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juan alfonso mejia
KRATOS

JUAN ALFONSO MEJÍA LÓPEZ


Algunos todavía se preguntan por los intereses oscuros que esconde Mexicanos Primero, cuando está muy claro: Primero las niñas y los niños. Nada puede estar por encima de su derecho a aprender.

Agradezco a los distintos medios de comunicación su asistencia. Su presencia nos permite recordar lo importante que es para la consolidación de nuestra democracia la libertad de expresión y de información, mantener un diálogo abierto desde la sana diferencia sin perder los referentes que nos identifican. 

Con miras a iniciar este diálogo, les doy dos ejemplos de los referentes que nos unen como país: el interés superior de la niñez y la educación como derecho humano, ambos consagrados en la Constitución Política de México. Que estos derechos se cumplan y no sean letra muerta, nos corresponde a todos; NO es potestad de unos cuantos.

Como lo hemos subrayado en múltiples ocasiones, colocar a la educación como la máxima prioridad nacional ayudará a solucionar otros problemas de raíz que tanto nos lastiman, como la desigualdad, la inseguridad y la corrupción.

Para millones de niñas y niños en este país, la escuela no sólo es una oportunidad, es la única que tienen para imaginar una vida mejor. Conformarnos con menos no sólo significa arrebatarles lo que por derecho les corresponde, sino formar parte de una cultura anclada en la simulación que debe dejarse de lado. ¡Ya BASTA!

La coyuntura electoral es una oportunidad para anteponer el interés de las niñas, niños y jóvenes por encima de los acuerdos de los adultos.

Así lo hicimos ver en febrero, cuando publicamos “La Escuela que queremos”, un estudio que ES un corte de caja, que analiza 16 temas de política pública para entender cómo llegamos hasta aquí y cuáles son los pasos que se deben seguir para progresar en la fase de implementación. Somos los primeros en reconocer y exigir mejoras y ajustes a lo que se ha implementado de forma insuficiente, inadecuada o inexistente.

Con esta evidencia en mano, podemos afirmar con confianza que la transformación educativa no se limita a una reforma y que el (controvertido) proceso de evaluación docente no explica por sí solo el proceso en el que estamos inmersos.

La verdadera transformación educativa es permanente y debe seguir por la sola razón que el derecho a aprender de las niñas, niños y jóvenes en México aún no está garantizado. Y eso NO es negociable.

El spot “¿Y si los niños fueran candidatos?”, que tanta polémica ha causado, pretendió en todo momento iniciar una conversación. No busca, bajo ninguna circunstancia, favorecer ni desmerecer a ningún candidato o candidata. Más bien quiso recordarnos a todas y todos, que en circunstancias como esta en la que se discute el presente y futuro de millones de niñas y niños, no los dejemos fuera de la discusión.

Todavía no estamos donde necesitamos estar en la transformación de nuestra educación en México; tenemos grandes retos hacia adelante para que todas y todos aprendan, pero negar los avances sería insensato.

Dejar atrás un sistema educativo pensado para mantener vigentes los acuerdos de los adultos y consolidar un andamiaje institucional que apoye los sueños de los niños, implicó reconocer en la Constitución el aprendizaje como el centro de todo el sistema educativo.

Para expresarlo de manera más clara, haré referencia a los cuatro elementos vinculados con el derecho a una educación de calidad, inscritos en el Artículo 3º de la Constitución:

Que los materiales y mmétodos educativos garanticen el máximo logro de aprendizaje.

Para aprender lo que quiere y necesita, cada niña y niño necesita “métodos” de aprendizaje participativos y flexibles que le dejan aprender por varias vías: con proyectos individuales y en equipo, dentro y fuera del aula y en interacción con su comunidad.

Por muchas décadas, en México ha prevalecido un sistema educativo que no voltea a ver al niño en el aula, ni se preocupa por si aprende o no. Un sistema que mandata desde el centro un plan y programa “unitalla”, sin responder a las necesidades o realidades de los contextos locales.

Que la organización escolar garantice el máximo logro de aprendizaje.

Para que las y los niños aprendan, necesitan que haya liderazgo escolar; que existan espacios y mecanismos efectivos para que sus maestros, familias y ellos mismos puedan tomar un papel activo en la toma de decisiones en su escuela; que su escuela cuente con recursos suficientes y que se utilicen para apoyar el aprendizaje de todos; y que su escuela reciba apoyo técnico y pedagógico.

En México, el sistema ha tratado a las escuelas no como comunidades de aprendizaje, sino como “Centros de Trabajo”, arreglos institucionales para el pago a adultos. El enfoque se ha puesto más en lo administrativo y burocrático que en lo propiamente pedagógico o necesario para construir una cultura compartida de aprendizaje.

Que la infraestructura educativa garantice el máximo logro de aprendizaje.

Para que todas las niñas y niños aprendan, cada escuela debe ser accesible y contar con las condiciones mínimas de construcción, agua y saneamiento, para asegurar la integridad y apoyar el aprendizaje de cada niña, niño y docente.

Como se evidenció en el Censo Escolar de 2013, en México no se ha garantizado que cada escuela cuente con una infraestructura adecuada -desde los servicios básicos como sanitarios, luz o drenaje, hasta las aulas y espacios recreativos.

Que la idoneidad de los docentes y directivos garantice el máximo logro de aprendizaje.

Para que cada niña y niño aprenda al máximo, necesita que sus maestros cuenten con una formación inicial de calidad, que asegura que llegan a las escuelas con la confianza y las estrategias para defender y promover el derecho a la educación incluyente; que existan procesos de selección y promoción docente justos y transparentes para que sus maestros cuentan con el perfil adecuado para su comunidad escolar; que sus maestros tengan oportunidades de formación continua pertinentes y relevantes para aprender a lo largo de su trayectoria profesional; y que sus docentes participen en procesos de evaluación que provean retroalimentación que les permita mejorar su práctica.

En México, a los docentes no se les ha tratado como profesionales del aprendizaje, ni se nos hemos preocupado lo suficiente para garantizarles la formación y apoyo debidos en su misión de conducir el aprendizaje.

El interés superior de la niñez y su derecho a aprender no es negociable. Impulsar la transformación educativa en curso por encima de cualquier coyuntura político-electoral es resguardar los derechos que legal y legítimamente les corresponde, sin importar quién gane la elección.

Que así sea.

PD. La próxima semana hablaremos del controvertido “spot”.

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