarga. https://bit.ly/2ACM7TQ

OSWALDO DEL CASTILLO
CORTOS REFLEXIVOS

OSWALDO CASTILLO CARRANZA
2018: LA LUCHA

Muchos recordamos al “joven maravilla” Carlos Salinas de Gortari, que fue el presidente más joven que pisaba Los Pinos, hoy otro joven maravilla que quiere desbancar al “padre de la desigualdad moderna”, que según Andrés Manuel, es el culpable y creador también de la “mafia del poder”. Para entender un poco este asunto de los 30 años después, tendremos que irnos al momento en que Carlos Salinas se impone como presidente de México. Precursor del Tratado del Libre Comercio de América del Norte. Fue el desarticulador de las empresas que estaban al cuidado de la Nación, incluida la Banca. Restaura la relación estado-iglesia y construye el andamiaje para la diplomacia con la Santa Sede. Si bien hemos transitado por la sinuosidad de un México venido de la independencia, la reforma y la revolución, llegando finalmente al establecimiento de un modelo económico y político que agrede a la sociedad entera, no por el hecho de haberlo establecido, sino por el abuso que hicieron quienes no entendieron la manera de ponerlo en marcha para generar cambios armoniosos y beneficiosos para la nación entera. Y que en ese afán de acumular riqueza, es que rompimos con la estructura misma que amalgamaba nuestra Constitución, misma que dejamos de cuidar lo que había protegido por mucho tiempo; la propia soberanía de México. El estandarte que nos protegía de la intromisión de los países poderosos a nuestra nación, cayó finalmente ante la batiente búsqueda del hedonismo político y el hambre de poder que otorgaba la acumulación de riqueza y que se depositaban en las cuentas bancarias de los servidores públicos y empresariales de nuestro México postmoderno. Olvidamos las cruentas luchas por la democracia y la agresión misma que la desigualdad generaba a las clases sociales, mismas que nos mantuvieron unidos por una temporalidad alargada, que sostenida por los engaños, se lograba esconder la verdadera causa por la que iban los buscadores de poder y riqueza, a ultranza de un sistema solapado por el enriquecimiento rapaz de las familias que mantuvieron sus bienes desde la misma Colonia. La desincorporación de la empresa mexicana, que permaneció por mucho tiempo en manos de la nación, finalmente el estado-nación se separa de ellas bajo el prurito que nos iba ir mejor estando ellas en manos de los particulares. Ese fue el engaño de Salinas para entregar la riqueza nacional a empresarios de reciente cuño, que se creyeron los hijos del dios naciente bajo el nuevo modelo económico que abrazaba la globalización en este nuevo concierto económico internacional de los grandes millonarios: el neoliberalismo. Olvidando al desamparado, al obrero y al campesino que por siglos esperaron la justicia en manos del usurpador. La equidad tanto tiempo esperada, no llega por sí sola. Pues el hambre del poder se enseñorea con la propiedad misma avasallada por el apetito desmedido siempre, de querer más y más. ¿Cómo explicar que en el país con más pobres, exista uno de los más ricos del mundo? ¿Cómo explicar que en el país con más pobreza exista el dispendio más grande, que bajo instrumentos engañosos, justifiquemos las obras más caras en nuestra nación misma? Sobra decir que no ocupamos aviones caros para que el presidente haga llegar inversiones grandes que nos sacarán de la pobreza extrema. El mundo postmoderno que nos prometen los mismos que están, nunca podrán justificar del por qué se entercan en que las obras deben terminarse por el simple hecho de que ellas nos harán transitar por el camino del bienestar general de nuestro pueblo. Engaños como esos y como otros tantos, están llenos de falsedades y de inconsistencias que someten y comprometen a la nación con pasivos enormes cuyos beneficios-beneficiarios son únicamente para la clase en el poder y de los empresarios que se coaligan a ella.

