50 AÑOS DESPUÉS; 2 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA ****

ARTURO SANTAMARIA
ARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

Una de las tesis que más repudian los empresarios es que exista la lucha de clases. Por supuesto que saben que hay clases sociales pero no aceptan que hay lucha de clases, entre otras razones, dicen, que porque genera odio de los que no tienen a los que sí tienen. Pero realmente sorprenden cuando en momentos de intensa lucha política, como la que en la actualidad vivimos, ellos hacen todo lo posible para que esa tesis sea convincente.

Y por supuesto no hablo de cualquier tipo de empresarios, quiero precisar: hablo de los inmensamente ricos, de casi todos los más ricos de México, porque no pocos de los medianos y chicos e incluso algunos grandes, como Alfonso Romo, no comparten las preferencias partidarias que en esta coyuntura electoral han adoptado las mujeres y hombres más ricos de México. Estos, en su inmensa mayoría, se visten de azul o son tricolores.

Ellos están aterrorizados porque López Obrador marcha muy adelante en las encuestas que apuntan hacia el 1 de julio. No comparten prácticamente ninguna de sus propuestas del área que sea; pero, finalmente, lo que más les revuelve el estómago es que el Estado mexicano reoriente las políticas económicas que los ha favorecido tanto. Pues sí, si yo fuera uno de los mexicanos de la lista Forbes, aquella que sólo habla de los mil más grandes millonarios que hay en el mundo y sé que ingresé a la lista de los primeros 100 entre 1990 y 2015, tal y como sucedió con Slim, Bailleres, Azcárraga, Salinas Pliego y demás, también estaría preocupado que las cosas ya no fueran tan fáciles para mí y que tendría que competir sin el auxilio fiscal y político del Estado.

En 1996, 15 de ellos tenían una fortuna de 26 mil millones de dólares, y en 2014, 16 de ellos ya gozaban de 142.9 mil millones de dólares. En 18 años la acumulación de riqueza fue impresionante. El promedio de riqueza de cada uno de ellos pasó de 1.7 mil millones de dólares a 8.9 mil millones de dólares, mientras que la tasa promedio del PIB en ese periodo fue ligeramente superior al 1 por ciento. Para 2014 el 0.1 de los mexicanos megaricos concentraba el 9 por ciento del PIB. Slim, solo, el 6 por ciento.

Algunos de los lectores dirán que él y los otros gigaricos de México son muy talentosos, y no lo dudo, pero les será imposible negar que las políticas del Estado mexicano a partir de Carlos Salinas de Gortari y continuadas hasta la fecha les han beneficiado de manera innegable.

Lamentablemente aun hablando inglés, porque según Enrique Coppel esto es definitivamente necesario para ser buen Presidente, todos los mandatarios de Salinas en adelante lo han hablado, y unos tan bien como Ricardo Anaya, pero eso no les ha ayudado nada para hacer de México un país más justo y, por lo tanto, mejor.

En verdad que es sorprendente la puntada de Enrique Coppel, quien con su hermano Agustín, concentra la fortuna más grande de Sinaloa y una de las 100 mayores del País, cuando critica que el Peje no habla inglés y ese sea uno de los factores que lo inhabilite para ser Presidente de México. Pero, en realidad, no es eso lo que le preocupa a este exitoso empresario. Lo que le angustia de López Obrador es su propuesta de política económica y el papel del Estado en ella.

Si vemos bien, el programa de Morena en materia económica empujaría a que los empresarios más ricos de México sean verdaderamente competitivos sin tanta protección y favoritismos gubernamentales.

Así pues, para que los ultraricos de México no fomenten la lucha de clases, además de cuidar sus declaraciones y lenguaje, deben aceptar que una de las causas de la frustración e incluso desesperación de millones de ciudadanos que simpatizan con López Obrador es la brutal inequidad social que impera en nuestro País, la cual ya no puede profundizarse más. Y tampoco se puede dejar de lado que la corrupción del PRI, el partido con el que más se identifican y que sin duda ha beneficiado a  esos mexicanos privilegiados, es otro factor central en la descomposición social y moral de la Nación.

Sé que este es un llamado ingenuo y que los superpoderosos no van a desproteger a partidos y gobiernos que los han favorecido tanto; pero entonces que no le reclamen a otros de sostener que las clases sociales luchan por defender sus intereses y que los de abajo quieren rebanadas más grandes del pastel.

La unidad nacional y la armonía social sólo son posibles con justicia, democracia y equidad, lo demás es demagogia.

Posdata
Se dio un paso, pero Javier Valdez no descansará en paz hasta que se aclare plenamente su asesinato.

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