50 AÑOS DESPUÉS; 2 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA ****

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JESÚS ROJAS RIVERA


Uno de mis profesores más queridos de Ciencia Política, cuyo nombre me reservo en esta entrega, me dijo hace un par de días: “Es pronto para pronunciarse por el voto útil Jesús, deben esperar más. Que madure la campaña y que naturalmente el tercero pierda -como ha sucedido- las pocas fuerzas que le quedan. El voto útil no nace en las cúpulas del poder, se plantea abajo como respuesta a los estímulos propios del proceso electoral. El voto útil debe nacer como idea en la gran masa, la tarea es encontrar el momento exacto para sembrar la semilla. Anaya no tiene de otra, debe esperar la caída de Meade y seguir creciendo en simpatías del gran elector que en más de 12 años, Andrés Manuel no ha podido conquistar”. Hablaba sobre sociología política, un epítome de comportamiento electoral, tema muy discutido entre los teóricos de la Ciencia Política y mal entendido por los vanidosos del Marketing Político.

Hace un par de días Ricardo Anaya, candidato del Frente por México hizo un llamado al voto útil sabiendo que el competidor del PRI está en la lona. El voto útil es definido como aquél que se otorga a un candidato que no está en la preferencia primaria del elector, pero que sirve para “no dejar llegar” al que de plano no quieres. Es decir, es el llamado al sufragio “anti” que según sociólogos es un voto movido por la pasión pero pasado por ligero tamiz de reflexión. Parte del siguiente silogismo: “Mi simpatía es por “X”, pero no tiene posibilidades ante “Z”, no estoy de acuerdo con “Y”, pero podría ser peor si llegara “Z”, de tal que, mi voto será por “Y” porque “Y” es peor que “X” pero mejor que “Z”. Se lee más complicado de lo que es.

Pero ¿a quiénes les está hablando Ricardo? Andrés Manuel es una figura política muy conocida, más del 90 por ciento de los mexicanos reconocen al personaje en las encuestas y tiene una opinión de él que va de la muy positiva a la muy negativa, lleva activo más de 30 años en los escenarios nacionales. Según las últimas encuestas aventaja en las preferencias y se ubica entre el 37 por ciento y el 40 por ciento de las simpatías electorales. Altísimo dirían algunos.

Pero el 60 por ciento del electorado no está con él, y en más de 12 años de campaña abierta no lo ha sumado a su proyecto, es más, podría afirmar que mucho del elector indeciso -que según encuestas lo ubican entre el 14 por ciento y el 17 por ciento- no tiene afinidad con el tabasqueño. Su personalidad, el eje de su mensaje o el simple hartazgo de la sobre exposición en la campaña no le ha dado para cosechar en el terreno de los dudosos.

Aparece aquí el efecto “underdog”, a los que se refieren los teóricos electorales como el perfil de candidato “desvalido” que crece desde abajo y gana, el que suma las oposiciones del puntero por una extraña simpatía con el “esfuerzo que no desfallece”, o “la perseverancia contra la mayoría”. Efecto Rocky Balboa que se gana el apoyo del respetable viniendo de abajo a retar al campeón, al invencible, al que presume estar muy alto e inalcanzable en las encuestas.

Quisieran muchos seguidores de Andrés Manuel que esto que estoy describiendo sea una interpretación errónea del proceso electoral, un exceso de mi parte o una verosimilitud lejana a la realidad. Pero no lo es, es absolutamente posible y en el cuarto de guerra del candidato de Morena lo saben y están muy preocupados.

Se asoma el fantasma de las elecciones pasadas y Andrés Manuel sale de concentración, regresa a su habitual irascibilidad, a sus desplantes autoritarios que trató por muchos meses de ocultar. Desde el debate López Obrador fue otro, o más bien, regresó al mismo de las dos elecciones anteriores, buscando enemigos, señalando opositores, enjuiciando a quienes no piensan como él.

Andrés Manuel está propiciando las condiciones de la tormenta perfecta, el escenario que más teme porque bien conoce. La historia de las dos anteriores, la ventaja electoral que se desmorona y se pulveriza en sus manos en la cercanía de un triunfo electoral que supone inminente. Lo dije antes y sostengo hoy, Andrés Manuel es el peor enemigo de López Obrador. Efecto “underdog” apréndanselo y no le pierdan la pista estimados lectores. Luego le seguimos...


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