En estos 30 años, hemos sido testigos del saqueo de México y del empobrecimiento de su pueblo. Hemos visto cómo se dilapida nuestra riqueza en aras de sostener a una clase política y empresarial, que no distingue ni mira, hacia abajo, solamente ven las estrellas y las alturas de sus edificios donde pernoctan en sus pent-houses. Políticos encumbrados todos, a no perder sus prerrogativas ni sus privilegios y que junto con ellos, a una clase social agraviada en la que me encuentro yo y millones de mexicanos, que tememos perder, por el hecho mismo de votar por otro que no sea del propio sistema anquilosado y agotado. 30 años en los que hemos visto pasar la propiedad de todos los mexicanos a extranjeros. 30 años que hemos sufrido la violencia y la corrupción y sin más nos escondemos en el discurso de un sistema que nos agravia y nos sostiene las promesas de siempre, y que si esas promesas fueran ciertas por qué no las aplicaron cuando fueron funcionarios y servidores públicos; y que hoy nos vuelven a prometer. 30 años oyendo lo mismo de siempre y culpando a otros de lo que ellos mismos hicieron. 30 años, en los que hemos sido testigos de un México saqueado por tantos gobernadores que se escudan en las verdades a medias y que esas verdades a medias, son en realidad mentiras. Mentiras que soportan y solapan los hechos y que nos abren los ojos para ver lo que hay dentro de las mentes de esos políticos y de algunos empresarios que no quieren cambiar y que quieren seguir perviviendo de las dadivas de un gobierno corrupto.

Si señores, a ustedes les digo, quieran un poco más a su nación y dejen de fingir que nos quieren hacer un bien, cuando en realidad vemos la mentira en la estructura misma de sus discursos que nos agravian más cada vez que lo dicen. Y tu joven estudiante, indeciso por la misma apatía de la que fuiste objeto en tu escuela que te niega la verdad. Tu padre de familia que apenas tienes para mantenerte y que no puedes comprarte un pie de casa o un carro usado. Tu trabajador que vives de la promesa de tu propio inquisidor. Tu ciudadano de más de 50 años que has visto todo y que por dejadez piensas que con el sistema actual no sufrirás más y crees que el señalado por el sistema anquilosado, te hará vivir la extrema pobreza; estás equivocado. La extrema pobreza la estamos viviendo hoy, HOY, HOY.

30 años bajo el yugo del sistema de la desigualdad moderna, bien lo señaló AMLO al referirse a Salinas como el padre de esa categoría. La desigualdad moderna es lo que realmente vivimos en la actualidad. La desigualdad moderna se entiende como la parte más significativa del ser al no tener la manera de poder superar su propio nivel de competencias, sus limitaciones para prosperar económicamente, sus incapacidades para lograr la entera atención clínica y hospitalaria para ser tratado de una enfermedad que requiere los recursos materiales tanto como hospitales, médicos, equipos y medicinas para ser sanado. La desigualdad moderna es la que te somete a trabajos de medio tiempo y pagados con un salario mínimo que no alcanza para la alimentación, el vestir, el calzar, el trasporte, vacacionar y pagar los impuestos para gozar de una vida digna. La desigualdad moderna es la que te somete a no gozar de una vivienda, escasamente de una sola recámara. La desigualdad moderna es la que te obliga a endeudarte, a pedir fiado en las empresas departamentales, pagando obligadamente los intereses más altos, y hacerte desfilar cada semana a dar el abono con intereses de agio. La desigualdad moderna es la que te obliga a vivir hacinado y en viviendas desgastadas compartiendo tu cuarto con dos o tres familias más y que los ricos no se enteran nunca del cómo duermes, mucho menos de qué te alimentas. Esa misma desigualdad moderna es la que te hace comprar a crédito, para luego empeñar el artículo comprado y poder comprar las medicinas de tu hijo recién enfermo y que ocupas de pagar las medicinas más caras que nunca imaginaste comprar. Esa misma desigualdad moderna es la causante del despertar social y del querer cambiar a este sistema o modelo político cuyo padre es Carlos Salinas de Gortari. Es la misma que ha matado a tanto joven, es la misma que violenta el estado de derecho, es la misma que produce hambre, es la misma que lleva a la alza las desapariciones forzadas. Es la misma por la que tu no encuentras buenos trabajos y bien remunerados. Porque todo es caro cuando no se tiene el dinero para comprar lo que se necesita. Luego ustedes me dirán si existe o no la desigualdad moderna. Así sea.    

FELIZ DÍA DEL PROFESOR, DEL MAESTRO Y DE TODO AQUÉL QUE TRABAJA PARA LA EDUCACIÓN EN MÉXICO.

JUSTICIA PARA JAVIER VALDEZ. A UN AÑO DE SU MUERTE.

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