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ARTURO SANTAMARIA
ARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ


Las cinco primeras encuestas post debate le siguen concediendo una amplia ventaja a Andrés Manuel López Obrador. Tres de ellas, las de Reforma, Universal y Bloomberg, que son ampliamente reconocidas, más las que hace SDP Noticias a través de Facebook y La Silla Rota, en visita domiciliaria, señalan que Ricardo Anaya aumentó en promedio 4 por ciento a costa de Meade, Margarita y El Bronco; mientras que El Peje en Reforma y Bloomberg se mantiene en alrededor del 48 por ciento, en SDP 41.7 por ciento, en La Silla Rota 44 por ciento, y en El Universal 41.7. En esta última, Anaya va en segundo lugar con 22.4 por ciento y Meade en tercero con 13.8.

Todas estas encuestas colocan a Meade en un lejano tercer lugar, incluyendo la de SDP que lo colocó en anteriores mediciones en el segundo puesto.

Precisamente por esta última razón es que tanto al seno del Gobierno federal, dentro de grupos intelectuales afines al neoliberalismo, así como de poderosos grupos empresariales se presiona fuertemente para que Meade se baje de la contienda y el PRI apoye a Ricardo Anaya.

Los Pinos y el PRI están confundidos como nunca porque no saben qué hacer. Aurelio Nuño, Meade y los priistas en general hacia afuera declaran que todo sigue igual y que confían en la victoria. Peña Nieto dice que él como Presidente de la República no está metido en la campaña pero ya quitó a su amigo Enrique Ochoa y colocó al guerrerense René Juárez Cisneros, un experimentado operador electoral, como dirigente del PRI, a pesar de que el mismo miércoles por la mañana, en el noticiero de Carlos Loret de Mola, Aurelio Nuño negara, a pregunta expresa del periodista, que Ochoa fuera a ser relevado. Es decir, Nuño fue ignorado por Peña Nieto para tomar esa decisión o, simplemente, Aurelio Nuño ya no sabe dónde está o torpemente no quiso reconocer lo evidente porque ya se sabía que el demagógico Ochoa iba a ser destituido.

La realidad es que Meade quisiera tener gente suya en la campaña pero no lo dejan. Por lo pronto, ya le quitaron al disfuncional Enrique Ochoa.

Cuando Peña insiste en mantener a Meade como candidato nos está mandando la señal de que se va a jugar el todo por el todo en la operación electoral. El nombramiento de Juárez lo anticipa y lo confirma. Es decir, van a meter todo el dinero del mundo y a aceitar a los aparatos gubernamental y partidario para intentar un fraude electoral como nunca ha sido visto.

La ventaja de López Obrador sobre Meade es gigantesca, si tomamos la encuesta de El Universal la diferencia aproximada entre uno y otro es de 28 por ciento o alrededor de 17 millones de votos. Ante esa distancia un fraude se antoja imposible, pero el PRI tan no lo descarta que ya está trabajando en ello.

Anaya, sus estrategas y patrocinadores no descartan el objetivo de convencer a Peña Nieto de que lo apoyen a él para intentar detener al Peje. Saben que Felipe Calderón operó para favorecer a Peña Nieto en 2012 una vez que no vieron ninguna posibilidad de que Josefina Vázquez Mota pudiera ganar, y que varios gobernadores priistas, a través de Elba Esther Gordillo, hicieron lo propio para que ganara, “haiga sido como haiga sido”, Felipe Calderón en 2006. Así que con esos antecedentes los panistas saben que es perfectamente posible un acuerdo con Los Pinos.

No obstante, en el actual contexto, a pesar del distanciamiento y el descontento de miles de tricolores con la candidatura de Meade y el pésimo manejo que los tecnócratas tienen del PRI se antoja como imposible que se apoye abiertamente al candidato panista. Por supuesto que en Los Pinos pueden operar por abajo del agua y esa sería la única posibilidad de reforzar a Anaya, pero la maniobra sería tan visible que entre las bases priistas numerosas franjas de su partido preferirían votar por López Obrador.

Por otra parte, no es nada descartable que varios gobernadores tricolores, ante la debacle de su candidato, prefieran bajar los brazos, sabiendo que sin un priista en la Presidencia ellos se convierten en los reyes de su partido en cada estado y que partidariamente ya no le tienen que rendir cuentas a nadie, tal y como sucedió durante el sexenio de Vicente Fox.

El señor de las botas les permitió a los gobernadores priistas un manejo bastante libre de las finanzas estatales y eso les concedió mayor poder político en su partido. Esto probablemente no sucedería con López Obrador, quien ha prometido un radical tratamiento contra la corrupción, pero de cualquier manera los gobernadores del tricolor se verían con un margen de maniobra partidaria mucho mayor ante la ausencia de uno de sus hombres en Los Pinos.

Regresando al tema de las posibilidades de Ricardo Anaya, su avance después del debate, según reflejan las encuestas hasta ahora conocidas, es bueno pero insuficiente para poner en un predicamento a López Obrador, y tan es así que busca desesperadamente, con el respaldo de importantes empresarios, que Peña Nieto se alíe con él y abandone a Meade. Para él esto es mucho más importante que un buen desempeño en los dos próximos debates. Ya comprobó que aun con el mal desempeño del Peje en el primero de ellos, el tabasqueño mantuvo su atractivo sobre casi el 50 por ciento de los electores encuestados.

A Ricardo Anaya no le queda otra más que forzar el apoyo de Los Pinos, pero Peña Nieto sigue apostando a una operación electoral de Estado a favor de Meade. Lo cual parece algo cercano a la locura pero así es.

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