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Ernesto alcaraz vCOLUMNA VERTEBRAL
ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

    Sin duda que los electores, con boleta en mano, decidiremos en este proceso electivo del 1 de julio de 2018. A pesar que los partidos políticos y candidatos hayan abdicado a sus identidades ideológicas y que se guíen por el pragmatismo electoral, sabremos distinguir la trayectoria y los méritos de cada quien. Aunque la proyección inicial haya sido que solos, ningún partido alcanzaba el umbral electoral necesario para ganar y por lo mismo se hayan integrado alianzas cuestionables, sabremos diferenciar perfiles y capacidades de uno y otro abanderado.
    Y a querer y no y a sabiendas o desatendiendo el impacto que tendrían sus coaliciones ante el electorado fueron sumando dirigencias y adeptos contrarios a sus principios programáticos, incluso adversarios de siempre, generando confusión y rechazo entre sus militancias. Sin duda será complicado que el voto fiel de Morena se direccione en favor de un candidato del PES, o que éstos sufraguen a favor de un moreno o petista. O que panistas hagan proselitismo electoral a favor del PRD en entidades donde no cristaliza esta simbiosis electoral.
Eso de ser acérrimos enemigos de siempre para convertirse en socios repentinos, se entiende por el interés mutuo electoral. Se decía que  el agua y el aceite no se llevaban. Y mire, hoy caminan juntos, aunque de muy mala manera. Consecuencias, que en aras de decidir las candidaturas presidenciales, descuidaron el tema político electoral en los estados y distritos del País en donde se cosechan los votos e inicia la integración representativa del poder público.    
Era de esperarse que las preferencias ciudadanas, igual que su identidad ideológica se habrían de respetarse, asumiendo que convivimos con una sociedad plural. Y por lo mismo nos asiste el derecho de disentir aunque los intereses ciudadanos no se sienta cobijo en la manta protectora partidista. Los ciudadanos exigen mejora y bienestar y los partidos, buscan sus conveniencias electorales.
Por eso ni rasgarse las vestiduras por los análisis críticos y comentarios mediáticos desfavorables que se ofrecen en torno a los cónclaves políticos construidos por las dirigencias nacionales. Ellos escribieron su historia, pero a final de cuentas lo acertado de su decisión será determinado por los electores en las urnas. Y en tanto, alejarnos de esa indeseable y recurrente  malicia de unas y otras coaliciones enfrascadas en un interminable proceso de descalificación.

El descrédito del ejercicio público y partidista abona a la incertidumbre ciudadana y alborota aceleradamente las emociones. La propuesta de reconciliación está cediendo el paso al rencor, a la maledicencia y al engaño entre los principales actores. Pero olvidan que en esta elección presidencial las decisiones las tomaremos todos. Incluso se advierte, que aún y cuando el voto es directo, secreto y universal, el interés asociado jugará un papel importante en este proceso electoral.
Los poderes fácticos, empresarios, hombres de negocio, iglesias y Organismos No Gubernamentales de la sociedad civil están dando sus opiniones y se están diferenciando con actos promocionales que inciden en el derrotero electoral. Así ha sido siempre. Y hoy más, porque se propone derogar reformas que afectan inversiones privadas e intereses sociales.
De ahí la importancia de persistir en el qué y cómo se piensa instaurar la “Cuarta Transformación” que propone López Obrador o el “Cambio Inteligente” que impulsa Ricardo Anaya, ante los pronunciamientos que sustenta José Antonio Meade y que tienen como soporte el respeto y el fortalecimiento de las instituciones y la continuidad a las reformas en el marco del respeto al Estado de Derecho.  Las dos visiones expuestas tienen críticos y seguidores radicales, pero la sociedad debe mantenerse dispuesta a la conciliación y la concordia para que el proceso se desarrolle en paz y armonía. Y si los principales actores fallan, nosotros debemos de esforzarnos y exigirlo. Es hora que los candidatos atiendan con seriedad a la ciudadanía y convenzan a los electores. No dividiendo al País ni confrontando a la población.