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OSWALDO DEL CASTILLO
CORTOS REFLEXIVOS


OSWALDO CASTILLO CARRANZA

2018: LA LUCHA



Muchos como yo hemos esperado por mucho tiempo poder llegar a un punto de nuestras vidas que nos sintamos totalmente satisfechos por lo que hemos logrado durante este tiempo de haber vivido. Y es que para ser sincero, debo reconocer que las promesas de todos aquellos que tuvieron la oportunidad de hablarme del futuro siempre preconizaron que con poder y dinero alcanzaría todo.


Después de algún tiempo de buscar esa fuente de poder y claro allegarme de los recursos monetarios, llegué a la conclusión fatal que esas dos cosas no logran la entera felicidad del hombre, al menos la mía. En estos tiempos de elecciones vuelve a mí el pensamiento, aquél que tuve, acerca de lo que había aprendido durante la juventud. A través de los años vas descubriendo que quienes profieren esas sentencias, no son los que realmente saben orientar a la personas y hoy, al tiempo, he visto como esas frases ha desviado a tantas generaciones a recorrer una ruta por demás desastrosa, al menos una ruta donde no se logra la felicidad que tanto se pregona en las escuelas de negocios o humanistas en cualquiera donde se paga enormes cantidades de dinero para lograr un título universitario.

Saber caminar por la vida aprendiendo lo indispensable para ser un hombre exitoso, no como cualquiera puede conceptuarlo, en estricto apego de lo que es exitoso, aquí entendemos el éxito como aquel que puede dormir sin ningún esfuerzo, sin dolencias en su cuerpo, sin malestares de hernias hiatales o quebrantos físicos, sin las cefaleas cotidianas y con los vacíos del alma que adolecen muchos y que golpean a los hombres inquietos que buscan los brillos del oro y los abrazos de todos aquellos que aseguran haber adquirido lo más valioso que el hombre puede tener: fortuna y poder. Las cargas que les estamos heredando a las generaciones emergentes son pesadas y a la vez vacías, sin sustento que amerite el esfuerzo por el que tienen que pasar por tantos años, creo que hemos equivocado o confundido la educación de nuestros hijos, que bajo argumentos meramente materiales y distanciados de todo aquello que en verdad tiene valor para el hombre y de la humanidad, insistimos en continuar con ella. El cofre que suponíamos guardaba los grandes tesoros, en verdad están vacíos de lo que verdaderamente vale y es que debemos revertir todo en un afán de buscar en el mundo sin perder lo esencial de la vida. Otorgamos el crédito sólo a aquellos que suponemos nos puedan pagar y nos olvidamos de los demás que carecen de la fuente real del poder. La pobreza en el orden material, simplemente significa no tener para comprar, en tanto la del alma es en realidad el no ser. Estoy cierto que hay muchas cosas que el poder y el dinero no pueden comprar y eso es precisamente lo que debemos enseñar en  nuestras escuelas. La búsqueda de todo aquello que intrínsecamente vale, es lo que hay dentro de cada ser humano y eso, mis amigos, lo hemos olvidado en estos tiempos sublimes en donde perdemos lo más, por lo menos. Probablemente todos esperamos en cualquier intercambio, un bien material como pago de un servicio o de un producto, mas nunca esperamos el agradecimiento eterno de alguien a quien le hemos resuelto, en parte, un problema existencial. Es tiempo de ir por la búsqueda de los sueños, aquellos imaginarios que nos hicieron crecer y que desarrollaron nuestro intelecto para enfrentarnos a los verdaderos problemas de la vida. Resolver con la capacidad del hombre y no por el valor del poder o del dinero. Quiero hijos capaces de solventar problemas pensando diferente, haciendo cosas inesperadas e inquietantes y que no se subestime por no tener el recurso monetario o el poder que otorga la componenda que deviene de relaciones de complicidades que desmejoran al hombre con el tiempo, haciéndolo un instrumento de la sociedad moderna y del sacrificio del alma por respaldarse del bien material, perdiendo la confianza en sí mismo. Así sea.    
 
 
 
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