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MANUEL CARDENAS FONSECA
MANUEL CÁRDENAS FONSECA


Cada vez veo con mayor pesar cómo los ciudadanos somos víctimas de las pugnas entre políticos, funcionarios, comunicadores y “gurús”, que nos hacen parte de sus pleitos, pero sin escuchar nuestras voces, ni interesarles lo que pensamos o deseamos; pero eso sí, somos su pretexto perfecto para enarbolar la bandera de la democracia, de la justicia y de la libertad.

Tan sólo pienso en el pleito irresponsable, al que me referí en mi anterior artículo, entre el Fiscal de Sinaloa y el Presidente del Supremo Tribunal de Justicia del Estado y no dejo de preguntarme ¿qué tipo de funcionarios ocupan nuestras instituciones de justicia? y ¿cómo podemos pretender instaurar un verdadero estado de derecho en nuestra entidad y en nuestro país, con esta clase de personajes encabezando las instituciones?

Pero lo que más me preocupa es la presunta víctima, que parece que a nadie le importa y que hoy se ve entrampada en un “pleito callejero” que sólo mira por los intereses de los protagonistas y no por hacerle justicia. Hoy esta persona que presentó una demanda por acoso sexual contra el Presidente del Tribunal de Justicia, con todas las implicaciones que seguramente esto le acarreó, ha quedado en total estado de indefensión, sobre todo cuando los jueces y magistrados han manifestado públicamente su apoyo al Presidente del Tribunal sin haber conocido del caso; ¡qué irresponsabilidad! Si de juicios sumarios y mediáticos hablamos este es un claro ejemplo de lo que sucede en el país.

Por supuesto que debemos defender la presunción de inocencia, pero también debemos defender los derechos de las víctimas y no sentenciar sin haber existido un proceso previo apegado a la legalidad y en donde se respete el procedimiento. Revictimizar a una posible víctima y cerrarle todos los espacios jurisdiccionales, al menos a nivel local, para que su demanda sea atendida con estricto apego a derecho, sólo nos habla de intolerancia y de la aplicación de una justicia selectiva.

Qué garantías puede tener la denunciante, cuando por un lado es utilizada por el Fiscal para exponer a su adversario y, por otro lado, es descalificada por todo el cuerpo de juzgadores. Este uso de los ciudadanos con propósitos distintos a la justicia, es a todas luces injustificable e intolerable.

En un país donde sólo se denuncian 3 de cada 100 delitos, cómo podemos pedirles a los ciudadanos que denuncien, cuando no se les ofrece ninguna garantía de que sus casos serán atendidos con estricto apego a derecho.

Lo peor de todo es que este terrible caso no representa una excepción a la regla, sino más bien es un ejemplo claro de lo que sucede en la vida cotidiana en México, y no sólo en la procuración e impartición de justicia, sino también en la vida político-electoral y en el ámbito económico.

Con sólo ver las campañas electorales que hoy se realizan, podemos darnos cuenta que los ciudadanos somos los que menos importamos, nos convertimos en simples espectadores de un partido de ping pong, girando la cabeza de lado a lado y sin formar parte del juego.

Los candidatos a todos los puestos de elección popular están más preocupados de demostrar quién es el más corrupto, el más incapaz o el más “peligroso”, que de lo que queremos los ciudadanos. Con tal de derrotar al candidato “puntero” en las encuestas, nos hablan de mantener lo que hemos logrado sin querer darse cuenta que una buena parte de la población no está conforme “con lo que hemos logrado”, o con lo que han logrado sus gobiernos.

Tristemente vemos que los grupos empresariales (que son un sector de la sociedad y no toda la sociedad) han tenido que salir al “quite” ante la incapacidad de las fuerzas políticas en contienda de darle una verdadera “batalla” al candidato con mayores preferencias. Esto es lamentable porque pareciera que son los intereses de estos grupos los que deben prevalecer para elegir a un Presidente del país, que sea su “gerente” de proyectos, como si los intereses de otros grupos sociales no importaran.

A ello se ha sumado la reorientación de la campaña del candidato a la Presidencia del partido en el gobierno (vaya gobierno) que parece tener como punto nodal el señalar que los grupos económicos internacionales no ven con “buenos ojos” al candidato de Morena, pero lo que no dice es que los mercados ven bien que gane AMLO y solo los “amigos” del candidato oficial piensan distinto. Miren que yo siempre he sido defensor de la economía, pero me parecería muy lamentable para la democracia, no solamente de México, que se tenga que elegir a un gobernante por las simpatías que genere en algunos integrantes de los grupos económicos internacionales y de unos empresarios que se asumen la totalidad de los empresarios (enfermizamente), y no por la decisión libre de los ciudadanos. Me parece que estaríamos hablando de una forma de imperialismo económico.

Y a esto sumémosle las “torpezas” (por no decir algo más fuerte) de comunicadores que con sus acciones incitan a la polarización social y la violencia. Pero los ciudadanos, insisto, estamos ausentes de cualquier decisión, y sólo somos rehenes de esta lucha de intereses cuyos propósitos no se ven claramente.  Pero nuestra fuerza está en el voto y es realmente en las urnas donde vamos a expresar lo que queremos y entonces seremos tomados en cuenta, y entonces seremos fuertes.

Por ahora sólo nos queda reflexionar sobre estos temas y mientras tanto aprovecho para desearles un feliz día a todas las madres de México.

¡Muchas gracias y sean felices!
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